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XAVIER APARICI GISBERT

Enredados entre tópicos y metáforas

XAVIER APARICI GISBERT Domingo, 19 de Mayo de 2013 Tiempo de lectura:

Las grandes agencias públicas y privadas vienen consensuando cuáles deben ser las narraciones

A pesar del notable desarrollo de las ciencias sociales y del gran crecimiento experimentado por los medios de información en las últimas décadas, las principales instituciones públicas y privadas de comunicación divulgativa continúan haciendo gala , hasta hoy en día, de una evidente falta de rigor descriptivo y de una notoria pobreza argumentativa en sus emisiones.

En casi todos los países “cultos y desarrollados”, con un mal disimulado acuerdo tácito, las grandes agencias públicas y privadas vienen consensuando cuáles deben ser las narraciones, los criterios y los enfoques más adecuados para configurar una opinión pública superficial y acrítica, manteniéndola en unos niveles de comprensión y de contraste mínimos.

Por ello, a la dramática situación originada por el colapso del sistema financiero global se la denota como “crisis”; a la aplicación de ingentes recursos de los Estados para evitar la quiebra de las empresas bancarias, se la llama “rescate”; a la descapitalización de las Administraciones públicas, fruto de ese despilfarro, “deuda”; a los intereses que rigen estas políticas, “los mercados”; al fiasco socioeconómico que se ha provocado, “ajustes”; y a sus devastadores efectos, “austeridad”. Claros eufemismos que forman parte de un aderezado relato de justificación del status quo, atomizado y difuminado sus responsabilidades hasta hacerlas desaparecer y considerando a las múltiples víctimas de la tragedia como por cuenta propia, ya que han vivido “por encima de sus posibilidades”. Un puro cuento de terror, pero que llevado a la realidad no deja de causar precariedad social y exclusión económica constantes y crecientes.

Aún así, la todavía hegemónica ideología neoliberal sigue ahondando en sus  absurdidades económicas, a las que tilda de meras “recetas”, y en sus antihumanitarias políticas, tan “necesarias”, hasta conseguir eliminar las garantías sociales y económicas democráticas. Por encima de la emergencia social provocada, los gobiernos, las cátedras y las tribunas cómplices perseveran dogmáticamente en la “vía única”. Tras el parapeto sofístico de lo que el pensador Albert O. Hirschman denominó las retóricas de la intransigencia -las llamadas tesis de la perversidad, de la futilidad y del riesgo-, se condena cualquier cuestionamiento de la ortodoxia y cada pretensión de reforma del sistema con la presuposición de que o llevarían a agudizar la situación, o tendrían alcances pobres y limitados o pondrían en peligro todo lo bueno logrado hasta el presente. Desde luego, se trata al conjunto social como si estuviera compuesto por personas incapaces ¿es esa, en verdad, nuestra condición? No, necesariamente.

El lingüista cognitivo George Lakoff tiene merecida relevancia internacional por sus teorías sobre nuestros sistemas conceptuales, específicamente, en torno al pensamiento metafórico y a los marcos mentales de referencia. Según sus indagaciones, las figuras retóricas de comparación que son las metáforas forman en nuestra psique un extenso sistema metafórico cognitivo, el cual, nos facilita comprender las abstracciones y las situaciones complejas. Este es un sistema que procede estructurando unos conceptos a partir de otros, pero que, habitualmente, utilizamos de forma irreflexiva. También las estructuras mentales que enmarcan nuestra forma de ver el mundo y conforman nuestro sentido común, son una parte inconsciente de nuestros modos cognitivos.

Por ello, si se consigue un entorno cultural poco riguroso y crítico, la manipulación de esas tendencias de automatización y simplificación de la comprensión resulta factible: se pueden metamorfosear entidades conceptuales tan vastas y multifacéticas como los Estados en “personas”, a los territorios que ocupan, en “hogares” y a las interacciones internacionales que mantienen, en “relaciones sociales con vecinos”. De este modo, en esta tiranía mediática del “Gran Hermano Global” en la que vivimos, la complejidad se nos explica, por motivos nada inocentes, como si fuéramos niños. Así que, si queremos subvertir este orden alienante, no queda otra que empezar por dentro de nuestras propias cabezas.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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