Que no es un escuela normal y corriente es algo que ya no nos coge de sorpresa, sobre todo si tenemos en cuenta los conflictos que han sacudido su buen funcionamiento durante los últimos años. Seguro que recuerdan el apoyo incondicional de los alumnos hacia el profesorado, víctima de los desencuentros políticos una vez más. Pues la que nos faltaba ahora es el afán de los profesores en desarrollar galas folclóricas con una agrupación que nada tiene que ver con la escuela. Hasta aquí todo bien. El problema es cuando esas actuaciones coinciden con el horario de clase. Más de un alumno mosqueado se ha dirigido personalmente a su tutor para que le explique cómo es posible que mientras él paga las clases, no las recibe, al menos en una decena de ocasiones en este curso porque hay actuaciones. Lo más gracioso fue la respuesta: "pregúntale a Narváez".






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