Viviendo en San Borondón
Provocadores y provocados
JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA
Jueves, 04 de Julio de 2013 Tiempo de lectura:
Lo peor del asunto es que los productores del programa suelen acompañarlo con aplausos del público
Una vieja máxima dice que la mejor defensa, sobre todo cuando hay algo indefendible, es un buen ataque. Algunas cadenas de TV, presentadores y tertulianos más o menos avasalladores con los discrepantes más respetuosos que ellos, cultivan con fruición este método de no razonamiento cuando no pueden argumentar con datos sus afirmaciones, pasando sin más a la descalificación y al insulto personal. Lo peor del asunto es que los productores del programa suelen acompañarlo con aplausos del público, muchas veces enlatados o sugeridos por el regidor, para intentar convencer al televidente de que lo que dicen es compartido por la mayoría, ya que el público aplaude su diatriba.
La autoría del conocido aforismo “miente, miente que algo queda” o la variante que cambia el verbo mentir por calumniar, es atribuida con frecuencia al ministro de propaganda del Tercer Reich Dr. Joseph Goebbels, aunque antes usaron esa frase Lenin y Trosky. Pero probablemente deba ser atribuida al filósofo y escritor francés François Marie Arouet, conocido como Voltaire, cuando en una carta fechada el 21 de octubre de 1736, dirigida a su amigo Nicolas-Claude Thieriot, decía “La mentira solo es un vicio cuando obra el mal; cuando obra el bien es una gran virtud”. Pero como tantas veces a lo largo de la historia, la frase se descontextualizó porque el sentido que le da Voltaire es jocoso e irónico, está pidiendo a sus amigos que oculten la autoría de la comedia “El hijo pródigo”, para que el público la juzgara de forma imparcial sin saber quién era su autor.
Un ejemplo palmario de esa forma de actuar tan propia de quien hablar con frases hechas o eslóganes, pero no con datos contrastados lo protagonizó el Gran Wyoming en una tertulia de La Sexta, cuando afirmó de manera rotunda que “Wert es un provocador y un mentiroso, y Rajoy, si tuviera vergüenza o palabra, dimitiría” y también que “Bárcenas nos da de comer, nos rellena mucho el guión”. Si demagógicas y poco matizadas son esas rotundas afirmaciones, la justificación que ofreció para hacerlas, por cierto no dejando hablar a quienes en el plató intentaban refutarle, fue un auténtico despropósito para quien tuviera el tiempo y las ganas de ir a las hemerotecas y fonotecas para repasar la documentación sobre esos asuntos. Wyoming y otros que hacen lo mismo que él, saben muy bien que para su público la razón la tiene quien más grita e insulta, no quien argumenta mejor y con datos fidelignos.
Si hay algo que resulta evidente a estas alturas, por eso no se va a insistir más, es que la educación siguiendo el modelo LOGSE y LOCE es un fracaso rotundo. Los pésimos resultados formativos o las desorbitadas tasas de abandono temprano y de fracaso escolar no pueden ser atribuidos a la falta de inversiones, pues los datos demuestran que España es el tercer país de la OCDE que más invierte en este capítulo por alumno, sólo superado por Suecia y Dinamarca, aunque no lo sea medido en porcentaje del PIB.
Poner sobre el tapete estos hechos constatables y proponer una reforma total, es para Wyoming y para la oposición política, una provocación. Tal vez no hacerlo y tratar de ser verdaderamente progresista cambiando el desastre actual, es una provocación para aquellos que han apoyado a machamartillo un sistema que ha fracasado para las clases sociales a las que pretendía favorecer, habiendo dejado de ser la formación un medio de promoción social, como lo fue antaño, cuando prevalecía el principio de mérito y capacidad sobre la posesión de un carné de partido o el tráfico de influencias.
Este curioso personaje televisivo también tacha al ministro de mentiroso cuando dice, entre fingidos aspavientos, que José Ignacio Wert justificó la supresión de la asignatura Educación para la Ciudadanía “con unos textos absolutamente inventados que no estaban en ningún libro de texto y los lee. Unos textos que decían que el marxismo era la panacea, que había que aniquilar a la derecha...”. Si no fuera porque es tarea inútil a estas alturas apelar al rigor intelectual, bastaría con recordar la página web del MEC en tiempos de Zapatero donde se incluían esos mismos textos que recomendaban sin el menor pudor desde el propio ministerio. Entre otros manuales estaba el ya citado en artículos anteriores de los hermanos Fernández Liria, de título “Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho”, cuya lectura desde luego no está en mi ánimo recomendar, salvo a efectos de contraste de informaciones y afirmaciones.
