A Manuel Fernández debió parecerle muy
aburrido el debate parlamentario sobre el estado de la nacionalidad y por eso
se puso a ver una película desde su escaño de la mesa de la cámara. Igual que
el funcionario que se va a tomar café durante una hora o el que navega sin
medida por Internet mientras el jefe está fuera. Y está fuera porque
normalmente está tomando ese largo café de una hora.
Si los políticos nos dan ese ejemplo,
es lógico que sus subordinados temporales también se tomen el trabajo a coña. A
Fernández, que es un profesional bien pagado fuera de la política, los plenos
parlamentarios le suponen un incordio, un coñazo, una pesadez asfixiante.
Entonces, en vez de escuchar
atentamente lo que dicen los portavoces los partidos, enchufa su iPad y se pone
a ver una película de vaqueros, que es más entretenido.
Yo lo entiendo. Verdaderamente esas
sesiones parlamentarias son plúmbeas e interminables. Se está mucho mejor
viendo una peli, dónde va a parar. Y cuando digo una peli (siempre será mejor
una sesión cinematográfica que una parlamentaria) digo un masaje, un spa, una
piscina o un baño turco.
Bueno, y si encima en un descanso te puedes dar un
salto a Las Teresitas y darte un baño y luego sentarte en una terraza
blandiendo una jarra helada de cerveza en tu mano izquierda mientras lees el
periódico con la derecha, entonces sería el acabose. Eso no lo mejora ni una
velada con Carla Bruni susurrándote al oído canciones de amor.
Como en Canarias no hay problemas, nuestras
queridas y cursis señorías se dedican a mirar a otro lado mientras les pagamos
el sueldo, los viajes, el hotel, la manutención, el móvil y hasta el portátil.
La realidad no puede estropearnos la ficción de la peli de Fernández.
Ya sabemos que en Canarias apenas hay
parados ni gente sin vivienda que no tiene donde caerse muerta. Ni muertos de
hambre ni menesterosos atendidos por una caritativa Caritas que ya no da
abasto. En las islas, por no haber, no hay miles de niños que solo pueden hacer
una comida digna en el colegio.
Aquí todos vivimos por encima de
nuestras posibilidades. No hay problemas. Por no tener no tenemos ni políticos
con dos dedos de frente. En realidad, por no tener, ni tan siquiera tenemos un
mínimo de vergüenza.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Ali | Miércoles, 10 de Abril de 2013 a las 13:53:39 horas
Solo una pregunta: ¿por qué este diputado aun no ha dimitido?
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