"Saber es poder"...cuando se sabe y si se puede
Las elites políticas de nuestras poderosas naciones no aciertan a resolver ni los problemas más coyunturales de la cohesión y la gobernanza, ni los más estructurales del persistente empobrecimiento y la continua corrupción
Mucho
se dice que en la cultura occidental hemos llegado a las sociedades del
conocimiento y que nuestra economía más competitiva es la de la I+D+I,
la de la investigación científica junto al desarrollo económico y la
innovación técnica, tres factores que dependen mucho de conocimientos
rigurosos y especializados. Asimismo, desde que el poder material y el
político en Occidente no se argumentan en vinculaciones y derechos
divinos, la riqueza y la autoridad se vienen justificando en la
confluencia de virtudes extraordinarias de sus detentadores, ramilletes
de excelencias personales y orgánicas en los que no puede faltar la
preciada flor de la sapiencia. Así que cabría esperar que como, cada
vez, sabemos más, los que toman las decisiones, día a día, lo hagan
mejor.
No obstante, en todos los órdenes del poder, presuntamente ilustrados y capaces, hay una pérdida de legitimidad sin precedentes. Las elites políticas de nuestras poderosas naciones no aciertan a resolver ni los problemas más coyunturales de la cohesión y la gobernanza, ni los más estructurales del persistente empobrecimiento y la continua corrupción. Mientras, las cúpulas del poder económico solo parecen saber generar crisis tras crisis, que indefectiblemente llevan a que los menos se enriquezcan más a costa del conjunto social, reos de un modelo de crecimiento que nos aboca a todos a una sobreexplotación insostenible de los recursos y los bienes naturales.
Las
propias instituciones científicas de conocimiento aplicado, junto a sus
agencias independientes de calificación, desde “las vacas locas” a la
“gripe aviar”, desde la excelente consideración de instituciones
financieras y sus productos, devenidos, de un día para otro, en notables
bancarrotas y estafas, hasta la validación de centrales nucleares que
se rompen, tampoco escapan al desconcierto y la desconfianza generales. Y
es que saber de la naturaleza y el mundo no es fácil, y aplicar los
conocimientos teóricos a una realidad compleja y cambiante, mucho menos.
Multitud de pensadores a lo largo de la historia no han dejado de
advertirlo.
En el siglo XVII, Francis Bacon, un adalid del conocimiento científico aplicado, del saber que es poder, ya advertía, no obstante, sobre las falsas nociones, los prejuicios y las actitudes preconcebidas de la mente humana que dificultan el acceso a un conocimiento auténtico. Él los denominó “Ídolos” y los agrupaba en cuatro clases: de la Tribu, propios de la propia naturaleza de nuestra especie y que llevan a la “mezcla [de] su naturaleza con la naturaleza de las cosas”; de la Caverna, los característicos de las idiosincrasias personales, “ya sea por la naturaleza propia y singular de cada uno o por la educación y trato con los demás”; del Foro, debidos a la dependencia excesiva del lenguaje, pues “las palabras ejercen una extraordinaria violencia sobre el entendimiento”; y del Teatro, provocados por la autoridad atribuida a los saberes tradicionales, “los cuales se impusieron por tradición, por credulidad y por negligencia”.
Con
todo, esta es solo la mitad de la cuestión, pues en una civilización
como la nuestra, donde priman los intereses e instituciones
particulares, materialistas y antisociales, auténticos saberes,
conocimientos relevantes y remedios contrastados permanecen relegados
por los defensores del modelo hegemónico, pese a quien pese. Así, la
evidencia genética de la unicidad de todos los miembros de la especie
humana, nuestra condición equivalente y “fraterna”, la necesidad del
pleno empleo, ajeno al lucro, en los ámbitos de interés comunitario y
ecológico o la plena viabilidad de las energías renovables frente a las
fósiles, junto a un sinfín de cosas que “ya se saben”, continúan
postergadas al necio imperio de los amos, el 1% de la humanidad.
¿Para cuándo el saber verdadero, será el poder auténtico?
Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.
http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.
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