Viviendo en San Borondón
Sin vergüenzas ajenas
JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA
Domingo, 10 de Febrero de 2013 Tiempo de lectura:
La sensibilidad ciudadana parece saturarse con una mezcla de hartazgo e indignación
Probablemente lo que pasa en Canarias con las cuestiones públicas, las finanzas y los políticos, no será muy distinto de lo que acontece en otras comunidades. Algunas cosas tienen, eso sí, un toque bananero propiciado por la celebérrima tricontinentalidad y la ultraperificidad de marras. Ya casi cualquier cosa extravagante o pícara que se cuente de los políticos será creíble, tienen una bien ganada presunción de culpabilidad y parecen actuar con aparente impunidad social y penal en escándalo tras escándalo.
La sensibilidad ciudadana parece saturarse con una mezcla de hartazgo e indignación, trufado todo por una sensación de fatalidad histórica ante la impunidad con que se roba en nuestras narices y se hace ostentación de ello, que cual maldición bíblica, parece tener adormecida a la justicia, si no muerta y putrefacta. La sensación de estar instalados en el disparate y en la indefensión de las personas frente a los múltiples partidos políticos, sindicatos, patronales y otras organizaciones del mismo género y número, se ha visto acrecentada tras la última sentencia del TSJ de Andalucía avalando que asaltar comercios y amenazar o coaccionar durante una huelga no en un delito. Tal doctrina jurídica se ha “proclamado” en relación con el pintoresco Sánchez Gordillo, el que predica que actuar como Robin Hood es “muuuuy bueno”, parafraseando a Gallardón. Va a ser verdad lo que se decía antaño, que África comienza en Los Pirineos y que de Madrid para abajo, es tierra de moros.
Lo síntomas que aconsejarían en cualquier área social o económica aplicar cirugía drástica para evitar la muerte del enfermo, en el campo de la política no tienen virtualidad en España, máxime cuando los beneficiarios de pescar en ese mar revuelto, con ganancia de políticos y allegados, son las trapisondas de la casta gobernante de siempre, orlada con los aspirantes a tal condición caciquil que anexan los partidos según la aritmética parlamentaria para hacer de comparsa, si no carnavalera si de carnaval en cada legislatura, o parte de ella en el caso de Canarias, según los aires, sirocos o vendavales que lleguen de la Meseta.
Se tiene la sensación de que un escándalo tapa al anterior, de que van en aumento no sea que se acabe lo que se daba (nunca mejor dicho). Y como es esa misma casta política la que, según el sistema de autoprotección que se han fabricado, son los llamados a cambiar el estado de cosas, las esperanzas de regeneración ética desaparecen cual vistosas pompas de jabón.
Ahora ha saltado a la prensa la noticia de que el presidente del Parlamento, Antonio Castro Cordovez, y el resto de los miembros de la Mesa pagan 28.000 euros a una empresa privada para que les redacten sus discursos. Muy profesionales tienen que ser esos “negros”, como se dice en el argot literario, para hacer alocuciones sin decir nada y dándole el toque partidista a cada uno de ellos, según quien tenga que pronunciarlos. Al fin y a la postre, esos textos suelen ser pura palabrería novelística que pagan todos los contribuyentes con su esfuerzo.
Pero el toque “friky” de la semana, al más puro estilo frikigil, lo ha puesto en la SER Baltasar Garzón. Dice que los papeles de Bárcenas publicados en El País son “consistentes” y “creíbles”, aunque sean fotocopias sin contrastar. Dada la entonación peculiar de Garzón, tal vez quiso decir que eran “con sistentes” en una maniobra similar a los ya casi olvidados, o sectariamente deseando que se olviden, papeles de Laos firmados por el capitán Kan en el asunto de Roldán cuando mandaban, y mucho, Teresa de la Vega y el ministro Belloc.
La sensibilidad ciudadana parece saturarse con una mezcla de hartazgo e indignación, trufado todo por una sensación de fatalidad histórica ante la impunidad con que se roba en nuestras narices y se hace ostentación de ello, que cual maldición bíblica, parece tener adormecida a la justicia, si no muerta y putrefacta. La sensación de estar instalados en el disparate y en la indefensión de las personas frente a los múltiples partidos políticos, sindicatos, patronales y otras organizaciones del mismo género y número, se ha visto acrecentada tras la última sentencia del TSJ de Andalucía avalando que asaltar comercios y amenazar o coaccionar durante una huelga no en un delito. Tal doctrina jurídica se ha “proclamado” en relación con el pintoresco Sánchez Gordillo, el que predica que actuar como Robin Hood es “muuuuy bueno”, parafraseando a Gallardón. Va a ser verdad lo que se decía antaño, que África comienza en Los Pirineos y que de Madrid para abajo, es tierra de moros.
Lo síntomas que aconsejarían en cualquier área social o económica aplicar cirugía drástica para evitar la muerte del enfermo, en el campo de la política no tienen virtualidad en España, máxime cuando los beneficiarios de pescar en ese mar revuelto, con ganancia de políticos y allegados, son las trapisondas de la casta gobernante de siempre, orlada con los aspirantes a tal condición caciquil que anexan los partidos según la aritmética parlamentaria para hacer de comparsa, si no carnavalera si de carnaval en cada legislatura, o parte de ella en el caso de Canarias, según los aires, sirocos o vendavales que lleguen de la Meseta.
Se tiene la sensación de que un escándalo tapa al anterior, de que van en aumento no sea que se acabe lo que se daba (nunca mejor dicho). Y como es esa misma casta política la que, según el sistema de autoprotección que se han fabricado, son los llamados a cambiar el estado de cosas, las esperanzas de regeneración ética desaparecen cual vistosas pompas de jabón.
Ahora ha saltado a la prensa la noticia de que el presidente del Parlamento, Antonio Castro Cordovez, y el resto de los miembros de la Mesa pagan 28.000 euros a una empresa privada para que les redacten sus discursos. Muy profesionales tienen que ser esos “negros”, como se dice en el argot literario, para hacer alocuciones sin decir nada y dándole el toque partidista a cada uno de ellos, según quien tenga que pronunciarlos. Al fin y a la postre, esos textos suelen ser pura palabrería novelística que pagan todos los contribuyentes con su esfuerzo.
Pero el toque “friky” de la semana, al más puro estilo frikigil, lo ha puesto en la SER Baltasar Garzón. Dice que los papeles de Bárcenas publicados en El País son “consistentes” y “creíbles”, aunque sean fotocopias sin contrastar. Dada la entonación peculiar de Garzón, tal vez quiso decir que eran “con sistentes” en una maniobra similar a los ya casi olvidados, o sectariamente deseando que se olviden, papeles de Laos firmados por el capitán Kan en el asunto de Roldán cuando mandaban, y mucho, Teresa de la Vega y el ministro Belloc.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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