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¡Ya era hora!

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Martes, 07 de Mayo de 2013 Tiempo de lectura:

Por primera vez en 100 años, el Cabildo de Gran Canaria está cambiando su concepto de cómo potenciar el desarrollo insular

Desde hace un tiempo a esta parte, en Gran Canaria se están produciendo una serie de cambios que, como todo lo que se mueve, despierta ciertos recelos iniciales hasta que es asimilado por la ciudadanía con normalidad.  Es, por ejemplo, el caso de los vertederos de residuos sólidos, que pasarán a ser nichos de creatividad empresarial, por lo tanto de empleo, al tiempo que de innovación tecnológica para la generación de energía eléctrica.  Donde ahora sólo hay basura y mal olor, pronto se podrán ver centros de promoción de la prometedora economía verde.  

La consejera de Medio Ambiente de Gran Canaria, María del Mar Arévalo, a mi entender con gran acierto y oportunidad, considera que ya no es propio del siglo XXI considerar el estilo de vida occidental como una cuestión meramente política. Es un hecho que ya se ha instalado entre nosotros reconocer que el crecimiento de la economía verde tiene un gran potencial, sin necesidad de subvenciones que adulteren el mercado y la libre iniciativa privada bajo supervisión pública.  De forma imparable, definirá el modo en que economistas y políticos tratarán de conciliar el medio ambiente con una economía creciente y sostenible, sin que su futuro deba depender del favor político de ninguna institución o ideología.  

Por primera vez en 100 años, el Cabildo de Gran Canaria está cambiando su concepto de cómo potenciar el desarrollo insular, que ya no debe ser solamente una cuestión de naturaleza administrativa e institucional,  sino que es un proceso mental.  El qué y cómo hacer para que la ciudadanía se involucre en este nuevo paradigma, es el reto de los dirigentes políticos y del sistema educativo.  La tecnología por sí sola no basta, es necesario una labor permanente de explicación de los nuevos valores medioambientales y de formar, o reformar, los hábitos consumistas que generen un gran impacto contaminante.   

Una de las peculiaridades de la actual sociedad de consumo tiene mucho que ver con los valores éticos, estéticos y de los modelos de aparente éxito social que la llamada telebasura ofrece a la población, cada vez más dependiente de la televisión para que le digan lo que es su identidad, no para que la busquen y la encuentren en su alma.  Como decía Margaret Thatcher, a mi entender con gran acierto, que las personas han dejado de pensar, ahora sienten.  Y muchos dirigentes políticos probablemente prefieren una sociedad que no piense y razone, pero que “sienta” lo que la casta dirigente le define como su identidad, las más de las veces mítica, aunque los disfracen en las verbenas de maúros con una vestimenta que nunca fue.

Pero el Cabildo de Gran Canaria parece haber entendido que ya no basta para mantener el desarrollo el fomentar el consumo desaforado, es necesario invertir tiempo y esfuerzo en mentalizar en el consumo responsable y sostenible. Ya no es de recibo aquella consigna, lanzada por los políticos de todo el mundo al comienzo de la crisis, recomendando a los ciudadanos que salieran a comprar y siguieran gastando dinero.     

La tarea de cambiar el estilo de vida de los grancanarios, es increíblemente difícil.  Pero es el reto ineludible que tiene por delante el Cabildo, si quiere no perder el tren del siglo XXI.  Y un paso en la buena dirección, que ahora tiene ocasión de dar para estar a la altura de las nuevas circunstancias, podría ser el dar luz verde a los parques científicos relacionados con los residuos sólidos urbanos.  Adiós a las gaviotas chillonas, a los malos olores y a enterrar residuos.  Se ha tardado 100 años en poder cambiar las cosas. Virgencita del Pino, ¡ya era hora!

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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