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Anónima Solidaridad

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Ver comentarios 1 Sábado, 24 de Marzo de 2012 Tiempo de lectura:

Los ciudadanos que mantienen viva su ilusión, su deseo de ser solidarios, son conscientes de que la solidaridad es un importante elemento aglutinador de la sociedad porque trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, etc

No es cierto del todo que la sociedad esté deshumanizada. Es posible que determinados sectores sí lo estén. Sectores que viven en una esfera dorada, con todo a su alcance, ignorantes de que existe un mundo más allá del que se circunscribe a sus intereses y egoísmos. Pero existe una mayoría ciudadana que cada mañana se esfuerza por salir adelante, por encontrar trabajo, por prepararse un futuro, por ayudar a los suyos en los momentos de decaimiento.


Los ciudadanos que mantienen viva su ilusión, su deseo de ser solidarios, son conscientes de que la solidaridad es un importante elemento aglutinador de la sociedad porque trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, etc. para instalarse en el ser humano, en cualquier ser humano. En esta sociedad del despilfarro en la que estamos inmersos, hay múltiples ocasiones para ser solidarios. En nuestro entorno, muy cerca de nosotros hay cada vez más personas que carecen de comida.


Un ejemplo de esa sociedad solidaria, humana, lo tiene, casi a diario, el Banco de Alimentos de Las Palmas, al que se acercan personas anónimas a donar alimentos, a aportar recursos económicos; personas que, por ejemplo, organizan una comida en su casa para sus amigos y piden a los asistentes que traigan algún alimento no perecedero para ser entregado al Banco, personas que cada mes transfieren una cantidad de dinero de acuerdo a sus posibilidades. Son, en definitiva, aportaciones que, sin hacer ruido, sin tener que hacer alardes, están contribuyendo al mantenimiento del Banco de Alimentos de Las Palmas, además de demostrar que, frente a esa sociedad vacía de valores y llenas de egoísmos, está otra que es capaz de compartir generosamente no sólo sus posibilidades materiales sino algo mucho más preciado que es su tiempo para echar una mano a los demás.       


Y eso se hace sin vocearlo a los cuatro vientos, sin buscar la foto, ni los laureles del halago porque esa sociedad es consciente de que hoy se necesita de toda la generosidad y buena voluntad humana para remediar tanta necesidad que padece mucha gente honrada esquilmada y hasta humillada por una crisis cada vez mayor. Todas estas personas que practican anónimamente la solidaridad, tienen muy claro que la misma es, ante todo, una cuestión de justicia, y sólo supletoriamente de caridad.


Hay que poner al alcance de todos -incluso de los más débiles como los niños, los ancianos, los enfermos físicos y mentales- los medios necesarios para su completo desarrollo humano en libertad. El impulso solidario puede nacer de un buen sentimiento ante un hecho excepcional, pero debe alimentarse de una voluntad firme y constante de darle a cada uno lo suyo.


Entre el sentimentalismo ocasional, y el paternalismo clientelista al que son tan aficionados los políticos, es necesario que los dirigentes de la sociedad que eligió a la economía libre como medio para organizar el trabajo y el intercambio, asuman que su responsabilidad no termina en la actividad que tiene como meta el bien común. En el último medio siglo se delegó esta tarea en los gobernantes. Ha llegado el momento de que los colectivos sociales se reúnan, movilicen y pongan en común sus recursos, y construyan un espacio social en el que la solidaridad y la libertad se potencien mutuamente.


Uno de los desafíos que debemos enfrentar creativamente es la necesidad de institucionalizar la solidaridad. Para hacerlo es indispensable tener una filosofía social, porque si no se tiene claro que el ser humano es el sujeto de la vida social, que él es el primer responsable de intentar ayudar a sus necesidades, y que nadie puede hacerlo sin contar con la cooperación de sus semejantes, es probable que el discurso en torno de la solidaridad se torne manipulativo de las personas y no busque su auténtica promoción.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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