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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE

Todos a la calle (dénle las gracias a la Audiencia Nacional)

JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE Viernes, 15 de Noviembre de 2013 Tiempo de lectura:

Desde hace unas semanas, hemos asistido al desfile de salidas de las cárceles de etarras y violadores, todos ellos con una sonrisa en la cara

Todos a la calle. Desde que el Tribunal de ¿Derechos Humanos? de Estrasburgo optase por la derogación de la doctrina Parot, en España a la Audiencia Nacional le ha faltado tiempo para convertirse en la ejecutora por la vía rápida de esta sentencia. Desde hace unas semanas, hemos asistido al desfile de salidas de las cárceles de etarras y violadores, todos ellos con una sonrisa en la cara ante el regalazo que les hacía una Justicia que, en este caso, nunca mejor dicho, ha sido ciega a más no poder.

Lo paradigmático del caso es que Estrasburgo nunca dijo a los señores jueces españoles que había que cumplir ya con el mandato judicial. No, no, nada de eso. De hecho, tanto los ministros Fernández y Gallardón nos vendían las excelencias que venían emanadas de ese tribunal y sólo decían que el caso de puesta en la calle automático se refería a Inés del Río. El resto de dinamiteros etarras tendría que seguir cumpliendo las penas hasta no ver exactamente cuál era la reducción de pena a la que se ¿habían hecho acreedores? Pero una cosa son las palabras y otra muy distinta los hechos…y estos han sido soltar a más de una docena de presos.

Lo que ha sorprendido en todo este embrollo judicial es la actitud de un juez como Grande Marlaska. Quien fuera un magistrado activo en la lucha contra el terrorismo, véase el ‘caso Faisán’, resulta que ahora inclinó la votación en la Audiencia Nacional a favor de quienes miraban con buenos ojos la excarcelación de presos. ¿Por qué? ¿Qué necesidad había, sobre todo cuando cuatro días después el Supremo iba a ‘darles’ la razón? ¿O tal vez el Supremo no se ha atrevido a enmendarle la plana a la Audiencia?

Lo que han sido años de duro sufrimiento para las víctimas y sólo de pequeñas victorias morales, resulta que todo se va por el desagüe ante la decisión incomprensible de unos jueces, empezando por un incalificable López Guerra, ese magistrado al que sus compañeros en Estrasburgo le miraban con ojos como platos cuando hizo tal proselitismo para que se tumbase la ‘doctrina Parot’. Lamentable.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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