Los socialistas no aciertan a hacer
autocrítica por la inmensa pérdida de votos. En vez de hacer hincapié en los
más de cuatro millones perdidos, se ufanan en destacar que han tenido el
respaldo de casi siete millones de españoles.
Por la boca chica afirman que quieren
regenerarse y modernizarse para volver a tener la confianza de esos más de once
millones de ciudadanos que les votaron hace menos de cuatro años, pero no hacen
nada para convencernos de que hablan en serio. Hasta se permiten el lujo de
indultar banqueros.
Los militantes están buscando a un
líder que aún no se les ha aparecido. Rubalcaba, a pesar de lograr el peor
resultado del PSOE desde la muerte de Franco, se autopostula para seguir
llevando las riendas del partido.
Chacón, a pesar del batacazo en
Cataluña, también quiere suceder a Zapatero. Alfonso Guerra aparca la idea de
que las mujeres y los niños primero, muy propia de los naufragios, tanto
navales como electorales.
Bono, muy a su estilo patriótico,
preconiza un futuro secretario general (solo habló en masculino) al que no le
dé vergüenza decir “viva España” en un congreso del PSOE. Sería la primera vez
que se vociferaría ese grito en una convención del Partido Socialista.
Él es muy dado a enardecer a las masas
con esas arengas patrióticas. Ya lo hizo como ministro de Defensa, lo mismo que
la ministra del ramo en funciones por razones de su cargo. Aunque si quiso
descalificar el socialismo catalán, como a su modo intentó hacerlo Guerra, le
salió el tiro por la culata.
En Canarias los socialistas han
aprendido de sus barones pues han colocado a uno de ellos, Jerónimo Saavedra,
al frente de la Diputación del Común. Siguiendo los consejos de Guerra, ni es
joven ni mujer; según las preferencias de Bono, no es sospechoso de ser
antipatriota.
Sin embargo, se le premia por sus malos
resultados en la capital grancanaria, como ya criticó Juan Fernando López
Aguilar. El veterano dirigente socialista ha tenido que renunciar a cuarenta
años de militancia para franquear su entrada en la institución, como si de
golpe se despojase de su pasado ideológico. Que renuncie a la militancia no
significa que deje de ser socialista, por lo que el requisito formal es una
chorrada.
Los que se han comportado como unos auténticos
patriotas son los nuevos diputados de Izquierda Unida Cayo Lara y Alberto
Garzón, que han renunciado al plan de pensiones privado que regala las Cortes.
No hay precedentes. Es una decisión ética y coherente con el ideario de IU que ha causado sorpresa cuando lo
único que debería originar es comprensión y aplauso. Con ella han dejado con el
culo al aire a los demás políticos, muy dados a favorecerse con privilegios
vedados al resto de la ciudadanía. Con estos gestos es posible que la gente
vuelva a confiar en los políticos y pueda creer por fin que todos no son
iguales.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.
Tuce | Domingo, 04 de Diciembre de 2011 a las 23:05:44 horas
Muy bueno lo suyo, sí señor.
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