Las manzanas podridas
El hundimiento de las finanzas especulativas globalizadas puso de manifiesto su incompatibilidad con los fines sociales de los órdenes democráticos
Desde 2008 las ciudadanías de los países
occidentales estamos padeciendo los efectos en la política de la Gran Crisis
económica del Neoliberalismo. El hundimiento de las finanzas especulativas
globalizadas puso de manifiesto su incompatibilidad con los fines sociales de los
órdenes democráticos. Aún así, las élites que nos gobiernan, desde entonces,
han impuesto una férrea ofensiva de desposesión de derechos y de recursos para
la gran mayoría. Es por eso que, en medio de regresiones políticas y depresiones
económicas, las grandes corporaciones financieras e industriales obtienen,
ahora, sus mejores resultados en mucho tiempo: en los Estados Unidos, paradigma
de la dualización extrema entre los ricos y los empobrecidos, el 2013 ha sido, en
lo que respecta a valores bursátiles, el mejor año en dos décadas.
Según las últimas clasificaciones realizadas, nueve
de las diez empresas mundiales más poderosas son -con Apple a la cabeza, seguida de Exxon, Google y
Microsoft-, nominalmente, estadounidenses (la excepción, es la farmacéutica
suiza Roche). Y de las cincuenta más ricas, veintinueve, también lo son. En esa
selección, hay cinco entidades chinas y tres europeas, de la zona euro. Ampliando
el cupo hasta las quinientas empresas más grandes, aparecen las compañías españolas:
Inditex, en el puesto 71 -propiedad de Amancio Ortega, en la actualidad, el
tercer ser humano más rico del mundo -, seguida del Santander en el 73, y a más
distancia, Telefónica (124), BBVA (134), Iberdrola (260), Endesa (327), Repsol
(341), Caixabank (448) y Gas Natural (454).
Pero, continuar radicando “nacionalmente” a estas
grandes corporaciones -que ya hace mucho que son transnacionales en la
financiación, la producción y la venta de sus productos y servicios- es un artificio
legal que solo sirve para mantener la ficción de que aún son entidades de un determinado
país. Un mero “escaparate” que oculta la configuración real de las empresas
globales en la actualidad. Su auténtico funcionamiento ha sido puesto de
manifiesto, entre otros, por la Escuela Politécnica Federal Suiza (ETH), un reputado
centro de investigación, que, tras analizar cuarenta y tres mil
multinacionales, logró penetrar en la “trastienda” de la Globalización.
Hoy las principales megacorporaciones se articulan
en torno a un núcleo financiero central -conformado, sobretodo, por bancos importantes
como el Deutsche Bank, el J.P. Morgan Chase y el Santander-, que, acaparando gran
parte de sus acciones, somete a control a muchas otras corporaciones. De este
modo, esa cúpula –que tiene delegados en 147 de las grandes firmas, menos del
1% de ese tipo de entidades- coordina una gran red de control corporativo
global, modulando, según sus particulares intereses, las estrategias comerciales
y definiendo, a su conveniencia, los ejes principales de la economía mundial. Como
estamos comprobando, la coerción política y económica que los súper ricos
llegan a ejercer así sobre los distintos gobiernos, es tan potente como ilegítima.
No obstante, sobre estos graves asuntos, habitualmente, nos llega muy poca
información veraz. Más bien, nos distraen con cuentos.
Sin embargo, eso no quita que la trama de uno de
ellos, muy popular, resulte más que apropiada para definir la situación
presente, aquella en que la fruta que, con subterfugios, ofrece la autoridad
resulta ser altamente tóxica: recientemente, la compañía con la marca más
valorada del mundo, la de la manzana, ha decidido aumentar en un 15% el reparto
de dividendos entre sus accionistas, mostrando, a las claras, cómo entiende su
responsabilidad corporativa en estas difíciles circunstancias. Y es que, aunque
sea para mal, a veces, la realidad imita al arte.
Xavier
Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.
http://bienvenidosapantopia.blogspot.com
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