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Opinión: Gobernar bien trae felicidad (I)

Lunes, 30 de Julio de 2007
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L. Santana Expósito.- Ante la ignominiosa forma de gobernar que tiene la coalición NC-PSOE, en San Bartolomé de Tirajana, se hace necesario argumentar y resaltar, aunque sea de manera escueta la gran importancia que la ética tiene en el desarrollo de estos cometidosy que para nada es tenida en cuenta en la actuación de la mayoría de los políticos, que ignorando el significado de tan elocuente definición le hacen ascos, gobiernan sistemáticamente a espaldas del pueblo, no reconociéndole valor alguno a quienes en su momento con sus votos le auparon al poder e ignorando su malestar. Lo que voy a exponer a continuación no es una lección magistral ni nada parecido, solo es una consecuencia lógica que nos llevara a entender que gobernar para todos hace la felicidad de un pueblo evitándose así la marginación del mismo.La ética es una rama de la filosofía que estudia los fundamentos racionales de la conducta. La misma reflexiona sobre los valores, por tanto, se trata de una disciplina –que debe primar en los políticos más dedicados a cuidar la estética, dado los intereses creados, tales como los personalismos absurdos y en gran parte el eufemismo más simplista-. La ética guarda una gran relación con la moral, esta ultima es un conjunto de normas que rigen las conductas de una persona o de una comunidad, mientras que la ética consiste en una reflexión sobre el significado, los principios y los fundamentos de los códigos normativos de la moral, así como la fundamentación en que se basa la obligatoriedad de los mismos. Precedente de la ética fueron las enseñanzas de Heraclito referente a la importancia de la Ley para la ciudad. La mayoría de los sofistas mantuvieron una postura ética relativista, al contraponer el convencionalismo de las leyes humanas frente a las imposiciones ineludibles de la naturaleza. Contra ese relativismo sofistico, Sócrates identifico virtud y saber –cuestiones estas de las que adolecen la mayoría de los políticos actuales-, introduciendo así una postura intelectualista de gran influencia en toda la filosofía posterior (se cifraba en estos términos quien conozca el bien lo practicara, pues solo la virtud hace feliz al hombre y el mal, por tanto, no es más que ignorancia). Pero la ética “como disciplina sistemática” debe su identidad a Aristóteles, quien planteó la mayoría de problemas que iban a constituir el objeto de la ética posterior, la definición del bien, su relación con las normas de convivencia, la clasificación y estudio de las virtudes, la relación entre ética individual y social. Frente al bien mantuvo una postura de eudemonismo –doctrina ética que tiene la felicidad como bien supremo y finalidad ultima- racional, que consideraba la virtud como la capacidad de hallar el justo medio entre los extremos. Tras Aristóteles aparecieron diversas éticas salvificas, que disertaron sobre la actitud que el sabio debía adoptar para alcanzar la felicidad. Algunos buscaron los fundamentos de tal actitud en la naturaleza, y creyeron que la felicidad estaba en la autarquía –estado de autosuficiencia- (en Platón y Aristóteles autarquía es sinónimo de perfección) y tranquilidad del animo, que hallaron en el placer moderado (los epicureos), en la impasibilidad (los estoicos) o en el desprecio (los críticos). La filosofía posterior asistió al surgimiento de nuevos planteamientos, como las éticas fundadas en el egoísmo (Hobbes), en el realismo político –tan denostado en la actualidad- (Maquiavelo) o en el sentimiento moral (Hutcheson, Shaftesburg, Adam Smith), que plantearon problemas como el origen de las ideas morales, la libertad de la voluntad frente al determinismo de la naturaleza. Un pueblo no puede ser feliz si se le gobierna contra su voluntad, que es lo que esta ocurriendo en San Bartolomé de Tirajana, primando el nepotismo y la arbitrariedad, donde el mal desplaza al bien. Nuestros políticos son unos inadecuados y por consiguiente incapaces de aplicar unas políticas eficaces donde el pueblo se sienta identificado, el desprecio como postulan los críticos es evidente, los ciudadanos no contamos a la hora de determinar lo que es bueno o malo para nuestro municipio, los sistemas autárquicos no tienen aquí el reflejo que debieran tener, “la autosuficiencia” no puede ser nuestra premisa más ansiada, ya que los que gobiernan se limitan a darle a unos pocos el poder y todo lo que esto trae consigo, que suele ser siempre grandes sueldos y eximias prebendas. El político debe estar capacitado para ejercer la función que se le asigne, y sino es así que abstenga de serlo, recurrir a asesores, gerentes y confidentes no es lo normal, máxime cuando desoyendo al pueblo se ponen estos cargos en manos de personas faltas de toda preparación, lo que no es óbice, para que a final de mes reciban unos emolumentos millonarios. El pueblo no esta satisfecho con esta forma de actuar de los gobernantes y siempre que pueden se lo hacen saber, y en algunos casos con bastante acritud. Basta de hacer las cosas mal obviando el bien, la catarsis en San Bartolomé de Tirajana se hace más que necesaria y solo llevan gobernando algo más de un mes.
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