El Periscopio
¿Puede esperar el efecto invernadero?
La emisión continua de miles y miles de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera (CO2) constituye una de las causas principales del cambio climático
La cumbre sobre el cambio climático que la ONU organizó en el ciudad sudafricana de Durban ha constituido un fracaso, según las más destacadas organizaciones ecologistas del mundo. En España la diputada de OCV, Laia Ortiz ha dicho que esta Cumbre “no aporta soluciones para abordar el cambio climático y reducir las emisiones de forma efectiva y urgente”, como requiere la situación actual.
Cuando ya llegamos tarde a esta situación que se viene planteando desde hace años, “la solución no es la prórroga de medidas coordinadas, globales e inmediatas”, sino que se necesitan la intervención de todas las naciones del globo, y especialmente el apoyo de las que se consideran más industrializadas, o sea, más contaminantes. Si se echan atrás Estados Unidos, Rusia, China y otros países emergentes de evidente crecimiento industrial y de saneado desarrollo económico, todo lo que se diga en este tipo de cumbres es sólo papel mojado. No existe un auténtico compromiso, ni siquiera para reforzar el llamado Protocolo de Kioto, sino todo lo contrario. El cambio climático está ahí (comprobado científicamente) y el negarlo es como si se negara (como algunos han hecho) la actual crisis económica que envuelve a la mayoría de los países del mundo y que castiga duramente a España, entre otros países de la comunidad europea. El Protocolo de Kioto era el único instrumento de reducción de emisiones de CO2 y obligaba a los cuarenta países más industrializados a disminuir sus emisiones de gases tóxicos.
La emisión continua de miles y miles de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera (CO2) constituye una de las causas principales del cambio climático. Es la culpable de esas terribles sequías en países africanos y de otros continentes; de que se desaten terribles tempestades, con lluvias torrenciales que arrasan, inundan y causan muertes; de continuos huracanes, tifones y de destructivas olas gigantes.
Se precisa “un cambio del modelo energético; de movilidad, urbanístico y de las políticas que han aplicado tanto el PSOE como el PP en España en las últimas décadas”, asegura la mencionada Laia Ortíz, quien agrega que “han llevado al colapso económico y a la insostenibilidad ambiental”. Lo peor es que aquí, en Canarias, (no sé si decir, por aquello de “una hora menos” en Canarias, o tal vez, un siglo menos) tenemos suelta por ahí una fauna humana que sigue con su empeño de basar la economía de esta tierra sólo en el sector turístico, (como si esto fuera eterno y garantizado) a costa de seguir destrozando el litoral, de mantener las horribles urbanizaciones turísticas en laderas, costas y barrancos que se han levantado, sin tener en cuenta la estética, el ordenamiento territorial, la planificación urbanística, el impacto medioambiental, etc. ; de darle la preferencia a la construcción y olvidándose completamente de recursos más sostenibles y racionales, de otros sectores que, en esta tierra, no sólo serían necesarios, sino que podrían reforzarse o desarrollarse fácilmente.
Por su parte, Green Peace califica la Cumbre de Durban de “fracaso”, y además, se observa la retirada de apoyo y falta de compromiso al Protocolo de Kioto. Una moratoria absurda, mientras la Tierra agoniza. No es para tomárselo a broma. Y tenemos ahí una generación de políticos irresponsables que no ven más allá de sus narices (y creo que lo estamos viendo ahora mismo con la crisis económica) y que, además, no defienden un desarrollo sostenible.
Y mientras estos lamentables desacuerdos suceden, vemos como crecen las mareas de forma desorbitada y amenazante; nuestras ciudades son irrespirables; la contaminación se extiende a mares, ríos, lagos y terrenos de cultivos; la desforestación aumenta y, por tanto, avanza la desertización, la sequía, y las hambrunas, y surgen los campos de refugiados, que son atendidos, en su mayoría, por organizaciones humanitarias, al fracasar también la atención que muchos gobiernos (gran parte de ellos dictatoriales) deberían ofrecer a sus ciudadanos, estableciendo los servicios más elementales: sanidad, educación, viviendas, justicia para todos, infraestructuras, respeto a los derechos humanos, atención a la infancia, apoyo a las iniciativas privadas, etc.
Responsables de Green Peace, refiriéndose a las conclusiones de la Cumbre de Durban, han declarado que “se ha elegido escuchar a los contaminadores por encima de la gente”. También aseguran que se ha fracasado en el refuerzo de medidas anteriores de protección del clima. Como se ve: pocas esperanzas hay para las generaciones futuras, porque, de seguir así, la situación se irá agravando..
