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Viviendo en San Borondón

Libertad en los horarios comerciales

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Lunes, 20 de Mayo de 2013 Tiempo de lectura:

La libertad de horarios comerciales y aperturas en domingos o festivos es uno de estos debates que periódicamente sale a la palestra en Gran Canaria

Los debates que se intentan cerrar en falso, utilizando la técnica del pasteleo que los políticos llaman negociación con los agentes sociales, casi siempre acaban beneficiando a unos, perjudicado o dejando igual a otros y casi siempre coartando libertades individuales de los ciudadanos que en otros lugares ni se discuten.  Tomar decisiones que afectan a todos, a unos más y a otro menos, es gobernar.  Con frecuencia no es tarea fácil, máxime si los políticos (ellos mismos o sus cúpulas) están sometidos a fuertes presiones gremiales empresariales, sindicales o de otra naturaleza y cuando las decisiones que tomen han de agradar a quienes los nombran o los incluyen en las listas electorales más que a los votantes, que poco pueden decir en los casos individuales por aquello de las papeletas cerradas y bloqueadas.


La libertad de horarios comerciales y aperturas en domingos o festivos es uno de estos debates que periódicamente sale a la palestra en Gran Canaria. No se ofrece una solución lógica, tan sólo se parchea el problema. Como principio general, en mi modesta opinión, es difícil oponerse racionalmente a que si un vendedor y un comprador quieren hacer una transacción comercial legal, la hagan dónde, cómo y cuándo estimen ambos conveniente para sus legítimos intereses.  Sin embargo, en coartar esa libertad de decisión se han empeñado algunas organizaciones empresariales locales, empecinadas en mantener obsoletas estructuras, viejas tradiciones horarias y en oponerse a cuanta innovación comercial quieran introducir otros empresarios que quieren ser los auténticos emprendedores de los que ahora se habla.  


Primero se opusieron, con manifestaciones y pancartas, a que se instalaran en Gran Canaria grandes superficies con unidad alimentaria actuando de foco de atracción.  Dijeron, y algunos sindicalistas los corearon, que desaparecería el empleo por el cierre masivo de comercios pequeños, que la cesta de la compra se dispararía y que traerían la ruina a la población.  Basta ver la realidad, a pesar de la crisis tremenda, para comprobar lo falso de aquellos argumentos.  Los políticos pastelearon con algunos grupos de presión y sólo se autorizaron a montar tres grandes centros: La Ballena, Las Arenas y Hoya de la Plata.  Como no se pueden poner puertas al campo, la modernización de la oferta comercial similar a la existente en el resto del mundo se ha ido imponiendo, no sin grandes dificultades y costes políticos aún contra los criterios de la Ley de Equipamientos Comerciales y sus varias modificaciones. En Gran Canaria esos grupos antiliberales bloquearon, por ejemplo, la entrada de LIDL hasta no hace mucho y en otras islas aún se siguen oponiendo a instalaciones similares.  Todo ello, dicen sin ruborizarse, para defender el interés del pueblo que al parecer odia que bajen los precios y suba la calidad en virtud de la introducción de la libre competencia en las ofertas.


Ahora ha vuelto a resurgir la polémica sobre la apertura dominical de todas las grandes superficies.  Es difícil explicar el por qué unas sí pueden abrir y otras no.  Alegar que es por razones turísticas, en el fondo y en la forma, es despreciar a los consumidores isleños. ¿Por qué un turista puede comprar casi lo que quiera en domingo y un residente aquí no?  Alegar razones de descanso del personal, a mi entender, no es de recibo a estas alturas.  Al parecer, a los que eso dicen, sólo les importan las familias de los que trabajan en el comercio, pero no en bares, restaurantes, cafeterías, ocio o transportes públicos.  Al hilo de estas restricciones comerciales gremiales, cabe recordar aquella esperpéntica realidad vivida por algunos concesionarios de vehículos, que podían informar a sus clientes en domingo, pero que no podían cerrar las operaciones hasta el lunes.  ¿No es sonrojante sólo el recordarlo?

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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