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Exagera y alarma… que algo queda

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Ver comentarios 1 Lunes, 12 de Marzo de 2012 Tiempo de lectura:

Apelar al riesgo que improbablemente tuviera el petróleo para el turismo dentro de 20 o 30 años, a mi entender, es un sarcasmo que nos podían ahorrar

Los políticos en general, y los canarios muy en particular, son dados a las exageraciones y a la creación de alarmas por cosas que después muy raramente suceden.  Pero mientras tanto siembran el miedo entre las gentes sencillas que no tienen, o no quieren tener, información fiable sobre esos asuntos para poner racionalidad en las polémicas y las alejen de creencias, prejuicios o consignas partidistas.  A veces basta, simplemente, con aplicar un mínimo sentido común.  Buscan ganar unos votos confiando en la poca memoria que para aquellas noticias, guarda la población a poco que pase algo de tiempo sin comentarlas y el escaso uso que se hace de hemerotecas, fonotecas y videotecas accesibles en Internet, incluso entre los profesionales de la información y comentaristas de los medios de comunicación.

El “Ecoalarmismo, S.A.” y sus diversas variantes y sucursales para asuntos alimentarios o de consumo, ha sido siempre fuente de agitación popular polítiquera y demagógica.  ¿En qué quedaron aquellas manifestaciones, con pancartas por delante como las cruces en los entierros de antaño, en contra del agujero en la capa de ozono, después transmutado en algo más tremebundo como es el cambio climático? ¿Dónde están aquellos políticos y sindicalistas que aseguraban tener pruebas científicas de que las fotocopiadoras eran abortivas y que, por lo tanto, las trabajadoras embarazadas no debían acercarse a ellas en jornada laboral? ¿Y los que decían que las pantallas de los ordenadores, antes lo habían asegurado de los televisores, emitían toda clase de rayos cancerígenos, por lo que se debían usar filtros de nylon para protegerse, aunque ahora les baste con un simple cactus junto al monitor, a esos cruzados en guerra sin cuartel contra las ondas electromagnéticas?  ¿Quién nos compensa ahora del sufrimiento moral y de la mala conciencia que suponía afeitarse por la mañana usando un spray de espuma, en la creencia fanática de que estábamos contribuyendo a destruir nuestro “planeta azul”, que predicadores modelo Al Gore y sus derivados se empeñan en vociferar que es “verde”?

En estos días el presidente del Gobierno de Canarias, manifestó en el pleno del Parlamento su oposición a las prospecciones petrolíferas cerca de las costas canarias y a la eventual explotación de crudo, ya que serían un riesgo para el turismo sin aportar ventajas económicas para las islas.  Pero, como buen político nacionalista, su oposición a que el Ministerio de Industria autorice a Repsol prospecciones petrolíferas al este de Fuerteventura y al sureste de Lanzarote, es tan sólo “en este momento”.  En otras palabras, que no es una cuestión de sólidos argumentos tomados de los eco alarmistas ni de un análisis racional de las probabilidades de tener algún presunto, y más que presunto, problema de vertidos.  Es, en esencia, una cuestión de precio.  La situación recuerda el argumento de la película “Una proposición indecente”, o aquel viejo chiste en el que un señor le pregunta a una dama si se acostaría con él por 1000 euros.  Ella, indignada, le espeta que cómo se atrevía a hacerle esa proposición por esa cantidad, que qué creía que era ella.  Lo que es usted está ya muy claro, replica el señor, ¡ahora sólo hay que fijar el precio!

Pero lo más paradójico del asunto es que sólo se está tratando de autorizar prospecciones, no de montar plantas de extracción o de refino.  Que si hubiera petróleo o gas y fuera económico explotarlo, tendrían que pasar más de diez años o, en términos parlamentarios, al menos tres legislaturas.  Canarias, mejor dicho, estos políticos canarios con capacidad decisoria, serían tal vez los únicos en el mundo que se nieguen a permitir averiguar si hay riqueza en el subsuelo de su zona de influencia.  Y lo hacen, proclaman, por responsabilidad.  Ellos son muy dados al uso y abuso de este término, que según el DRAE,  “es la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”, pero que casi nunca se ha visto a nadie asumir responsabilidad alguna, dimitiendo o cesándolo su partido, y devolviendo el dinero malgastado, si ese fuera el supuesto.  “Se van de rositas”, es el aforismo popular acuñado de muy antiguo.

Apelar al riesgo que improbablemente tuviera el petróleo para el turismo dentro de 20 o 30 años, a mi entender, es un sarcasmo que nos podían ahorrar.  Eso sin contar que, ante un muy poco probable vertido, los afectados estarían en las Islas de Cabo Verde, hacia donde arrastran las corrientes marinas todo lo que flota.  Cabe recordar, más que nada para que “asuman” sus responsabilidades, las exageraciones y alarmas avivadas por algunos políticos contra la macro cárcel de Juan Grande, cuanto decían a crédulos vecinos con que tal instalación ahuyentaría a los turistas trayendo la ruina generalizada a Gran Canaria.  ¿Dimitirán ahora por aquellas mentirijillas?  Antes, como cantaba Juan Luis Guerra, lloverá café en el monte.

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Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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