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Viviendo en San Borondón

Disciplina sectaria de voto

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Jueves, 30 de Enero de 2014 Tiempo de lectura:

Las contradicciones internas del sistema electoral español son tan evidentes

Las contradicciones internas del sistema electoral español son tan evidentes y chirrían tanto, que es incomprensible que los políticos no lo reformen ya de inmediato.  Bueno, en realidad eso es lo que debiera hacerse si realmente primara la democracia, el sentido común y la búsqueda del bien común, pero el de todos los ciudadanos y no sólo el de los afiliados con afianzada posición en el escalafón del aparato del partido o en el de los “contribuyentes” netos a sus finanzas.

De entrada y para empezar, está la cuestión de que cualquier persona puede ser elector, pero no elegible, ya que ha de pasar previa e ineludiblemente por el filtro de un partido político o su sucedáneo light la asociación de electores.  A los que rechazamos este sistema, no es que estemos en contra de la existencia de los partidos políticos –siempre que sean democráticos en sus pompas y sus obras– sino que preferimos poder elegir libremente, una por una, a las personas que nos gustaría que nos representaran, que coincidirán o no con las que un partido oferte en cada elección, ya sea en lista abierta o cerrada.  En síntesis: no a listas, sí a personas.

Una consecuencia perversa del sistema de listas electorales actual es el concepto de “disciplina de voto” dentro de un partido, entendiéndolo, no como fidelidad del electo al programa con el que se presentó, sino como obediencia ciega a las instrucciones que en cada caso considere oportunas para los intereses de no se sabe muy bien quién en las cúpulas de los partidos políticos.  La coherencia, la conciencia y la fidelidad a unos principios han sido burdamente arrebatadas a las personas individuales que son los políticos y secuestradas en las oscuras mazmorras de un etéreo colectivo.  En el límite inferior y más siniestro, nunca mejor dicho, es el caso donde el comunismo se asienta.  Allí sólo existe “el partido”.

Esa dictadura de la escabrosa nomenclatura la definió claramente y con el mayor cinismo Alfonso Guerra: “el que se mueve no sale en la foto”.  Y ante tal aberración democrática, los que viven y medran de ese sistema partitocrático, aplaudieron con las orejas, aunque a alguno al que le restaba algo de vergüenza intelectual, lo hiciera ruborizado.  Pero en las fotos para la posteridad ya se usó con profusión el retoque fotográfico, a unos para suavizar su arrebol virginal y a otros para colorear sus pálidas mejillas tras el susto a perder el sueldo público.  Al fin y a la postre, todos adecuadamente disciplinados cara al exterior y prietas las filas.

Pero esa costumbre de los partidos políticos de actuar como partidas, como hoy se dice, es trasversal y permanente.  Si alguno se libra de tal lacra democrática, será la excepción loable a la regla.  Dos ejemplos palmarios de lo atinado de los refranes “nunca las mañas pierdas” o “la cabra tira para el monte”, se han podido ver en las semanas pasadas en Cataluña y Madrid, protagonizados por la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, capaz de superar a Mariano Rajoy y a Rubalcaba en decir una cosa y su contraria sin despeinarse.  

Por un lado pedía, esta vez no usó el imperativo categórico de “exigimos” (así en plural para parecer más), que el PP permitiera a sus diputadas romper el principio  tradicional de la disciplina de voto en el asunto de la ley del aborto y para el resto de los diputados votación secreta, en la que cada diputado podrá o no seguir las directrices del partido.

Por otro lado, esta vez en Cataluña y ante la rebelión aparente de tres diputados socialistas votando a favor de la consulta soberanista, ilustraba a los parlamentarios díscolos de su partido que “en democracia tiene que mandar la mayoría”, por lo tanto se ha de imponer la disciplina de voto.  Después añadió que “estar en un partido no es obligatorio”.  Ambas frases son, como no puede ser de otra manera cuando se habla sectariamente, verdades a medias o simples falsedades si no se indica el contexto en el que se quieren validar.  

Por supuesto que en democracia ha de acatarse el criterio de la mayoría, pero aclarando varias cuestiones previas cuando se habla de asuntos trascendentales y sin olvidar los principios de seguridad jurídica y que no todo es susceptible de ser votado.  Una es si la invocada mayoría la conforman únicamente los dirigentes del partido, a veces con erráticas o ambiguas posturas como es el caso del PSC en el asunto soberanista, o es el conjunto de la sociedad para la que se gobierna y que, lógicamente, trasciende a los militantes.   

Otra cosa muy matizable en las declaraciones de Elena Valenciano es que, con el actual sistema electoral, que no parece que quieran reformar en profundidad, es obligatorio estar en un partido o asociación de electores si se quiere tener la posibilidad de ser elegido representante por los ciudadanos.  La frase de Valenciano, en el contexto de ese momento, les enseñaba a los díscolos la puerta de la calle al más puro estilo totalitario.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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