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Viviendo en San Borondón

Hacer caja

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Sábado, 10 de Diciembre de 2011 Tiempo de lectura:

Hace unos días, en una tertulia televisiva, alguien preguntaba a un político de Coalición Canaria que cuánto dura un pacto de legislatura, eterno en términos políticos

En las revistas del corazón se ha podido leer que una unión matrimonial, por la Iglesia y con novia de blanco, se puede romper, o utilizar el eufemismo canónico de que realmente nunca hubo vínculo, en cuanto los vinculados abonen los honorarios a los abogados oportunos y oportunistas, que saben bien el cuanto, el cómo y el dónde plantear estas cuestiones.  Y eso a pesar de que nos habían repetido hasta la saciedad que el matrimonio era para toda la vida, hasta que la muerte los separe era la fórmula protocolaria, aunque nunca estuvo muy claro si seguirá vigente la unión en el otro mundo mientras tocamos angélicamente la lira.

Con tanta o más parafernalia, los pactos entre partidos políticos se pueden acabar sin mediar infidelidades y sin previo aviso en cuanto convenga a uno de los conchabados, aunque se hubieran jurado un amor eterno.  Bueno, en realidad por toda la legislatura, que tampoco hay que exagerar por “triquismiquis” de principios ideológicos programáticos.  Si en una boda los invitados eran sólo unos cuantos, que además debían haber hecho un regalo previo a los novios, en una ruptura política los “invitados” suelen ser una legión que no sólo fueron a la celebración, sino que se quedaron en el domicilio conyugal, cobrando religiosamente todos los meses gracias al pacto y al reparto.  

En el caso de los nacionalismos, y muy en especial en los que dicen profesar los políticos canarios, se puede cambiar de “cónyuge B” en cuanto el “cónyuge A” perciba que sus antiguos suegros y cuñados se han ido al paro tras unas elecciones y presumiblemente aparezca la posibilidad de seguir haciendo caja con los nuevos “amigos de Madrid” para poder seguir con su peculiar autogobierno, financiado por otros y sin tener la más mínima corresponsabilidad fiscal y con un culpable exterior de lo que no sepan gestionar bien.  

Eso es lo usual en los pactos entre partidos políticos, por más que intenten buscar coartadas e incluso cuando llegan a ofender a la inteligencia del electorado diciendo que ese acuerdo, dictado por la matemática y su propio interés, era a lo que en realidad aspiraba la ciudadanía.  Y justo por esta lógica perversa, tal vez ahora le toque en unas semanas probar de su propia medicina al PSOE de Canarias y se vea desplazado de seguir pastando en el presupuesto público.  Amargo turrón le espera al PSOE, o la PSOE como dicen en Andalucía, al partido o a la partida, según la gramática bibianesca puesta al día por la Fundación de Elena Valenciano, aunque tal vez olvidó que “partida”, según el DRAE, además de abandonar un lugar, también puede significar un grupo de gente malhechora o que va de caza.  ¡Reflexiones sobrevenidas a las que lleva el querer retorcer el significado o la significada!

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