Si ya la había, ahora ya la tenemos, incluso, en nuestra propia atmósfera. La tensión que viven aquellos que se imaginan que serán llamados a declarar es alta, algo habitual dicho sea de paso. Los políticos más arriesgados de la administración junto a sus empresarios más cercanos no duermen bien, lo sabemos. Sus caras les delatan cuando desayunan en la calle. Pero lo entendemos perfectamente porque a nadie le gusta que le estén siguiendo, grabando sus conversaciones o vivir con esa incertidumbre pegada al cuerpo sobre su tenso despertar a primera hora de la mañana con un registro domiciliario. Nos consta que algunos ya piensa en darse unas vacaciones (que no es lo mismo que a la fuga) para liberar adrenalina y otros elementos; también viajan otros pero en este caso para hablar con "abogados de nivel". La operación Góndola creó una sensación subjetiva en el ambiente de San Bartolomé que se ha convertido en objetiva durante estos días. Algunos han aprovechado, suponemos, todo este periodo para colocar bien las figuritas de sus hogares para que, cuando llegue la visita quedar bien.








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