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XAVIER APARICI GISBERT

La economía de un sistema estacionario

XAVIER APARICI GISBERT Ver comentarios 1 Viernes, 20 de Septiembre de 2013 Tiempo de lectura:

El crecimiento, ajeno al desperdicio y despilfarro de bienes que comporta, es ya antieconómico en los países de elevado consumo

(Basado en el artículo “Una economía de estado estacionario”, de Herman Daly.)

El sistema económico que alienta la Globalización está fundamentado en el crecimiento. En la extracción de recursos, en la producción de bienes y servicios, en el número de consumidores y en su capacidad de consumo, en la obtención de beneficios empresariales y en la generación de residuos, todo gira en torno a la pretensión de que se puede crecer sin límites.

Sin embargo, el planeta Tierra, en su conjunto, es un sistema estacionario: su superficie y su masa son prácticamente constantes; el flujo de radiaciones energéticas que ingresa es equivalente al que sale (aunque el efecto invernadero ha reducido la velocidad de salida, el incremento de temperatura consiguiente hará que vuelva a aumentar); y la cantidad de partículas cósmicas que llega también es, aproximadamente, igual a la que sale. Esta condición estacionaria, no obstante, permite una gran amplitud de cambios cualitativos. Los vastos procesos ecológicos de la biosfera y las dinámicas históricas de la humanidad son notables muestras de ello.

Pero no de cualquier modo. Las prácticas económicas actuales -herederas de un modelo altamente depredador y contaminante iniciado hace dos siglos- están provocando un colapso ambiental a escala de la Tierra: la naturaleza ya no es capaz siquiera de suministrar los recursos y los sumideros precisos para sostener el metabolismo de una economía de ese tamaño. Y menos aún de sustentar su crecimiento. Solo nos queda mejorar lo que tenemos sin comprometer los límites de abastecimiento y reciclaje naturales, es decir, desarrollarnos cualitativamente y decrecer cuantitativamente en conjunto.

No extinguir los bienes de nuestro mundo natural, ni por acabamiento, ni por contaminación, es la condición ineludible para la supervivencia de nuestra civilización. Por tanto, la concepción económica neoliberal no puede continuar siendo la hegemónica, pues los enormes expolios y destrozos contemporáneos no pueden seguir consintiéndose. Ya no es posible considerarlos meros efectos indeseables que, además, de forma tramposa y temeraria, no se contabilizan. Y así, los costos ambientales y sociales hace tiempo que han llegado a ser mayores que las ganancias de la producción.

El crecimiento, ajeno al desperdicio y despilfarro de bienes que comporta, es ya antieconómico en los países de elevado consumo. Y además, porque la abundancia material que genera solo beneficia a los ricos y sus privilegiados, sigue extendiendo la dualización social y las condiciones miserables de vida en el conjunto. Mientras, los llamados países pobres aún precisan aumentar su consumo para erradicar las condiciones de vida paupérrimas de sus poblaciones.

¿Cómo afrontar esta crucial problemática?  “La respuesta del estado estacionario es que los ricos deberían reducir el crecimiento de su flujo metabólico para liberar recursos y espacio ecológico para que sea usado por los países pobres, al tiempo que concentran sus esfuerzos en el plano interno en desarrollo y mejoras técnicas y sociales que puedan compartir libremente con esos países”. Y como política fiscal, gravar aquello que no deseamos –el agotamiento y la contaminación ambiental y el lucro indiferente al interés general-, mientras se deja de gravar aquello que más precisamos -eficiencia y calidad en la producción y compromiso con el bien común-.

No se puede continuar con el modelo, insostenible e insolidario, de crecimiento. Este es el tiempo del reparto recíproco de los esfuerzos y de los frutos a escala mundial.


Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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