Sigamos, pues mirando hacia otro lado, mientras lo dicho anteriormente no se va a detener. Sigamos retardando la ofensivas contra los agentes que contribuyen a que haya un cambio climático negativo. Sigamos oponiéndonos a que se desarrollen al máximo las energías alternativas limpias, no contaminantes (aunque en Canarias haya muchas posibilidades de instalarlas con éxito) Sigamos deteriorando nuestro litoral, nuestro paisaje, nuestros terrenos de cultivo o pastorea, con con construcciones fuera de toda lógica de ordenamientos urbanísticos. Sigamos empeñados con la construcción de grandes muelles deportivos y campos de golf (en detrimento de campos de cultivo). Sigamos ofreciendo ayudas y subsidios a las financieras y banqueros que son los máximos responsables de la actual crisis económica. Sigamos disminuyendo nuestros espacios naturales, haciendo desaparecer su flora y su fauna, “los animalillos y las hierbas” que para algunos, poco aportan y para nada sirven. Sigamos defendiendo la utilización de gasificadoras y de combustibles fósiles y tóxicos, porque así le hacemos la cama a las empresas petroleras y a los circuitos comerciales. Sigamos sumiendo a nuestra tierra (a la nuestra de Canarias, y al planeta en que vivimos) en un mar de pobreza, de insostenibilidad y de irresponsabilidad … No tenemos próceres que nos defiendan ni nos alumbren el buen camino del futuro.
Aludiendo a la asamblea celebrada en Sudáfrica, Ecologistas en Acción señala que “la Cumbre de Durban elimina la justicia y crea un apartheid climático”. Por encima de todo están los intereses económicos y comerciales dominantes. Los más terribles son los de las petroleras cuyo poder de contaminación comprobamos día a día con nuestras atestadas calles repletas de vehículos a motor; con esas fábricas y centrales que expiden gases tóxicos. Ellos, junto con las fábricas de vehículos tradicionales, son los que presionan para que ciertos medios de difusión, para que no cale en la sociedad y en el mundo empresarial, se opongan a medios de transportes de energías limpias como trenes eléctricos, coches impulsados con energía eléctrica o alimentados con biocombustibles, o energía solar. Es una utopía que no están dispuestos, en su mayoría, a defender.
El procoloco de Kioto ha quedado vaciado de contenido. Y los gases de efecto invernadero seguirán emitiéndose.
Cuando ya llegamos tarde a esta situación que se viene planteando desde hace años, “la solución no es la prórroga de medidas coordinadas, globales e inmediatas”, sino que se necesitan la intervención de todas las naciones del globo, y especialmente el apoyo de las que se consideran más industrializadas, o sea, más contaminantes. Si se echan atrás Estados Unidos, Rusia, China y otros países emergentes de evidente crecimiento industrial y de saneado desarrollo económico, todo lo que se diga en este tipo de cumbres es sólo papel mojado. No existe un auténtico compromiso, ni siquiera para reforzar el llamado Protocolo de Kioto, sino todo lo contrario. El cambio climático está ahí (comprobado científicamente) y el negarlo es como si se negara (como algunos han hecho) la actual crisis económica que envuelve a la mayoría de los países del mundo y que castiga duramente a España, entre otros países de la comunidad europea. El Protocolo de Kioto era el único instrumento de reducción de emisiones de CO2 y obligaba a los cuarenta países más industrializados a disminuir sus emisiones de gases tóxicos.
La emisión continua de miles y miles de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera (CO2) constituye una de las causas principales del cambio climático. Es la culpable de esas terribles sequías en países africanos y de otros continentes; de que se desaten terribles tempestades, con lluvias torrenciales que arrasan, inundan y causan muertes; de continuos huracanes, tifones y de destructivas olas gigantes.
Se precisa “un cambio del modelo energético; de movilidad, urbanístico y de las políticas que han aplicado tanto el PSOE como el PP en España en las últimas décadas”, asegura la mencionada Laia Ortíz, quien agrega que “han llevado al colapso económico y a la insostenibilidad ambiental”. Lo peor es que aquí, en Canarias, (no sé si decir, por aquello de “una hora menos” en Canarias, o tal vez, un siglo menos) tenemos suelta por ahí una fauna humana que sigue con su empeño de basar la economía de esta tierra sólo en el sector turístico, (como si esto fuera eterno y garantizado) a costa de seguir destrozando el litoral, de mantener las horribles urbanizaciones turísticas en laderas, costas y barrancos que se han levantado, sin tener en cuenta la estética, el ordenamiento territorial, la planificación urbanística, el impacto medioambiental, etc. ; de darle la preferencia a la construcción y olvidándose completamente de recursos más sostenibles y racionales, de otros sectores que, en esta tierra, no sólo serían necesarios, sino que podrían reforzarse o desarrollarse fácilmente.
