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Entusiasmo democrático en San Bartolomé de Tirajana

Viernes, 11 de Mayo de 2007
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pinchodecarteles.jpgMaspalomas Ahora / Antonio Hernández Lobo.- Ha comenzado la cuenta atrás en la carrera electoral en San Bartolomé de Tirajana y en toda Canarias. Hay actos simbólicos como el de la primera pega de carteles que continúan siendo un clásico en el repertorio de actos electorales de los partidos políticos. La participación política es uno de los pilares esenciales de la democracia. Consiste en la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, ya sea directamente, ya sea eligiendo a sus representantes, ya sea presentándose como candidatos a los cargos políticos o representativos. Por ello cualquier sistema democrático que se precie, debe propiciar la existencia de variados mecanismos que hagan posible la participación de los ciudadanos en los asuntos de interés general. Existen una serie de organizaciones cuya función consiste precisamente en promover este tipo de participación; entre otras, partidos políticos, grupos y foros de opinión, asociaciones vecinales, asociaciones empresariales, asociaciones juveniles, ampas, etc, etc. El ámbito espacial que nos interesa ahora es el municipal, aunque puede haber otros como el autonómico, el estatal, o el europeo. También existen otros campos de participación indirecta, como son las asociaciones de consumidores, las ONG, los sindicatos, etc. Por otro lado, podemos distinguir entre una participación activa y una pasiva. El primer tipo lo llevan a cabo aquellas personas que están afiliadas a partidos, asociaciones, etc., y que pueden ser candidatos (y, más tarde, cargos políticos), afiliados, militantes o simplemente simpatizantes que colaboran ocasionalmente en tareas políticas. Se caracterizan por defender públicamente una ideología, una forma de actuar, por trabajar –profesionalmente o sólo como militantes– para los grupos políticos, y por intervenir directamente en los debates públicos (ausentes en nuestro municipio) y en las campañas electorales. La participación pasiva se reduce a votar en las elecciones o simplemente a participar en los asuntos públicos de una manera individualizada desde el ámbito profesional, vecinal o cultural. La democracia se asienta en la participación ciudadana por cuanto admite que la soberanía radica en el pueblo, esto es, que el poder de decisión se asienta en los propios ciudadanos, quienes con sus votos eligen el sistema de gobierno que desean en cada momento. De ahí la importancia de las elecciones periódicas, ya que éstas constituyen el instante esencial donde los ciudadanos con derecho a voto expresan públicamente sus preferencias. Lo que si es cierto es que cercano en el tiempo tenemos la experiencia francesa con una elevadísima participación, rondando el 85%. El hecho no es nuevo. En las presidenciales de 1965 y de 1974 la participación superó el 84% en la primera vuelta. En las de 1981 y 1988 se batió el listón del 81%. Sólo en 1995 –con el 78,4%– y, sobre todo, en 2002 –el 71,5%– la bajó del 80%. Incluso en los referendos los franceses se movilizan grandemente. Este entusiasmo democrático contrasta con los pobres resultados en nuestro municipio y en Canarias. En todo caso, aquí una participación del 60% se considera normal. Y hasta magnífica. Quizá fuera preciso que miráramos más atentamente alrededor y que diagnosticásemos correctamente la enfermedad democrática que nos aqueja: la falta de ilusión. Sin embargo, la participación política no se agota en las citas electorales; es necesaria también la llamada ‘sociedad civil’, esto es, la existencia de asociaciones cívicas y culturales que permitan a los ciudadanos participar de una manera más directa e inmediata en los asuntos que les preocupan, como pueden ser la cultura, la solidaridad, la justicia, la economía, etc. Por último, este municipio adolece de debate real sobre políticas locales, quizás porque a las fuerzas hegemónicas no les interese, pero realmente sería necesario, sobre todo en las edades más jóvenes para dejar de escuchar la frasesita típica del pasotismo de la política, o el “eso es un rollo” que no me va ni me viene. Para ello, se debería: - Generar una cultura para la participación ciudadana que amplíe la visión y la intervención de la ciudadanía y esta fortalezca así su poder en el sistema democrático. - Combatir el posible rechazo de los ciudadanos por la política vinculado a la idea de que los políticos no cuentan con ellos en la toma de decisiones. - Verdaderos debates sobre temas concretos (Educación, Juventud, Desarrollo local e Integración laboral, Turismo, Discapacidad, Servicios sociales, Participación Ciudadana, etc.) entre las diferentes fuerzas políticas de nuestro municipio, aprovechando los diferentes medios de comunicación social, tanto públicos como privados de nuestro municipio, así como cualquier otro foro que se ofrezca a tal fin. En próximas entregas nos gustaría reflexionar por cuestiones que preocupan a la ciudadanía: Ley D´Hont, listas abiertas, etc.
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