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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

El Hogar de Tafira, un ejemplo a imitar

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Martes, 28 de Febrero de 2012 Tiempo de lectura:

No debe confundirse con la residencia de Ancianos Nuestra Señora del Pino, situada en el antiguo hospital del mismo nombre

Es bueno saber que cuando a uno le abandonan las fuerzas, cuando se va quedando solo, o cuando los familiares deciden que el mejor lugar para que transcurra la vejez, sea con achaques o sin ellos, existen centros donde la estancia es agradable y en la que hay personas que tratan de hacerte la vida lo más feliz posible.

Fue en el siglo XIX cuando se empezó a plantear la sociedad de esta isla que era necesario atender a los ancianos, especialmente a aquellos que no tenían recursos y que estaban realmente desamparados, porque los que eran pudientes, aunque no tuviesen  familias, poseían los medios suficientes para disfrutar de  una vejez tranquila y  ser atendidos. Y los que contaban con sus familias y eran de clase media para arriba, generalmente, sus descendientes se ocupaban de ellos.

En Las Palmas de Gran Canaria fue instalado por primera vez el Asilo  el 4 de noviembre de 1892 y fue regido por las llamadas Hermanitas  de los Ancianos Desamparados.

Esta congregación había sido fundada por el sacerdote Saturnino López Novoa , el 27 de enero de 1873, con la colaboración de Teresa de Jornet e Ibars, que ha sido elevada a los altares.  También se encuentra en proceso de canonización el fundador, Saturnino López. Los asilos se extendieron por distintas partes del mundo y hoy estas hermanas atienden 210 casas, con un total de 26.000 ancianos, de los que 15.300 están en España y más de 10.000 en otros países.

Hecha esta introducción me referiré al Hogar de Ancianos Deseamparados de Las Palmas Nuestra Señora del Pino de Tafira, que, como todos sabemos, estuvo anteriormente  en la  calle Primero de Mayo. No debe confundirse con la residencia  de Ancianos Nuestra Señora del Pino, situada en el antiguo hospital del mismo nombre.

Con algunos de los antiguos miembros del grupo senderista Caminantes de Gran Canaria, realizamos una visita  a este centro el pasado sábado, día 25 de febrero. Nos dio la bienvenida la madre superiora  Manuela Couto, y luego realizamos un recorrido por todo el edificio de la mano de un gran colaborador de este asilo, y también andarín  de nuestro grupo, Hermelindo Navarro, que hizo de cicerone y nos llevó a todos los rincones del centro: cocina, frigoríficos, sala de conferencias,  teatro, almacenes, dormitorios, comedores (hay nada menos que ocho) iglesia, peluquería, lavandería, talleres, zonas de ocio y actividades varias, sala de rehabilitación, etc. Nos iba explicando el funcionamiento del asilo, y a veces nos aclaraban detalles  alguna de las catorce monjas que trabajaban en los diversos departamentos existentes. Una gran vocación, paciencia, y amor a los ancianos es lo permite a estas mujeres que lo han dejado todo, realizar la maravillosa labor social que desempeñan, muy digna de elogio por quienes conocen esta obra. De hecho, son bastantes las instituciones que han reconocido tales méritos concediéndoles premios y honores.

Se aprecia el orden que impera, la limpieza, tanto en el interior como en el exterior del edificio, y especialmente, la atención y el buen trato que reciben los asilados. Es palpable la excelente calidad de vida de la que disfrutan. En total viven  en este centro 400 ancianos de ambos sexos, de los cuales el 60 por ciento pagan su alojamiento con lo que perciben de la beneficencia, entre 400 o 500 euros al mes. El resto son personas que pueden pagar entre 1.000 y 1.500 euros mensuales.

En total trabajan en el Hogar de los Desamparados unas 80 personas que ejercen las más variadas profesiones y especialidades. El mantenimiento de un centro como este es muy costoso. Las ayudas oficiales son escasas, (una  subvención del Cabildo Insular cubre la asistencia social) pero el centro recibe donaciones personales o de diferentes empresas,  e  instituciones como Cruz Roja, el Banco de Alimentos, La Casa de Galicia (sobre todo en la época de Navidad), etc.  y la inestimable colaboración de numerosos voluntarios que se ofrecen para ejecutar las más variadas tareas. La solidaridad y la generosidad no les falta y por eso  pueden sobrevivir en esta crisis que lo mina todo. También suelen recibir la visita de cantantes, de grupos de teatro, de ballet, etc. que actúan de forma gratuita a lo largo del año.

El nuevo hogar de Tafira surgió después de la donación de 400.000 metros cuadrados de terreno que hizo en 1963 Vicente Hernández. Si el interior aparece pulcro y bien organizado, sus alrededores  cuentan con un espacioso jardín, estatuas y un estacionamiento para visitantes. Por cierto en esta lugar hay una jaula con periquitos. En la jaula había 60 pájaros canarios, pero un día llegaron unos desaprensivos ladrones que con nocturnidad y alevosía rompieron la jaula y  los robaron, junto a 20 botes  de pinturas situadas en las cercanías.   Después del suceso, unas personas generosas regalaron cien periquitos y cuarenta botes de pintura. Como vemos, aquí tenemos la constante lucha entre el bien y el mal.

Agradecemos a la superiora las atenciones recibidas, así como a toda la comunidad. No hace mucho leí un reportaje de José  Febles Felipe, publicado en el periódico La Provincia, donde también vi algunos comentarios de lectores. Uno de ellos, escrito por una trabajadora del Asilo,  decía: “la longevidad transmite amor, paz, sabiduría... Atender a este colectivo es un aprendizaje continuo que te hace crecer como persona. Son tan agradecidos que siempre te recompensan la atención que les brindas, bien con palabras, gestos o miradas que te llegan al alma”.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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