Sin embargo, creo también que Wyoming tiene una buena parte de razón cuando dice que “si Rajoy tuviera vergüenza o palabra, dimitiría”. Los términos vergüenza y palabra, usados en un entorno político español, junto con dimitir, han sido impropios desde siempre. Decir una cosa y hacer otra ha sido moneda común en presidentes de gobierno y entre los partidos políticos que los sustentan. Wyoming debiera recordar cuando Felipe González usó como bandera electoral aquello de “OTAN, de entrada no” y que transformó luego ya en el poder, sin dimitir, en “OTAN, de entrada ¡cómo no!”, confundiendo referéndum con plebiscito al más puro estilo franquista. O la reforma laboral, de las pensiones y tantas otras que hizo ZP en contra de su programa electoral, sin tampoco dimitir.
Y hablando de vergüenza, debiera sentirse justamente abochornado cuando recordara que Tierno Galván dijo aquello de que los programas electorales no son para cumplirlos. O cuando Gaspar Zarrías votó con dos manos y dos pies en el Parlamento y aún está encumbrado en la política y en las presuntas ideas que ese presentador defiende con uñas y dientes. O si recordara cuando Pablo Iglesias amenazó en el Parlamento con llegar al atentado personal si el ganador de las elecciones, Antonio Maura, formaba gobierno.
Por supuesto que, en mi humilde opinión, Rajoy debería haber dimitido y convocado nuevas elecciones al cambiar tan radicalmente sus promesas electorales fundamentales, no un detalle menor. Probablemente lo hubieran vuelto a votar los mismos, o aún más personas, por tener ese gesto de gallardía y honradez política. Pero también hay que recordarle a Wyoming que no es bueno ni serio disculpar y apoyar a unos por lo mismo que condena en otros.
“Bárcenas nos da de comer, nos rellena mucho guión”, dice también el presentador de La Sexta. Y es bien cierto, pues llena así la ausencia a referencias, chistes y sarcasmos sobre los ERE de Andalucía, Mercasevilla o las comisones sindicales de UGT y CCOO, asuntos ahora tan en boga en otras emisoras tras el trabajo de instrucción de la Juez Alaya. Hace bien poco le llenaban o le rellenaban el guión el caso Gürtel y Francisco Camps, evitando así tener tiempo para bromear o indignarse con el incremento patrimonial multimillonario de José Bono y los caballos de su hijo o a las subvenciones de Chávez a la empresa donde fue contratada su hija, por recordar sólo un par de ejemplos.
Si hay algo que a estas alturas debería estar claro, es que la lucha principal de los ciudadanos debiera ser la regeneración de la política. No es un simple cambio de caras manteniendo el sistema de partidos actual como única posibilidad de participación política. La corrupción, está empíricamente comprobado, la ejercen las personas con acceso directo o indirecto a los presupuestos públicos y es un fenómeno trasversal a todos los partidos. Por eso va cambiando de siglas y de personajes. En cada momento sólo pueden ser corruptos los que están en el poder, los otros a lo sumo únicamente pueden ser aspirantes y estar en lista de espera.
La autoría del conocido aforismo “miente, miente que algo queda” o la variante que cambia el verbo mentir por calumniar, es atribuida con frecuencia al ministro de propaganda del Tercer Reich Dr. Joseph Goebbels, aunque antes usaron esa frase Lenin y Trosky. Pero probablemente deba ser atribuida al filósofo y escritor francés François Marie Arouet, conocido como Voltaire, cuando en una carta fechada el 21 de octubre de 1736, dirigida a su amigo Nicolas-Claude Thieriot, decía “La mentira solo es un vicio cuando obra el mal; cuando obra el bien es una gran virtud”. Pero como tantas veces a lo largo de la historia, la frase se descontextualizó porque el sentido que le da Voltaire es jocoso e irónico, está pidiendo a sus amigos que oculten la autoría de la comedia “El hijo pródigo”, para que el público la juzgara de forma imparcial sin saber quién era su autor.
Un ejemplo palmario de esa forma de actuar tan propia de quien hablar con frases hechas o eslóganes, pero no con datos contrastados lo protagonizó el Gran Wyoming en una tertulia de La Sexta, cuando afirmó de manera rotunda que “Wert es un provocador y un mentiroso, y Rajoy, si tuviera vergüenza o palabra, dimitiría” y también que “Bárcenas nos da de comer, nos rellena mucho el guión”. Si demagógicas y poco matizadas son esas rotundas afirmaciones, la justificación que ofreció para hacerlas, por cierto no dejando hablar a quienes en el plató intentaban refutarle, fue un auténtico despropósito para quien tuviera el tiempo y las ganas de ir a las hemerotecas y fonotecas para repasar la documentación sobre esos asuntos. Wyoming y otros que hacen lo mismo que él, saben muy bien que para su público la razón la tiene quien más grita e insulta, no quien argumenta mejor y con datos fidelignos.
