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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

Engaño global

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Martes, 28 de Enero de 2014 Tiempo de lectura:

En fin, la actual España no hay por donde cogerla

He empezado el año con preocupación debido al infundado optimismo, y yo añadiría triunfalismo,  de nuestro gobierno porque han hecho muchas promesas que sabemos que no se va a cumplir. Y ellos también lo saben.  No me refiero al gobierno de Canarias, que pinta bien poco en el contexto nacional e internacional, sino al gobierno de la monarquía hispana.
Cuando estamos viendo que cada día se destruye empleo, que se presentan ERES  en muchas empresas importantes, que los desahucios  no cesan, que la pobreza sigue en aumento, que mucha gente no recibe prestaciones sociales y que, este gobierno que nos mal gobierna, está desmantelando el estado de derecho y los logros laborales   que habíamos conseguido, y que ya, por último, amenazan con meterle mano a las pensiones,  a las que tenemos derecho porque para eso hemos cotizado a lo largo de nuestra vida laboral  y que merecemos en esta última etapa de nuestra existencia.

Lo curioso es que se escudan en la crisis para justificar el actual desmantelamiento al que me he referido. Nos hablan, una y otra vez, de que ya estamos saliendo de ella, que se ven brotes verdes, que se está creando empleo y al mismo tiempo, manipulan las estadísticas y vuelven a engañarnos de nuevo.

Los expertos en economía aseguran que hay una conjura internacional en la que destaca un reducido número de personas poderosas  que controlan la mitad de la riqueza  de la Tierra, mientras aumentan las desigualdades sociales, la pobreza, la desatención a los menores, el hambre y la marginación. Por otro lado, las más importantes financieras, empujadas por su brutal ambición y egoísmo,  nos han llevado a la ruina, con sus burbujas inmobiliaria y con la especulación, y a un retroceso de nuestro estado de bienestar.

También preocupan en este país los excesos de “las mayorías absolutas”, tanto en el ámbito del gobierno central, como en otras administraciones públicas, ya sean autonómicos, provinciales, insulares o municipales. Creen que esa circunstancia les permite gobernar sin contar con la “democracia popular”, con la opinión de los gobernados, sin consensos, ni consultas. Así, surgen conflictos como el reciente del barrio del Gamonal, en Burgos, que obligó a su  ayuntamiento a suspender las obras de un bulevar que no satisfacían a los vecinos de esa zona. Otro ejemplo lo tenemos en la ya famosa y disparatada ley del aborto del señor Gallardón, contestada, no sólo en España sino en diversas partes de Europa.

O si no, la reforma de la Ley de Educación que nos quiere imponer el ministro Wert y sus secuaces y que nos conduce a un retroceso, merced a su mayoría absoluta en el Parlamento español. De nada han valido las protestas de asociaciones de padres de alumnos, de la mayoría de los docentes, de las universidades y de una buenas parte de la sociedad española, y por lo visto, tampoco han valido los desaires sufridos por esta estoico ministro  que es capaz de soliviantar a las masas donde quiera que va. La última muestra ocurrió en la reapertura de la catedral de La Laguna, después de su rehabilitación, donde el ministro fue recibido con abucheos y carteles contrarios a su política educativa, que parece que no tiene otra finalidad que la de denigrar o desaparecer  la escuela pública para darle preponderancia a la privada, al contrario de lo que sucede en los países más avanzados de Europa, donde la enseñanza pública está más prestigiada  y posee los mejores profesores y métodos de enseñanza. El ministro fue protegido, en su visita a la ciudad tinerfeña, por las propias autoridades, y gracias al blindaje de la policía que este gobierno tiene a su servicios (y no al de los ciudadanos), que puso a La Laguna en un auténtico estado de sitio. Las manifestaciones populares significan otro desprecio a la política del ministro Wert que parece haber perdido la vergüenza y se encuentra escudado por su ideario sectarista y retrógrado.  Pero el señor Wert dio, una vez más, una lección de cinismo  al que nos tiene acostumbrado el PP.  Y también de valor, haciendo honor a su apellido, que en alemán significa VALOR.

En fin, la actual España no hay por donde cogerla, pero son los mismos políticos que la gobiernan los primeros que se oponen a que haya una reforma de la Constitución, de la Ley electoral, de la administración de la Justicia, del sistema fiscal, etc. etc. porque si lo hicieran seriamente, se acabaría la impunidad de muchos que han ido a la política  para hacerse su particular patrimonio o beneficiar a sus poderosos aliados: la banca, las grandes empresas nacionales e internacionales o las organizaciones con objetivos bélicos y dominantes. Ahora convierten a Canarias en un objetivo militar, de la misma forma que ya lo es parte del territorio peninsular con la implantación de escudos antimisiles en la base de Rota. Pero, claro, aquí todo el mundo se calla  porque no interesa  irritar a los militaristas y a sus amigos otánicos.
En Canarias preocupa también la deriva que está siguiendo su actual gobierno, con un presidente que dice disparates relacionadas con los enfermos de larga duración que “viven” en los hospitales y con su costumbre de escribir cartas o de ir a Madrid para pedir limosna y a llorar como una plañidera, mientras aquí nuestro territorio se deteriora cada vez más, donde aumenta el número de personas que se queda sin trabajo o que tienen  que alimentarse en centros benéficos; donde  los desahucios no se detienen y no se sabe qué hacer con el REF, que debería servir para crear más puestos de trabajo. Mientras tanto, nada indica que se vaya a  cambiar la injusta Ley Electoral; ni que se decida  reformar el estatuto de autonomía; ni que se mejoren los servicios sanitarios públicos, gestionados por auténticos incompetentes,  ni que el fracaso escolar en Canarias deje de ser noticia preocupante en el ámbito nacional y europeo.

Como dije al principio, lo que he expuesto y otras cuestiones que se me han quedado en el tintero, me hacen pensar que la situación de España y de Canarias, en particular,
 es para preocuparse y, al mismo tiempo, para ocuparse de buscar una solución, aunque sea a largo plazo, ya que se augura que no podrá realizarse en un corto espacio.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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