Viviendo en San Borondón
Ajustes y recortes en educación (I)
JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA
Lunes, 23 de Abril de 2012 Tiempo de lectura:
Aunque tal vez el colmo de esperpento y de la sinrazón sean los “Cursos de patrón de yate” de la UGT valenciana, por 255.600 euros cada uno
Mucho se está comentando sobre el alcance que tendrán los llamados “ajustes” por el Gobierno de España, “recortes” por la oposición, la mayoritaria, y “recortazos” por la muy minoritaria oposición hasta de la oposición. Pero la realidad es que muy probablemente hablan, gritan y pancartean tan sólo con suposiciones, no con un conocimiento cabal de las propuestas. Tampoco parece que tengan muy claro en Génova y en La Moncloa el alcance de las medidas que, con prisas y sin pausas, han de tomar para intentar salvar al país de la ruina caracolera en que está sumido. Y esto es así, aunque a Rubalcaba, a Elena Valenciano y a su republicana corte, o cohorte, no les guste que se les recuerde, cuando con descaro inaudito alzan el gallito, que los lodos heredados de hoy son consecuencia de los polvos que legó su partido, no al PP, sino a todos los ciudadanos que ahora han de pagar y padecer aquellas pompas y aquellos Planes “E”, que para más sarcasmo y casticidad le ponían peineta a la sufrida y saqueada letra inicial de España, cosa que no parecía importar demasiado a los nacionalistas tramontanos. Claro que sólo mientras hubiera dinero que repartir.
Cualquier gestor sabe que, prácticamente, siempre es posible ajustar y mejorar la asignación de recursos en su empresa o institución. En tiempos de bonanza, ese esfuerzo no es prioritario y la atención suele centrarse en crecer o consolidar la posición de la entidad. Pero en momentos de crisis, cuando es difícil o imposible mejorar los ingresos o las ventas, se ha de entrar a saco en el capítulo de gastos, ajustando las asignaciones de recursos, a la vez que se recorta sin piedad lo superfluo. En ello va la supervivencia de la entidad. Esto es rigurosamente cierto en el caso de la actividad privada, pero no así en la pública. Probablemente los empresarios ya han realizado una gran parte de esa tarea y los que no han podido, o no han querido hacerla, han cerrado sus puertas poniendo a sus trabajadores en la calle. Los políticos, que no se juegan su patrimonio en la gestión, dejando a un lado la corrupción aparentemente generalizada en esta casta, han mirado para otro lado. Las autonomías incluso han incrementado su personal y nos han dejado a punto de caramelo para ser intervenidos, por su mala cabeza y no por deseos inconfesables de alemanes o del FMI.
Ahora se habla de recortes en educación en España y por ende en Canarias. Aunque la relación de partidas donde recortar es tan larga que su trascripción llevaría demasiado espacio, sirvan de ejemplo algunos de los cursos aprobados en el último Plan Canario de Formación Continua, financiados con fondos públicos, los mismos que muchos usuarios creen que no cuestan nada porque para ellos son gratuitos y que además les ayudarán a encontrar empleo. Algunos de los cursos propuestos por las Organizaciones Empresariales Canarias son: “Curso Superior para el desarrollo de habilidades comunicativas”, “Técnicas de Protocolo”, “Nóminas y Seguridad Social” (si no es para Graduados Sociales, ¿los acusará después su Colegio Oficial de intrusismo?), “Curso Superior de Recursos Humanos” (¡para parados!), “Curso superior de metodología para la enseñanza-aprendizaje y tutorizaciones de prácticas” (imprescindible curso para saber tutorizar a otros en la cola del paro), “Ley de protección de datos” (de sumo interés para que un parado no cometa un delito a la hora de redactar su currículo), “Elaboración practica del impuesto sobre sociedades”, “Técnicas de resolución de conflictos”, y así sucesivamente. Para reír, si no fuera un saqueo al erario y una burla a los parados.
