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XAVIER APARICI GISBERT

En estado de emergencia democrática

XAVIER APARICI GISBERT Lunes, 30 de Enero de 2012 Tiempo de lectura:

Estamos en un estado de emergencia democrática. Lo que está en juego es nuestro sistema de igualación y de redistribución social, política y económica a favor del conjunto de la ciudadanía, no nuestras capacidades de supervivencia material.

La llamada globalización neoliberal ha traído el expolio económico y el desposeimiento democrático generalizados. Utilizado, desde sus inicios, todas las herramientas sociales de explotación y manipulación a su alcance, esta conspiración, promovida por las élites de poder internacionales “desde arriba”, ha podido cumplir, hasta el presente y con relativa facilidad, sus objetivos a escala planetaria.

Por eso, el fiasco del casino financiero global en 2008, lejos de traer la asunción de responsabilidades para sus causantes, por los gravísimos problemas de solvencia y confianza económicas originados, sólo ha servido para evidenciar la magnitud de la indignidad del Neoliberalismo y el alcance del dominio que los poderes fácticos internacionales ejercen sobre las supuestas soberanías nacionales. Por eso, la nueva hegemonía capitalista, tras la debacle de la traumática contracción del crédito y de la inversión ocasionada, ha impuesto, además, la socialización de las pérdidas a los estados nación y a sus ciudadanías.


Con todo, en realidad, no se trata de economía, se trata de política. Pues no ha habido, aún, una auténtica crisis -natural, energética, social o en la economía “real” (la de los bienes y los servicios)- que justifique esta feroz recesión o que aconseje las severas recetas de austeridad selectiva que se imponen por doquier. Efectivamente, el abrupto cierre generalizado de acceso a la financiación privada y la ausencia de cauces alternativos públicos de obtención de crédito, están precipitando a multitud de empresas a la bancarrota y ocasionando una enorme destrucción de empleos que, de seguir así, nos pueden llevar a un colapso mundial. Pero, estas políticas económicas son, en última instancia, el “caballo de Troya” que las fuerzas e instituciones neoliberales están empleando para doblegar los regímenes políticos que todavía defienden los derechos humanos universales y que, por ello, imponen cortapisas a los poderosos.


Tras haber esquilmado los recursos económicos públicos y particulares con el cambalache de la “financiarización” de las necesidades materiales de las administraciones y las familias, ahora, el Neoliberalismo pretende cercenar los sistemas democráticos para consolidar su antihumanitaria, avariciosa y suicida oligarquía. La expresión de este catastrófico dominio en nuestra sociedad canaria se expresa soportando los costes de vida más altos y los salarios más bajos de España. Y en, además, padecer un creciente desempleo que afecta ya a más del 30% de la población trabajadora. La histórica dualización socioeconómica carpetovetónica también tiene mucho que ver con estos estragos. Así, mientras la precariedad económica y la exclusión social arrecian en la ciudadanía, los poderes legítimos y los fácticos persisten -por inercias o por conveniencias- en actitudes irresponsables, prácticas contraproducentes y estrategias inútiles para la urgente recuperación.


Estamos en un estado de emergencia democrática. Lo que está en juego es nuestro sistema de igualación y de redistribución social, política y económica a favor del conjunto de la ciudadanía, no nuestras capacidades de supervivencia material. La economía –siempre debió de ser así- es, prioritariamente, el conjunto de actividades que los colectivos humanos precisamos llevar a cabo para asegurarnos, solidariamente, las condiciones de subsistencia digna. Y, logrado este requisito de cuidado humanitario, todo lo demás que, equitativa  y medioambientalmente, sea posible producir y sostener. Ahora lo sabemos, aunque limitados y en riesgo, aún contamos con recursos y habilidades de sobra para cumplir con los objetivos socioeconómicos fundamentales y para bastante más. Pero no sin responsabilidades políticas y ecológicas.


Así que, si buscamos un empleo decente, si deseamos una sociedad sin excluidos ni miserables, debemos defender nuestro imperfecto sistema democrático frente a los nuevos usurpadores. Para contribuir, personal y colectivamente, a profundizarlo en sus objetivos y alcances. Aunque en democracia cada ciudadano y cada ciudadana comparte la soberanía conjunta y cuenta, el interés general, en las duras y en las maduras, sólo prevalece cuando la ciudadanía se une para defenderlo. A la vista está.



Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.

http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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