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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE

Tragedia en Santiago

JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE Jueves, 25 de Julio de 2013 Tiempo de lectura:

Habrá qué investigar exactamente qué es lo que ha sucedido, si ha habido un fallo técnico o un error humano

Hoy es de estos días en los que me gustaría dejar este espacio en blanco, que no hubiese una sola línea. Decenas de muertos y una larguísima decena de heridos, casi 200, no dan lugar, precisamente, a tener ganas de afrontar el temido folio en blanco. ¿Qué se puede decir ante tamaña tragedia? ¿Cómo consolar a los familiares y amigos de los fallecidos en este accidente ferroviario en Galicia? Por más que se quiera, no hay palabras de consuelo para quienes acaban de perder a ese ser querido.

El destino aguardaba en una mortal curva a unas personas que sólo pensaban en llegar a su casa o iniciar unas vacaciones o, simplemente, poder disfrutar de unos días de asueto en Galicia, aprovechando el arranque de la fiesta grande gallega, Santiago Apostol, patrón de España. Sin embargo, en cuestión de segundos, muchas vidas quedaron truncadas y con ellas las de sus padres, parejas, hijos, familia y amigos.

Ahora lo importante es atender a los heridos, intentar por todos los medios que no siga incrementándose la cifra de muertos, y prestar toda la ayuda psicológica a los familiares, especialmente a aquellos que han tenido la desgracia de ver como uno de los suyos perdía la vida en este terrible accidente. En este sentido, hay que alabar la solidaridad espontánea de los vecinos de la zona que, antes incluso de que llegasen las primeras unidades médicas, ya estaban allí apoyando y ayudando en todo lo que buenamente pudiese hacerse tras el terrible accidente que se producía en la misma entrada de Santiago de Compostela.

No obstante, con calma, pero con mucha determinación, habrá qué investigar exactamente qué es lo que ha sucedido, si ha habido un fallo técnico o un error humano. Dicen las primeras conclusiones, que evidentemente no son una cuestión de fe, son simples aproximaciones, que el accidente se produjo porque el tren iba a 190 kilómetros a la hora en un tramo donde lo máximo son 80, ya que es una curva sumamente cerrada. Obviamente, todo eso nos lleva a pensar inicialmente que el fallo está en el conductor del convoy, pero tampoco tenemos la certeza de que él fuese a esa velocidad por gusto. Se podría entender también que algo fallase en los sistemas de control y que para el maquinista fuese imposible reducir la velocidad, sobre todo porque estos trenes modernos suelen llevar un regulador que impiden que el tren se dispare más de lo permitido.

Lo que sí me resultó chocante y hasta cierto punto peligroso es que se lanzasen al aire desde algunos medios de comunicación teorías tan disparatadas como que podría haber sucedido previamente una explosión y recordando que hay un grupo gallego, de estos antisistemas y anarquistas que se dedican a poner pequeños artefactos durante los veranos. Pues no oiga, bastante es el dolor que ya tienen las familias como para encima realizar conjeturas que no tienen ni pies ni cabeza.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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