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XAVIER APARICI GISBERT

Cáritas: Cara y Cruz (y II)

XAVIER APARICI GISBERT Lunes, 05 de Marzo de 2012 Tiempo de lectura:
Resulta paradójico que Cáritas española, tras décadas de actividad con la misión de “ser (…) para los pobres” y con los principios de “(…) la total oposición a todas las formas de pobreza, opresión, injusticia y desigualdad social”; estando avalada por la doctrina social de la iglesia católica y por rigurosos informes sobre la situación socioeconómica en el país; disponiendo de los mayores apoyos privados y públicos para realizar sus objetivos y; contando en sus cometidos con el mayor número de las personas involucradas, voluntariamente, en el sector de lucha contra la precariedad, sea tan sumisa ante los poderes institucionales y los fácticos.
 
Los poderes públicos, al margen de que contribuyan en mucho al sostenimiento de las  actividades de Cáritas, en nuestro estado están obligados a los mayores esfuerzos para garantizar las mejores condiciones democráticas, sociales y económicas al conjunto de su ciudadanía. Y los poderes económicos privados –desde los bancos a las grandes empresas-, aunque apoyen materialmente a Cáritas como a ninguna otra organización, además, en cada ocasión que se presenta, hacen gala de su compromiso con los valores sociales de la cristiandad. 

No obstante, desde la reinstauración de la democracia –por no ir más atrás-, ni los dirigentes políticos de los sucesivos gobiernos del estado, con su enorme poder público, ni “el poder del dinero”, con todo lo que puede, han cumplido medianamente, ni en tiempos de “vacas gordas”, ni de “vacas flacas”, con sus ineludibles fines, o con sus comprometidas responsabilidades. Ambas élites, han estado atentas a aumentar sus propios privilegios y sus mutuas conveniencias, pero de solucionar la pobreza, nada de nada. Siendo que España es uno de los estados más ricos del mundo. Y, siendo que, además, el nuestro es uno de los estados que mejor trata a la iglesia católica, como bien sabe la conferencia episcopal española, “la patronal” de Cáritas.

En año 2007, el Gobierno  del PSOE presidido por Rodríguez Zapatero, había acordado el incremento estable de un 34% de la asignación que los obispos reciben de Hacienda cada año. Y en el 2010, el ejecutivo, “socialista y laico”, detuvo la publicación de la Ley de Libertad Religiosa que había tramitado. Hoy, La Iglesia, tras los recortes decretados por el nuevo Gobierno del Partido Popular, continuará recibiendo –de subvenciones y donaciones económicas, por cesiones de terrenos y a través de exenciones fiscales, según estimaciones - unos 10.000 millones de euros al año. La Iglesia, que es la mayor “casera” privada del país, seguirá sin pagar el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI), ese que el Ejecutivo “popular” ha aumentado para el conjunto del “pueblo soberano”. ¿Así es como entiende el Partido Popular mantenerse fiel al humanismo cristiano, tal como han vuelto a votar sus delegados y delegadas en su último congreso?

En situaciones de opulencia general, o mientras hayan recursos para compartir, ni los valores democráticos contemporáneos, ni la moral cristiana actual, aceptan la pobreza sino como una de las más claras formas de injusticia económica y humanitaria. De derecho, no hay ciudadanos y ciudadanas “pobres” en España, hay empobrecidos y excluidos, indignamente. Y según la ética social de la iglesia católica, lo mismo.

No obstante, el presidente de la conferencia episcopal y vicario de la archidiócesis de Madrid, el cardenal Rouco Varela, acaba de desautorizar el envío a las parroquias de un comunicado muy crítico con la última reforma laboral, por entrar en contradicción con la propia doctrina social eclesiástica, según la entienden dos movimientos obreros de Acción Católica.

En Cáritas, miles y miles de personas voluntarias, por convicciones religiosas y sociales,  se afanan, día a día, por aliviar la injusticia de los marginados y esperando llegar a dejar de ser necesarias si quienes tienen el poder legítimo y la riqueza material cumplen, por fin, las leyes -religiosas, en el caso de los que se definen como cristianos y laicas, en el caso de los políticos-. Desde hace décadas y hasta hoy, en vano. Y continúan en silencio ante quienes mandan, indignamente, en la “iglesia pobre y para los pobres”. Y ante quienes, fuera de ella, dirigen el “estado social y democrático de derecho” privilegiando a los más ricos ¿Hasta cuándo?

Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.
http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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