Por su parte, Green Peace califica la Cumbre de Durban de “fracaso”, y además, se observa la retirada de apoyo y falta de compromiso al Protocolo de Kioto. Una moratoria absurda, mientras la Tierra agoniza. No es para tomárselo a broma. Y tenemos ahí una generación de políticos irresponsables que no ven más allá de sus narices (y creo que lo estamos viendo ahora mismo con la crisis económica) y que, además, no defienden un desarrollo sostenible.
Y mientras estos lamentables desacuerdos suceden, vemos como crecen las mareas de forma desorbitada y amenazante; nuestras ciudades son irrespirables; la contaminación se extiende a mares, ríos, lagos y terrenos de cultivos; la desforestación aumenta y, por tanto, avanza la desertización, la sequía, y las hambrunas, y surgen los campos de refugiados, que son atendidos, en su mayoría, por organizaciones humanitarias, al fracasar también la atención que muchos gobiernos (gran parte de ellos dictatoriales) deberían ofrecer a sus ciudadanos, estableciendo los servicios más elementales: sanidad, educación, viviendas, justicia para todos, infraestructuras, respeto a los derechos humanos, atención a la infancia, apoyo a las iniciativas privadas, etc.
Responsables de Green Peace, refiriéndose a las conclusiones de la Cumbre de Durban, han declarado que “se ha elegido escuchar a los contaminadores por encima de la gente”. También aseguran que se ha fracasado en el refuerzo de medidas anteriores de protección del clima. Como se ve: pocas esperanzas hay para las generaciones futuras, porque, de seguir así, la situación se irá agravando..
Sigamos, pues mirando hacia otro lado, mientras lo dicho anteriormente no se va a detener. Sigamos retardando la ofensivas contra los agentes que contribuyen a que haya un cambio climático negativo. Sigamos oponiéndonos a que se desarrollen al máximo las energías alternativas limpias, no contaminantes (aunque en Canarias haya muchas posibilidades de instalarlas con éxito) Sigamos deteriorando nuestro litoral, nuestro paisaje, nuestros terrenos de cultivo o pastorea, con con construcciones fuera de toda lógica de ordenamientos urbanísticos. Sigamos empeñados con la construcción de grandes muelles deportivos y campos de golf (en detrimento de campos de cultivo). Sigamos ofreciendo ayudas y subsidios a las financieras y banqueros que son los máximos responsables de la actual crisis económica. Sigamos disminuyendo nuestros espacios naturales, haciendo desaparecer su flora y su fauna, “los animalillos y las hierbas” que para algunos, poco aportan y para nada sirven. Sigamos defendiendo la utilización de gasificadoras y de combustibles fósiles y tóxicos, porque así le hacemos la cama a las empresas petroleras y a los circuitos comerciales. Sigamos sumiendo a nuestra tierra (a la nuestra de Canarias, y al planeta en que vivimos) en un mar de pobreza, de insostenibilidad y de irresponsabilidad … No tenemos próceres que nos defiendan ni nos alumbren el buen camino del futuro.
Aludiendo a la asamblea celebrada en Sudáfrica, Ecologistas en Acción señala que “la Cumbre de Durban elimina la justicia y crea un apartheid climático”. Por encima de todo están los intereses económicos y comerciales dominantes. Los más terribles son los de las petroleras cuyo poder de contaminación comprobamos día a día con nuestras atestadas calles repletas de vehículos a motor; con esas fábricas y centrales que expiden gases tóxicos. Ellos, junto con las fábricas de vehículos tradicionales, son los que presionan para que ciertos medios de difusión, para que no cale en la sociedad y en el mundo empresarial, se opongan a medios de transportes de energías limpias como trenes eléctricos, coches impulsados con energía eléctrica o alimentados con biocombustibles, o energía solar. Es una utopía que no están dispuestos, en su mayoría, a defender.
El procoloco de Kioto ha quedado vaciado de contenido. Y los gases de efecto invernadero seguirán emitiéndose.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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