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Viviendo en San Borondón

Gran Canaria y la tricontinentalidad

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Jueves, 10 de Octubre de 2013 Tiempo de lectura:

Hay fechas que, al margen de interpretaciones de unos y otros, han marcado un hito en la historia de la humanidad. Una de ellas es el 12 de octubre, día en el que se descubrió un Nuevo Mundo para otro ya antiguo, pero que dejaba constancia escrita de su historia

Hay fechas que, al margen de interpretaciones de unos y otros, han marcado un hito en la historia de la humanidad. Una de ellas es el 12 de octubre, día en el que se descubrió un Nuevo Mundo para otro ya antiguo, pero que dejaba constancia escrita de su historia.  Es una obviedad, aunque suele olvidarse, que esas tierras americanas ya habían sido “descubiertas y colonizadas” por numerosas tribus indígenas desde tiempos inmemoriales.  Tribus, que por cierto, no dejaban de guerrear, matarse entre sí, realizar sacrificios humanos e incluso algunos grupos practicar el canibalismo, como los indios Chichas (¡vaya por Dios!).  No eran, en lo belicoso, diferentes de los europeos en Europa o los africanos en África, por más que algunos líderes políticos actuales indigenistas quieran resucitar de nuevo el mito del buen salvaje.


Aún hay quien pretende disminuir la importancia histórica de ese 12 de octubre de 1492 diciendo que los vikingos, o los pescadores vascos yendo tras el “bacallado”, ya habían visitado América, la del norte, antes que Colón.  Pudiera ser que esa creencia no contrastada sea una leyenda o una realidad, pero lo auténticamente cierto es que, si arribaron a esas tierras, no dejaron noticia de ello, como sí hizo en 1492 el Almirante de las Mares Océanas Don Cristóbal Colón, ni dejaron asentamientos estables más allá de, tal vez, avituallarse ocasionalmente de agua o alimentos. La penicilina, como principio activo, siempre existió en el “penicillium chrysogenum”, y probablemente algún brujo en algún lugar del mundo usaría el hongo para curar infecciones por conocimiento empírico ancestral, aunque nadie puede quitarle a Fleming el mérito del “descubrimiento” en 1928 en forma de fármaco salva vidas.


Pero en España y muy especialmente en Gran Canaria, la celebración de esta efemérides está en franco retroceso desde hace unos años en que grupos antisistema, de ultraizquierda e independistas han querido convertir esa fecha en el día del “genocidio indígena”, confundiendo sectariamente el rábano con las hojas y creyendo a pies juntillas, sin realizar el más mínimo análisis con rigor científico, que España, la nación que se formaba con Isabel y Fernando, destruyó una floreciente y muy avanzada civilización en el que todos eran muy felices y comían loros o bisontes, no perdices que son europeas. Tal es el disparate y la confusión mental de aquellos activistas que incluían a Belén María como víctima, es de suponer que canaria, de la colonización americana en las pancartas que colocaron al pie del monumento en la Alameda de Colón junto a una foto del Che Guevara y otros de su cuerda.


Las autoridades civiles y militares, si quisieran volver a conmemorar esa efemérides histórica e incluso aprovecharla turísticamente como hace Chicago y Nueva York con sus desfiles de “Columbus Day” en vez de firmar manifiestos perfectamente inútiles en pro de la defensa de Gran Canaria, podrían aparcar su terror a ser llamados “españoles” por personas que hace tiempo se disfrazaban con pieles para, semidesnudos, reclamarse genuinos guanches, es de suponer que de los que el túnel del tiempo congeló allí por la Edad Media.  Cuando se simplifican en exceso las realidades históricas y se olvidan los contextos, afirmando que 1492 fue el comienzo de un genocidio, les sería de utilidad la frase de Will Durant en su libro “La Historia de la Civilización”, reflexión que encabeza la película “Apocalypto” de Mel Gibson: “una gran civilización no es destruida desde fuera hasta que se destruye a sí misma desde dentro”.  Y visto lo visto en la etapa política actual, con la lucha política partidista y suicida que unos y otros practican, pronto podremos ver como no erraba en su pronóstico Fernando Vizcaíno Casas cuando en 1983 escribía el guion de la película “Las autonosuyas”.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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