Hace unos días, unos desalmados asaltaron la Estación Rupestre de Balos e hicieron un daño irreparable al Patrimonio Canario. Todos deberíamos estar apenados, pues cuando se atenta contra el pasado de un pueblo, se atenta contra su futuro, por desgracia de eso sabemos bastante en Canarias. El pasado día 4 de este mes se convocó una manifestación en Las Palmas e Gran Canaria, y extraña que no se condenaran estas acciones en los municipios afectados, Agüimes y Santa Lucía. Según uno de nuestros lectores, eso sí, tienen su flamante Consejo de Patrimonio. ¿Acaso era propaganda electoral? Estos actos vandálicos son debidos a la política patrimonial llevada a cabo por las instituciones canarias hasta este momento, donde el acercamiento entre la población y los valores culturales son ficticios. Podríamos seguir haciendo preguntas, pero lo cierto es que siempre hay gente dispuesta a atentar contra el escaso y frágil Patrimonio Canario, ya que estos actos se repiten en el tiempo y en el espacio (han habido también actos de este tipo en La Restinga, Telde) y las colecciones privadas están fuera del alcance de los ciudadanos y de la comunidad científica. Ya es hora de que los municipios y los organismos oficiales, empiecen a castigar estas acciones como si fueran un delito contra la sociedad.








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