Psicografías
Relatividades
“La relatividad no solo es una teoría ”
La relatividad no solo es una teoría científica. Cerrando los ojos podemos reconocernos y situarnos en cualquier ciudad del planeta en la que hayamos vivido. Con esos mismos ojos cerrados, sobre todo cuando dormimos y dejamos que el cerebro trabaje a su albedrío, somos capaces de resucitar seres queridos que creíamos perdidos para siempre. En esos sueños o en esas recreaciones controladas también nos damos cuenta de lo poco que hace falta para cambiar los guiones establecidos. Si no fuera así, la vida se convertiría en una sucesión de nacimientos y de muertes sin ningún sentido. Lo que nos salva es la sorpresa y el milagro, y también esa capacidad de poder estar en otro lugar sin necesidad de movernos. Por tanto, los verdaderos relativos somos nosotros. Otra cosa es que hayamos aprendido a sacarle partido a esa relatividad. Muchas veces nos creemos que todo empieza y acaba en nosotros mismos. Por eso nos extraviamos tanto últimamente. Solo hace falta cerrar los ojos un momento para transformar el mundo.
Esa relatividad humana, social y azarosa la podemos demostrar con más criterios que los que utilizó Einstein para su teoría. Usted está ahora mismo leyendo este texto, pero usted podría estar en una milésima de segundo recordando los ojos del primer amor de verano, o repasando las habitaciones de aquella casa inmensa de sus abuelos en donde aprendió a revolver los recuerdos en viejas fotografías amarillentas y olvidadas. Usted está en el salón de su casa, pero si en este momento decide salir a la calle se podría encontrar con alguien a quien no ve hace muchos años o le puede salvar la vida a un niño desorientado que estaba a punto de cruzar una calle por la que no paran de circular vehículos a gran velocidad. Solo abriendo un libro o cambiando el canal de la televisión estás propiciando que cambie tu estado de ánimo o que descubras algo que desconocías hacía unos minutos. Nos creemos que vivimos como autómatas, pero realmente cada uno de nuestros pasos tiene una trascendencia tremenda. No digo que nos vayan a dar el premio Nobel por nuestra relatividad cotidiana, pero creo que podríamos encarar la vida de una manera más sabia si fuéramos capaces de salir de nosotros mismos de vez en cuando. También ganaríamos mucho si nos asomáramos a esta realidad aparentemente tan caótica y tan descontrolada como si fuera una ficción o una obra de teatro enredada en la trama o en el nudo que antecede siempre a todo desenlace. Nos hemos olvidado de nuestro propio cerebro, de ese órgano milagrero que llevó a Einstein hasta la ley de la relatividad y que está a disposición de nosotros las veinticuatro horas del día. El pensamiento, como decía aquella canción de Aute, no puede tomar asiento. Tampoco los sueños.
CICLOTIMIAS
Las canciones más grandiosas suenan mejor en el estéreo de nuestra memoria.
Esa relatividad humana, social y azarosa la podemos demostrar con más criterios que los que utilizó Einstein para su teoría. Usted está ahora mismo leyendo este texto, pero usted podría estar en una milésima de segundo recordando los ojos del primer amor de verano, o repasando las habitaciones de aquella casa inmensa de sus abuelos en donde aprendió a revolver los recuerdos en viejas fotografías amarillentas y olvidadas. Usted está en el salón de su casa, pero si en este momento decide salir a la calle se podría encontrar con alguien a quien no ve hace muchos años o le puede salvar la vida a un niño desorientado que estaba a punto de cruzar una calle por la que no paran de circular vehículos a gran velocidad. Solo abriendo un libro o cambiando el canal de la televisión estás propiciando que cambie tu estado de ánimo o que descubras algo que desconocías hacía unos minutos. Nos creemos que vivimos como autómatas, pero realmente cada uno de nuestros pasos tiene una trascendencia tremenda. No digo que nos vayan a dar el premio Nobel por nuestra relatividad cotidiana, pero creo que podríamos encarar la vida de una manera más sabia si fuéramos capaces de salir de nosotros mismos de vez en cuando. También ganaríamos mucho si nos asomáramos a esta realidad aparentemente tan caótica y tan descontrolada como si fuera una ficción o una obra de teatro enredada en la trama o en el nudo que antecede siempre a todo desenlace. Nos hemos olvidado de nuestro propio cerebro, de ese órgano milagrero que llevó a Einstein hasta la ley de la relatividad y que está a disposición de nosotros las veinticuatro horas del día. El pensamiento, como decía aquella canción de Aute, no puede tomar asiento. Tampoco los sueños.
CICLOTIMIAS
Las canciones más grandiosas suenan mejor en el estéreo de nuestra memoria.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.91