Aunque tal vez el colmo de esperpento y de la sinrazón sean los “Cursos de patrón de yate” de la UGT valenciana, por 255.600 euros cada uno. Tal vez sea que necesitan contratar patrones para las embarcaciones de sus dirigentes y es al mismo tiempo una forma semánticamente peculiar de entender la “movilidad laboral” con que justifican el despropósito, aunque probablemente quisieron decir “navegabilidad laboral”. Por esto y por muchas cosas más, como diría Luis Aguilé, hay tela de sobra que cortar, ajustar y recortar y, si hubiera vergüenza, también para exigir la devolución del dinero publico gastado en hacer creer a los trabajadores en paro que cursos de tal ralea, les ayudarían a encontrar empleo. ¡Qué patronales, qué sindicatos, qué políticos!
[email protected]
Cualquier gestor sabe que, prácticamente, siempre es posible ajustar y mejorar la asignación de recursos en su empresa o institución. En tiempos de bonanza, ese esfuerzo no es prioritario y la atención suele centrarse en crecer o consolidar la posición de la entidad. Pero en momentos de crisis, cuando es difícil o imposible mejorar los ingresos o las ventas, se ha de entrar a saco en el capítulo de gastos, ajustando las asignaciones de recursos, a la vez que se recorta sin piedad lo superfluo. En ello va la supervivencia de la entidad. Esto es rigurosamente cierto en el caso de la actividad privada, pero no así en la pública. Probablemente los empresarios ya han realizado una gran parte de esa tarea y los que no han podido, o no han querido hacerla, han cerrado sus puertas poniendo a sus trabajadores en la calle. Los políticos, que no se juegan su patrimonio en la gestión, dejando a un lado la corrupción aparentemente generalizada en esta casta, han mirado para otro lado. Las autonomías incluso han incrementado su personal y nos han dejado a punto de caramelo para ser intervenidos, por su mala cabeza y no por deseos inconfesables de alemanes o del FMI.
Ahora se habla de recortes en educación en España y por ende en Canarias. Aunque la relación de partidas donde recortar es tan larga que su trascripción llevaría demasiado espacio, sirvan de ejemplo algunos de los cursos aprobados en el último Plan Canario de Formación Continua, financiados con fondos públicos, los mismos que muchos usuarios creen que no cuestan nada porque para ellos son gratuitos y que además les ayudarán a encontrar empleo. Algunos de los cursos propuestos por las Organizaciones Empresariales Canarias son: “Curso Superior para el desarrollo de habilidades comunicativas”, “Técnicas de Protocolo”, “Nóminas y Seguridad Social” (si no es para Graduados Sociales, ¿los acusará después su Colegio Oficial de intrusismo?), “Curso Superior de Recursos Humanos” (¡para parados!), “Curso superior de metodología para la enseñanza-aprendizaje y tutorizaciones de prácticas” (imprescindible curso para saber tutorizar a otros en la cola del paro), “Ley de protección de datos” (de sumo interés para que un parado no cometa un delito a la hora de redactar su currículo), “Elaboración practica del impuesto sobre sociedades”, “Técnicas de resolución de conflictos”, y así sucesivamente. Para reír, si no fuera un saqueo al erario y una burla a los parados.
Aunque tal vez el colmo de esperpento y de la sinrazón sean los “Cursos de patrón de yate” de la UGT valenciana, por 255.600 euros cada uno. Tal vez sea que necesitan contratar patrones para las embarcaciones de sus dirigentes y es al mismo tiempo una forma semánticamente peculiar de entender la “movilidad laboral” con que justifican el despropósito, aunque probablemente quisieron decir “navegabilidad laboral”. Por esto y por muchas cosas más, como diría Luis Aguilé, hay tela de sobra que cortar, ajustar y recortar y, si hubiera vergüenza, también para exigir la devolución del dinero publico gastado en hacer creer a los trabajadores en paro que cursos de tal ralea, les ayudarían a encontrar empleo. ¡Qué patronales, qué sindicatos, qué políticos!
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Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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