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Viviendo en San Borondón

Alrededor de los textos escolares (2)

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Domingo, 01 de Septiembre de 2013 Tiempo de lectura:

El grito estival de los libreros es sólo un corolario a una política educativa mal planteada y sectariamente resuelt

Tal como se comentaba en la columna anterior sobre este asunto, el grito estival de los libreros es sólo un corolario a una política educativa mal planteada y sectariamente resuelta. El PSOE, su brazo sindical UGT y en Canarias el STEC, entre otros beneficiarios del sistema, ponen el grito en el cielo si se pretende introducir un punto de racionalidad y eficacia en un sistema educativo que condena inexorablemente a los alumnos a un bajo nivel de conocimientos, a que la escuela pública no sea un sistema de promoción social y a ser “inmersionados” en los mitos nacionalistas que los dirigentes estimen oportunos.

Y es que el sistema educativo actual, peor aún si cabe que la LOGSE aprobada en tiempos de Rubalcaba como su mentor político siendo Ministro de Educación y teniendo como padre intelectual a Álvaro Marchesi Ullastres, está lleno de contradicciones internas que conducen al sistema a profundizar en su deterioro.  El desastre, medido en términos de fracaso escolar, tasa de abandono temprano y nivel de conocimientos trasmitidos, lo corrobora una vez tras otra el informe PISA.  No conviene olvidar que la LOGSE se basó en tres principios ideológicos doctrinarios y dogmáticos de la izquierda de entonces.  Uno, la enseñanza como camino hacia la igualdad total, forzosa y necesaria.  Eso sí, entendiendo la igualdad no como posibilitar que los alumnos tengan las mismas oportunidades sino en que, como sea y por encima de cualquier cosa, obtengan administrativamente los mismos resultados.  No sólo no lo consiguieron, a pesar de bajar los niveles de exigencia a cotas irresponsables, sino que se elevó el fracaso escolar y el analfabetismo funcional.  Los alumnos huyen de la escuela.

Dos, la enseñanza como potestad del Estado y no de la familia.  Eso permitía adoctrinar en los principios que la progresía estimaba oportunos, cosa reflejada en los propios libros de texto, con afirmaciones a veces inauditas, planteadas como verdades irrefutables. Y tres, que la enseñanza tenía como fin ser un instrumento de revolución social y cultural según su propia ideología.  La pluralidad ideológica quedó proscrita y enterrada en un “buenismo” y en un “Pensamiento Alicia” presentando al Estado como la madre nutricia de todas las necesidades, porque es un “derecho”,  sin más obligaciones que las de “exigirlas” a la “sociedad”.

En este clima, donde la exigencia y la responsabilidad individual no tenían cabida, cuando no eran sutil o burdamente perseguidas, medraron editoriales y autores mediocres en el negocio de los libros de texto.  En un sistema de enseñanza en el que un alumno empieza y acaba toda su formación básica hasta la universidad sin realizar ningún examen oficial y universal de control de conocimientos, sin el estímulo de la competencia y de la superación personal, la semilla del fracaso escolar y de la instauración de la incompetencia en el profesorado y en el centro escolar están servidas. En un sistema así ¿para qué sirven los libros de texto si no es para generar rentas sin ofrecer auténticas y contrastadas virtudes o exigencias pedagógicas?

En este sistema incontrolado, dónde a la Alta Inspección del Ministerio de Educación está en sus despachos pero no se le espera en los colegios para que controle, cada centro puede hacer lo que estime oportuno y elegir libremente los libros de texto.  Por otro lado con unos políticos que sólo aspiran a que la realidad no les estropee las estadísticas tramposas, cambian sin rubor las reglas de juego para que no parezca el fracaso escolar como una consecuencia del sistema.  Lo importante para ellos no es que el alumno aprenda y se forme, sino que esté en el centro hasta que acabe el curso y se le dé la “papela”. Y que los sindicatos no protesten.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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