Los mogollones del carnaval son como
los centros de rehabilitación de drogadictos o las casas de citas: nadie está
en contra de ellos pero tampoco los quiere al lado de su casa.
Primero fueron los vecinos de los
alrededores de Santa Catalina los que los denunciaron en los tribunales y ahora
son los empresarios del centro comercial Las Arenas los que se blindan ante las
noches del carnaval capitalino.
Hay gente a la que no le gusta el
carnaval y que incluso abomina de él, pero a la que nunca se le ocurriría
prohibirlo ni satanizarlo. Sin embargo, lo quiere cuanto más lejos mejor.
La gente espera ávidamente durante todo
el año el inicio del carnaval, aunque por motivos opuestos. Unos, para vivirlo
intensamente durante varias semanas. Otros, para alejarse de las zonas donde se
celebran los actos más multitudinarios. Para gustos, colores.
Es difícil conciliar los derechos de
los que les gusta el lío con los que prefieren la calma chicha. A un lado los
del barullo, al otro los del silencio. En medio, el ayuntamiento ejerce como
árbitro al que los jugadores y seguidores de los dos equipos van siempre a
cuestionar.
Si ya Santa Catalina era un sitio malo
para aparcar, El Rincón no va a ser mejor después de que la dirección de Las
Arenas anunciara que cerrará sus dos aparcamientos durante las noches de la
fiesta de los botellones.
Cardona y Sabroso serán los árbitros
(este último no solo en sentido figurado) que tendrán que buscar una
alternativa a 3.000 plazas de aparcamiento perdidas. El alcalde y el concejal,
partidarios de lo privado como buenos militantes del PP, tendrán que defender
sus guaguas municipales, aunque resulte extraño ver a políticos de derecha
reivindicando el transporte público.
Quizá ambos aprovechen el contratiempo
de la pérdida de aparcamientos para inventarse más zona azul en la ciudad, como
si no estuviéramos ya hartos de tanto parquímetro asfixiante. Nos cobran por
aparcar, por mirar y hasta por respirar.
Mientras a todos nos quitan por
existir, el último tesorero del PP se ha llevado crudos 22 millones de euros a
Suiza, aunque la secretaria general se haya adelantado a decir que ya no está
en el partido, como si los supuestos delitos no los hubiera cometido mientras estuvo
en él.
Cospedal dice que el caso Bárcenas no
afecta al partido, sino que es algo muy particular. Como el patio de
mi casa, que cuando llueve no se moja como los demás. Como los políticos
cobardes, trincones y bocazas que padecemos. Cuanto más lejos, mejor
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Indignado | Jueves, 31 de Enero de 2013 a las 20:17:12 horas
A Bárcenas habría que vestirlo de traje a rayas en estos carnavales, pero no solo él, muchos políticos más deberían estar en el trullo.
No les da vergüenza ver a tanta gente pasando hambre porque ellos comen a costa nuestra en restaurantes de lujo.
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