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La novela chat: los peligros de internet

LUIS LEÓN BARRETO Martes, 16 de Abril de 2013 Tiempo de lectura:

Lo primero que habría que decir es que Chat es un texto muy serio

El grancanario Moisés Morán Vega es un alumno aplicado. Sabe que el escritor no nace y crece como una planta cualquiera. Porque el aspirante a escritor tiene una sensibilidad especial pero, para desarrollarse, ha de estudiar cada día, y ello supone leer y releer, conocer la literatura clásica y estar informado de las tendencias de la literatura contemporánea, y sobre todo tener la paciencia de escribir y reescribir sus textos, revisarlos sin piedad, reelaborarlos una y otra vez. Moisés es doctor en Educación Física y Máster en Gestión Deportiva, ahora funcionario de la comunidad autónoma nada menos que en Hacienda, pero su vocación literaria era evidente desde que se interesó tempranamente por la poesía y los relatos. De lo que ha publicado hasta ahora me interesaron La Sima, ganador del I Premio de Narrativa Breve Episodios Insulares, y Ali Romero. La historia de un corsario berberisco. Escribe asiduamente en su blog elpatiodeloscangrejos.com, domina –qué envidia– las posibilidades técnicas de internet y es un eficaz miembro de la Nueva Asociación Canaria para la Edición, ideada por Aquiles García, ese proyecto tan importante que con libros como este ya está mejorando.

Lo primero que habría que decir es que Chat es un texto muy serio. En estos momentos la novela negra tiene un desarrollo considerable entre nosotros, se trata de un género que indaga en los claroscuros de la sociedad, está influenciado por el cine y la televisión, recoge el ritmo rápido del thriller, permite hacer crítica social y es esencialmente urbana. La novela negra se nutrió en el submundo de las grandes ciudades después de la depresión norteamericana de 1929, centraba el foco en lo peor de cada día y lo cierto es que la crónica de sucesos de Canarias en estos años también es muy jugosa, proporciona abundante sugerencias, hay muchos materiales en las páginas de los periódicos, desde el tráfico de drogas a la muerte en pateras, al masivo caso Kárate de abusos sexuales, la desaparición de Yéremi Vargas y Sara Morales, sin olvidar la violencia doméstica, y sucesos perversos como el crimen del contenedor y sus secuelas, así como oscuras venganzas que dejan muertos misteriosos, sumarios judiciales que a veces se van directamente al limbo porque tenemos una justicia lenta, tortuosa, una justicia para ricos y una justicia para pobres, tan diferenciadas. Ya en los años 80 Jaime Rubio Rosales escribió Misterio en Ripoche Street, discípulo aventajado de Agatha Christie, y yo mismo, en el 88, di a la luz Los días del Paraíso, editorial Orígenes de Madrid, una novela que indagaba en venganzas, luchas de poder y ajustes de cuentas en el sur turístico, que daban lugar a crímenes en los que poco se llegaba a dilucidar.

La sociedad solidaria de los años 60 y 70 se ha transformado en una sociedad neocapitalista competitiva, agresiva y violenta. La violencia circula libremente por las grandes, las medianas y hasta las pequeñas ciudades, todos tenemos un sano instinto de supervivencia pero a veces los humanos disfrutan ejerciendo  violencia innecesaria, y además la violencia es un buen negocio, de ahí que España sea uno de los más importantes exportadores de barcos de guerra y de armas, a los países árabes, a Venezuela, etc. El ser humano lucha siempre entre el bien y el mal, y en cada uno de nosotros pueden anidar impulsos de aniquilación que salen a flote de un modo imprevisto. Claro que también hay personajes tan enfermos como el protagonista de Chat, estupenda novela de misterio, bien engarzada, que te atrapa y no tienes otro remedio que avanzar página tras página hasta llegar a su final. Moisés cumple los rituales del género: planteamiento, nudo y desenlace, y lo hace con soltura tras manejar una importante documentación acerca de las prácticas policiales, incluso de las divergencias policiales y la no siempre fácil coordinación de los distintos cuerpos, así como las circunstancias en que la nueva generación se mueve en internet, muchas veces participando en chats peligrosos, ya que la suplantación de identidad está a la orden del día y además la perversidad humana no tiene límites. Internet y los aviones son, a mi modo de ver, los grandes inventos del siglo XX pero ambos son de cuidado. Sobre todo porque, si bien internet es la gran enciclopedia de hoy, existe mucha gente dispuesta a suplantar, a confundir, a acosar a víctimas inocentes. En este sentido la novela Chat es muy ejemplificadora, y merece no solo una buena crítica sino, sobre todo, una buena difusión, que los lectores la hagan suya. Está construida con un ritmo adecuado, secuencias bien desarrolladas, personajes definidos y diálogos exactos, quizá algo reiterativos en ocasiones, pero esclarecedores, capaces de conducir la acción al punto exacto en que el autor la desea llevar. De este modo, el autor se incorpora a la nueva generación de narradores que cultivan la novela negra en Canarias.

Como es de rigor, hay una paciente investigación que tropieza con múltiples dificultades, el asesino en serie es un ser despiadado y cruel, atrapado en su infancia y su adolescencia infeliz, pero también –como exigen los cánones– muy imaginativo, capaz de plantear grandes dificultades a quienes intervienen en los sucesivos casos, esos mujeres y hombres que han de hallar rápidas respuestas para evitar que la muerte siga creciendo. Traza el autor con diligencia la trama, el estilo es directo pero no por ello deja de detenerse en los detalles que intervienen en la acción, los explica con suficiencia. Como decía, hay un trabajo de documentación, existe un recorrido cuidadoso, un hilo narrativo coherente y cuando el lector llega al punto final tiene la impresión de que le han desmenuzado los acontecimientos, que le han ofrecido una  explicación, que los personajes han mostrado sus luces y sus sombras. En definitiva: recomendable.


Blogdeleonbarreto.blogspot.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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