Los cinco ojos
Hoy se sabe que cualquier correo electrónico, archivo o mensaje procedente de Europa que sea dirigido para su tratamiento a Estados Unidos, es muy probable que sea copiado y analizado por un sistema de vigilancia situado en Inglaterra
“Los Cinco Ojos” es el nombre que se da a sí misma una poderosa red internacional de espionaje. Este dato podría ser ficticio: con una denominación tan estrambótica, podría tratarse de algo imaginario que forma parte del argumento de una novela de serie B. Podría ser solo fruto de la invención literaria, pero no, es muy real. Así es como se autodenomina la organización multinacional de escuchas UKUSA, la red supranacional y secreta de los servicios de inteligencia de señales de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Tal cual.
Gracias a los documentos filtrados por el ex espía norteamericano Snowden, esta red ha dejado de ser desconocida para la comunidad mediática global, se conoce como opera y que está dedicada a espiar las comunicaciones entre personas y entre entidades de cualquier sistema mundial de telecomunicaciones a su alcance. Hoy se sabe que cualquier correo electrónico, archivo o mensaje procedente de Europa que sea dirigido para su tratamiento a Estados Unidos, es muy probable que sea copiado y analizado por un sistema de vigilancia situado en Inglaterra, denominado “Témpora”.
En cuanto a los medios de transmisión de información objeto de intervención, se trata de los correos electrónicos que procesan empresas como Google y Microsoft, del sistema de telefonía por ordenador de Skype y de las llamadas telefónicas convencionales dirigidas a Estados Unidos o que cruzan su espacio debido a la enorme capacidad de este país para dirigir el tráfico de datos a través del Atlántico norte. La envergadura y la capacidad del programa de vigilancia descubierto suponen que cualquier dato que llega a través de Internet a Estados Unidos o a los proveedores estadounidenses o de sus socios, deje de ser privado.
Con todo, en lo que respecta a la finalidad del objetivo de las indagaciones, podría ser que las intervenciones y la obtención de datos estuvieran motivadas, exclusivamente, por la lucha contra la delincuencia, en general, o el terrorismo, en particular, y circunscritas a ello. Pero no, la abundante información desvelada pone de manifiesto que todo es susceptible de ser examinado, que todo se rastrea y se aprovecha. Y sin requerir, excepto en el ámbito de sus territorios, órdenes judiciales. Para estos cinco Estados anglosajones los derechos humanos no son universales, pues solo se respetan en el interior de sus fronteras. Para ellos, el resto del mundo no cuenta con derechos a la propiedad intelectual, a la confidencialidad comercial y a la privacidad personal. Como si tal cosa.
Tamaña felonía debería ser objeto de persecución judicial internacional y de sanciones políticas, económicas y comerciales por parte de las organizaciones internacionales y de los Estados soberanos ¿Qué no hubiera pasado si esta piratería telemática hubiera sido llevada a cabo por varios países de Sudamérica, de África del Norte o del Próximo o Extremo Oriente? Pero hasta el momento, la Unión Europea, una de las regiones geopolíticas más afectadas, por su volumen de generación y transmisión de datos, no ha dicho “esta boca es mía”, inmersos como están sus dirigentes y altos funcionarios en el cierre de un Tratado de Libre Comercio –aunque, visto lo visto, con las cartas marcadas- con el “amigo americano” y preocupados, exclusivamente, en profundizar en las políticas de la “globalización” neoliberal.
Según la propaganda, con la caída del muro de Berlín, se desmoronó la “Guerra fría” y la política de bloques. Tal como estamos viendo, el “Bloque occidental de la libertad” ha terminado degenerado –aunque siempre ha apuntado maneras- en un “Gran Hermano” orwelliano con cinco ojos. Y es que no es el lado lo que definía las virtudes del modelo, es el propio modelo jerárquico, beligerante y competitivo lo que, en cualquier lugar, ya no tiene justificación.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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