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Viviendo en San Borondón

Cambio radical en el sistema político (2)

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Domingo, 11 de Agosto de 2013 Tiempo de lectura:

Por supuesto que pensando en los sistemas aplicados en los países libres y democráticos, no en las teocracias, democracias populares o dictaduras de cualquier signo

La segunda entrega del artículo de opinión “Ciudadanía y reforma electoral (y 2)”, firmado por el ex presidente Román Rodríguez hace un completo análisis histórico de las distintas propuestas planteadas para reformar el sistema electoral canario, que a casi todas luces parece uno de los más injustos existentes en el mundo, entre otras razones por su obvia falta de proporcionalidad.  Por supuesto que pensando en los sistemas aplicados en los países libres y democráticos, no en las teocracias, democracias populares o dictaduras de cualquier signo. 
 
Si bien el sistema electoral puede pervertir la voluntad popular hasta el extremo de hacerla irreconocible, cuando no ir directamente contra ella, en mi opinión, no es el principal problema del desapego popular y el desprecio que muchos ciudadanos sienten hacia la casta política, como grupo, no como personas tomadas una a una.  Más bien el mal radica en las decisiones mayoritarias y con frecuencia sectarias, tomadas en “cuadrilla organizada” por los que han salido beneficiados de esta “lotería institucional y sueldo público”. 
 
Conviene recordar que la democracia no es propiamente un fin sino un método saludable para llegar a tomar decisiones políticas que todos puedan aceptar.  Los problemas vienen cuando a esa metodología se le añaden adjetivos ideológicos que la limitan o la encorsetan.  Es lo que sucede en las denominadas democracias indirectas, por representantes, adjetivadas como populares, orgánicas o liberales.  Es el caso español, que ha devenido en una “partitocracia” particularmente detestable por lo predecible de sus comportamientos gregarios ajenos a la voluntad mayoritaria.  Por eso creo firmemente que el problema no está en una reforma del sistema electoral canario, que mejor sería un cambio radical y no un mero retoque de los porcentajes para permitir que estén los políticos que hoy no están.  No se trata de un quítate tú para ponerme yo, sino de devolver al pueblo la soberanía que los partidos le arrebatan.
 
Cuando tanta gente, cada día más según las encuestas del CIS, consideran que la corrupción de los partidos y la demagogia de muchos políticos es la causa de los problemas actuales, los aparatos lanzan mensajes diciendo que peligra la democracia, cuando en realidad lo que peligra es su estatus. Y también las carreras de muchos, labradas con intrigas en los pasillos de un partido, aunque nunca se hayan sometido a una votación individualizada, sino incluidos en listas cerradas y bloqueadas hechas por Dios sabe quién, pero no por la ciudadanía, que seguramente preferiría elegir directamente a sus representantes y no que se los elijan otros.
 
Todo esto lo explicaba magistralmente Friedrich A. Hayek el 8 de octubre de 1976 en una conferencia titulada “¿Adónde va la democracia?” (está íntegra en Internet).  La perversión parte de un error sobre el que ya advertían en el siglo XIX que “las formas dominantes de democracia, en las que la asamblea representativa soberana hace las leyes y al mismo tiempo dirige el gobierno, deben su autoridad a un engaño, es decir, a la pía creencia de que este gobierno democrático ejecutará la voluntad del pueblo”. Y con respecto a los actos emanados de los parlamentos, añadía “llamar ley a cualquier cosa que decidan los representantes elegidos de la mayoría… no pasa de ser una broma.  Se trata en realidad de un gobierno arbitrario.  Es un mero juego de palabras sostener que, con tal de que una mayoría apruebe los actos del gobierno, queda a salvo el imperio de la ley”.  Y en Canarias la cosa es aún peor, pues para cualquier roto o descosido gubernamental o parlamentario siempre habrá un culpable: el Gobierno de Madrid que nos maltrata, sea del color que sea.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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