Si hay algo que resulta evidente a estas alturas, por eso no se va a insistir más, es que la educación siguiendo el modelo LOGSE y LOCE es un fracaso rotundo. Los pésimos resultados formativos o las desorbitadas tasas de abandono temprano y de fracaso escolar no pueden ser atribuidos a la falta de inversiones, pues los datos demuestran que España es el tercer país de la OCDE que más invierte en este capítulo por alumno, sólo superado por Suecia y Dinamarca, aunque no lo sea medido en porcentaje del PIB.
Poner sobre el tapete estos hechos constatables y proponer una reforma total, es para Wyoming y para la oposición política, una provocación. Tal vez no hacerlo y tratar de ser verdaderamente progresista cambiando el desastre actual, es una provocación para aquellos que han apoyado a machamartillo un sistema que ha fracasado para las clases sociales a las que pretendía favorecer, habiendo dejado de ser la formación un medio de promoción social, como lo fue antaño, cuando prevalecía el principio de mérito y capacidad sobre la posesión de un carné de partido o el tráfico de influencias.
Este curioso personaje televisivo también tacha al ministro de mentiroso cuando dice, entre fingidos aspavientos, que José Ignacio Wert justificó la supresión de la asignatura Educación para la Ciudadanía “con unos textos absolutamente inventados que no estaban en ningún libro de texto y los lee. Unos textos que decían que el marxismo era la panacea, que había que aniquilar a la derecha...”. Si no fuera porque es tarea inútil a estas alturas apelar al rigor intelectual, bastaría con recordar la página web del MEC en tiempos de Zapatero donde se incluían esos mismos textos que recomendaban sin el menor pudor desde el propio ministerio. Entre otros manuales estaba el ya citado en artículos anteriores de los hermanos Fernández Liria, de título “Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho”, cuya lectura desde luego no está en mi ánimo recomendar, salvo a efectos de contraste de informaciones y afirmaciones.
Sin embargo, creo también que Wyoming tiene una buena parte de razón cuando dice que “si Rajoy tuviera vergüenza o palabra, dimitiría”. Los términos vergüenza y palabra, usados en un entorno político español, junto con dimitir, han sido impropios desde siempre. Decir una cosa y hacer otra ha sido moneda común en presidentes de gobierno y entre los partidos políticos que los sustentan. Wyoming debiera recordar cuando Felipe González usó como bandera electoral aquello de “OTAN, de entrada no” y que transformó luego ya en el poder, sin dimitir, en “OTAN, de entrada ¡cómo no!”, confundiendo referéndum con plebiscito al más puro estilo franquista. O la reforma laboral, de las pensiones y tantas otras que hizo ZP en contra de su programa electoral, sin tampoco dimitir.
Y hablando de vergüenza, debiera sentirse justamente abochornado cuando recordara que Tierno Galván dijo aquello de que los programas electorales no son para cumplirlos. O cuando Gaspar Zarrías votó con dos manos y dos pies en el Parlamento y aún está encumbrado en la política y en las presuntas ideas que ese presentador defiende con uñas y dientes. O si recordara cuando Pablo Iglesias amenazó en el Parlamento con llegar al atentado personal si el ganador de las elecciones, Antonio Maura, formaba gobierno.
Por supuesto que, en mi humilde opinión, Rajoy debería haber dimitido y convocado nuevas elecciones al cambiar tan radicalmente sus promesas electorales fundamentales, no un detalle menor. Probablemente lo hubieran vuelto a votar los mismos, o aún más personas, por tener ese gesto de gallardía y honradez política. Pero también hay que recordarle a Wyoming que no es bueno ni serio disculpar y apoyar a unos por lo mismo que condena en otros.
“Bárcenas nos da de comer, nos rellena mucho guión”, dice también el presentador de La Sexta. Y es bien cierto, pues llena así la ausencia a referencias, chistes y sarcasmos sobre los ERE de Andalucía, Mercasevilla o las comisones sindicales de UGT y CCOO, asuntos ahora tan en boga en otras emisoras tras el trabajo de instrucción de la Juez Alaya. Hace bien poco le llenaban o le rellenaban el guión el caso Gürtel y Francisco Camps, evitando así tener tiempo para bromear o indignarse con el incremento patrimonial multimillonario de José Bono y los caballos de su hijo o a las subvenciones de Chávez a la empresa donde fue contratada su hija, por recordar sólo un par de ejemplos.
Si hay algo que a estas alturas debería estar claro, es que la lucha principal de los ciudadanos debiera ser la regeneración de la política. No es un simple cambio de caras manteniendo el sistema de partidos actual como única posibilidad de participación política. La corrupción, está empíricamente comprobado, la ejercen las personas con acceso directo o indirecto a los presupuestos públicos y es un fenómeno trasversal a todos los partidos. Por eso va cambiando de siglas y de personajes. En cada momento sólo pueden ser corruptos los que están en el poder, los otros a lo sumo únicamente pueden ser aspirantes y estar en lista de espera.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.89