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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

EL PERISCOPIO

Los informes Pisa, nos pisan la moral

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Ver comentarios 1 Domingo, 25 de Marzo de 2012 Tiempo de lectura:

España dio un paso adelante de la mano de unos profesores que amaban su profesión y que se sacrificaban en esos pueblos perdidos y sin apenas medios para ejercer

Cada vez que PISA emite un informe sobre Canarias parece que se estremecen los cimientos de la educación en estas islas. Nos pasan  por la cara fracasos y más fracasos, frustraciones y más frustraciones y nos recuerdan que la  forma de desarrollar  la enseñanza en esta tierra no es la idónea. Que estamos equivocados. Que nuestros métodos deben estar desfasados y que nos falta saber un poco más de sicología infantil para convertir a los sujetos de la educacien seres más perfectos, más instruidos, en personas responsables, serias  y más eficaces para la sociedad. En definitiva, que como no escarmentemos,  vamos -empleando una expresión muy canaria- “proa al marisco”. Luego resulta que nadie es culpable, pero si se analiza un poquito resulta que todos tenemos nuestra parte de culpa:  la sociedad,  la administración, los políticos, y si me apuran, los propios niños, por notener la suerte de vivir en la gélida Finlandia o en cualquiera de esos países que encabezan el ranking de países cultos, emprendedores, inventores y donde la responsabilidad es lo más preponderante, no una excepción, como parece ocurre en España y su apéndice atlántico de Canarias, a la que, por cierto, en los últimos tiempos no se le tiene ningún respeto. ¿Será porque, en el fondo, somos unos analfabetos?

El respeto hay que ganárselo, y pienso que ha de empezarse por el hogar y luego enlazar con la escuela, el instituto, la universidad, el centro de formación profesional. Muchos padres parece que han abandonado su rol de primeros educadores de la infancia. Si en el hogar falla la disciplina, la inculcación de valores éticos y morales, y consideran que “querer a sus hijos” es satisfacer todos sus caprichos, dejarles hacer lo que les viene en gana, sin encauzarlos, desde pequeños, en el respeto, en la autoestima, en la responsabilidad. No es correcto decir que todo eso lo aprenderán en la escuela y ya lo aprenderán cuando sean mayores. El árbol hay que enderezarlo cuando es  pequeño,  ya que cuando sea mayor,  es difícil, o imposible corregirlo.

 Si encima un niño o niña reciben malos tratos, o escaso afecto en su hogar, los resultados ya no pueden ser más catestróficos. Todo ello repercute negativamente en su educación y en su conducta a medida que van creciendo. Los niños son muy vulnerables en este sentido. Por otro lado, los niños, tienden a imitar lo que hacen, dicen o piensan sus padres, sus parientes, sus mayores. Si en la casa ven malos modales, falta de respeto, chillidos, insultos, y ni siquiera se interesan de cómo van en el colegio; si progresan o no progresan; si se portan correctamente o no; si no les animan a que estudien, a que se sacrifiquen, o a que hagan sus deberes; si no acuden al centro cuando se les convoca, o no aceptan ningún tipo de colaboración con quienes les instruyen, ya me dirán qué es lo que se puede esperar de este tipo de comportamientos y de los  alumnos .La familia tiene que involucrarse en la educación y ha de servir, además, de ejemplo, de modelo para sus hijos.

 El consejero de Educación de Canarias, José Miguel Pérez, consejero de Educación del Gobierno de Canarias, señalaba hace unos días  si en ese equipo faltan los padres,  ya se resiente el resultado. Pero si también falla el profesorado, por su falta de una adecuada formación, o de estímulos, o porque carece de vocación, la situación empeora.  Un profesor sin vocación es un peligro para los alumno y para la sociedad. Mejor es que se dedique a otra cosa. Un maestro no puede dormirse en los laureles una vez que ha aprobado una oposición que lo convierte en un funcionario del Estado. . Tiene que reciclarse, que innovar, que tratar de extraer el mejor resultado de sus recursos didácticos. Por eso, ante el reproche que se les hace de que tienen demasiadas vacaciones, creo que sería sensato que los profesores tuviesen un mes de vacaciones (como casi todo el mundo)  y que el tiempo que les queda para reincorporarse a las clases , deberían  realizar obligatoriamente cursos de renovación pedagógica, de reciclajes, viajes de estudios de idiomas (becados),  y ponerse al día, en suma. Al mismo tiempo es importante que reciban  todo el apoyo de la administración y de los directores de centros en sus conflictos y desavenencias con una parte tan importante de la comunidad educativa como es la familia. Las algaradas de progenitores, las agresiones y los insultos no son la mejor fórmula para solucionarlos.

Deben tener un salario digno, que al mismo tiempo les estimule, pero ha de exigírseles también un esfuerzo en su formación y de su rendimiento  después de salir de las Escuelas de Magisterio. No seamos como en la mayoría de los países de América Latina donde los docentes se las ven y se las desean para sobrevivir. Es una auténtica vergüenza, y podría explicar el grado de analfabetismo de las masas, su frustración, su falta de autoestima y el caos en buena parte de sus gobiernos, en contraposición con las oligarquías y gente pudiente que pueden permitirse el lujo de recibir otro tipo de educación que no sea la escuela pública. Ya en España hemos pasado por eso y es hora de desterrar la fresecita de que “pasas más hambre que un maestro de escuela”.

A pesar de los bajos sueldos, España dio un paso adelante de la mano de unos profesores que amaban su profesión y que se sacrificaban en esos pueblos perdidos y sin apenas medios para ejercer. Por eso la escuela pública debe volver a tener el prestigio que tuvo y eso se consigue con la sintonización y el esfuerzo  de todos los que componen la comunidad escolar: profesores, administración, alumnos y familia. Y claro está, con un esfuerzo económico que no contemple recortes en algo tan vital para el progreso de un país como es la educación y la cultura. Es una inversión que produce beneficios a corto y  largo plazo.

Otro aspecto que quería comentar es el de las largos períodos vacacionales  que disfrutan los alumnos. Podrían utilizarse  las vacaciones de verano para que los niños realicen actividades que sean de su agrado: campamentos, manualidades, nuevas tecnologías, recuperaciones, talleres, baile, danza, dibujo, cursos de natación, etc. La mayoría se organizarían en centros escolares, a través de monitores especializados, o en recintos deportivos, y en presencia de determinados padres, e incluso de  profesores interinos. Es una sugerencia. Todo es cuestión de organizarse racionalmente.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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