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Viviendo en San Borondón

Razonamientos e ideologías

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Martes, 14 de Mayo de 2013 Tiempo de lectura:

Debería ser obvio que para opinar sobre cuestiones técnicas es necesario tener una formación de tipo científico que permita desechar falacias.

Para cualquier observador de la realidad social actual y de la forma en que la mayoría de las personas se informan u opinan de los asuntos comunes, sobre todo en las cuestiones políticas o económicas, resulta evidente que el razonamiento ha dado paso a la ideología.  La batalla del pensamiento público y lo políticamente correcto está siendo ganada inexorablemente por la imagen televisiva y el eslogan, capaz de catalizar rápidamente un sentimiento más o menos racional o de pertenencia a un “colectivo” o “nacionalidad” frente a las lecturas sistemáticas más o menos tediosas y lentas, seguidas del análisis comprensivo y crítico de esos textos.


Debería ser obvio que para opinar sobre cuestiones técnicas es necesario tener una formación de tipo científico que permita desechar falacias.  Por Internet circulan auténticos disparates técnicos que la gente sin formación específica, ni deseos de contrastar las opiniones, da por ciertos. ¿Quién no recibe correos electrónicos afirmando que tal o cual universidad americana, desconocida hasta para Google, dice una cosa asombrosamente disparatada y a la vez recibe otro con un presunto estudio científico certificando justamente lo contrario?  El libro “Leyendas urbanas en España” de Antonio Ortí y Josep Sampere, de Ediciones Martínez Roca, recopila algunos ejemplos muy ilustrativos de ese tipo de credulidad que han circulado, y lo siguen haciendo con pequeñas variantes aún hoy en día, a pesar de los numerosos desmentidos.  Si esto pasa con lo que se puede comprobar, pesar y medir ¡qué no sucederá con el mundo de las ideologías, sobre todo las políticas!


Hace unos días un lector, comentaba anónimamente un artículo mío en el que daba la bienvenida al tratamiento racional, ecológico, reciclador y sostenible de los residuos urbanos que está impulsando el Cabildo de Gran Canaria, al menos según los parámetros que se definen en las declaraciones de protección medioambiental de las más reputadas agencias y organizaciones internacionales ecologistas.  Ese lector, por lo visto sufrido seguidor de mis modestos escritos y al que le presumo buena fe sin razón objetiva para ello ya que usaba una fraseología bastante agresiva, que dudo llegue a entender su significado, a la vez que muy  poco correcta en las formas y usando descalificaciones globales más propias de un “escrache” que de un razonamiento, quería señalar una contradicción con la defensa que en su momento mantuve de las prospecciones petroleras en aguas cercanas a Canarias sobre las que tanto “sentimiento” se ha “pancarteado” por aquí.  


Otro lector, o quizás el mismo anterior pues se esconde en el anonimato y es imposible saberlo aunque sí intuirlo por la forma ofensiva y falta de argumentos de expresarse, comenta que mis escritos se los da a su hijo como ejemplo de lo que él denomina “literatura fascista”.  Dice que se los daba todos excepto el último, aunque no explica racionalmente el por qué.  Nada tendría que objetar a tan paternal y protectora actitud, aunque no la compartiera, si se tratara de un niño en formación y el padre intentara inculcarle una doctrina sin razonamientos, sólo a base de prejuicios y eslóganes partidistas, pero el mismo lector dice que su hijo es universitario.  O muy tolerante con su padre es el “niño”, o es un universitario muy peculiar que necesita que alguien le filtre las lecturas y razone por él.  En el mundo Internet se llamaría control parental a ese tipo de filtros para limitar el acceso a la información que permita después analizarla críticamente.


Pero siguiendo con el asunto principal, es evidente que los residuos urbanos son un problema real de hoy en día cuya solución no puede demorarse, si se quiere ser respetuoso y consecuente con la tan traída y llevada sostenibilidad, no la utópica y subvencionada, que sólo beneficia a los amigos del poder político que resuelve las concesiones, sino la posible y real que además seamos capaces de financiar.  


Los presuntos vertidos en las prospecciones, si es que llegaran a producirse alguna vez, son una cuestión bien diferente.  Se trata de una hipótesis catastrofista posible, pero altamente improbable que ocurra y que además afectara a nuestras costas, como dicen algunos, mientras que los residuos urbanos constituyen una cuestión de presente bien real.  Tal es así, que algunos miembros del Gobierno de Canarias ya están reconduciendo su oposición a las prospecciones a una cuestión de competencias en las concesiones y en los ingresos fiscales.  Pero tal como publicó el ABC en su día, se diga lo que se diga y se movilice a quien se movilice, ya se entendió que sería así cuando el propio Gobierno encargó discretas negociaciones en Texas con las petroleras desde el minuto cero.  Todo hace pensar que se trata simplemente de conseguir más dinero usando sin escrúpulos el miedo irracional que inculcan a la población que dicen gobernar.  Tal vez la quieran gobernar como lo pretendía hacer la María Cristina de la antigua canción y la gente les sigue la corriente, nunca mejor dicho hablando de mareas y mareos…


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Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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