Una victoria inconveniente
Nada más lejos de la realidad. Pues ambas estructuras políticas, a través de similares cúpulas jerárquicas, pugnan por el objetivo primordial de que sus dirigentes se perpetúen en el gobierno de las instituciones públicas
El Partido Popular ha ganado las últimas elecciones generales con mayoría absoluta. Sus militantes, sus simpatizantes y los ciudadanos y ciudadanas que han votado a los candidatos de esta formación política deben de estar muy contentos. De manera comprensible, porque, probablemente, gran parte de ellos mantienen la creencia de que esta organización y sus dirigentes, aún siendo de ideología conservadora, tienen entre sus fines la prioridad de ocuparse de las necesidades de la gente de a pié. Al fin y al cabo, ese partido se autodenomina “Popular” y sus representantes, se definen como “populares”. En esto comparten actitudes similares a la de las bases del PSOE, que a pesar de las políticas económicas que han ejecutado en las dos últimas legislaturas los gobiernos del presidente saliente, Zapatero, todavía confían en que éstas, tal como lo expresan las siglas del partido, corresponden a una orientación auténticamente socialista y obrera de los intereses generales.
Nada
más lejos de la realidad. Pues ambas estructuras políticas, a través de
similares cúpulas jerárquicas, pugnan por el objetivo primordial de que
sus dirigentes se perpetúen en el gobierno de las instituciones
públicas. Conjuntamente, aunque con matices, llevan décadas
promocionando el modelo político económico neoliberal, sosteniendo un
forzado bipartidismo e imponiendo una concepción procedimental y
desvalorizada de lo democrático. Y comparten una dinámica del culto a la
personalidad que permite justificar a sus élites el eternizarse en los
puestos de poder y dirección, siendo habitual, en ambas formaciones, el
baile sucesivo de los mismos nombres en las cabeceras de las listas a
las distintas Administraciones. Caso extremo de ello es el diputado
decano, Alfonso Guerra, que lo es, ininterrumpidamente, desde 1977.
También ambos partidos rinden pleitesía a sus ex presidentes de gobierno, los cuales, ejemplarizan nítidamente los vasos comunicantes de prerrogativas y prebendas que existen para las élites entre el mundo de la política, el del dinero y el del Estado. Tanto Felipe González como José Mª Aznar llevan con toda naturalidad y sumo desparpajo sus vitalicios privilegios de ex altos cargos de la administración pública, sus notabilísimos patrimonios como asesores de organizaciones y personalidades plutocráticas y su ascendencia social de próceres políticos.
Sin embargo, hace cuatro años que con el estallido de la burbuja inmobiliaria se estrelló la versión española del neoliberalismo. Y con el posterior hundimiento de las finanzas estadounidenses y su contagio global se disolvió el espejismo de la supuesta pujanza del modelo económico español. Pero los amos del dinero, tras tanto tiempo de usurpar impunemente las instituciones de los Estados y de pervertir su legitimidad política, no parecen dispuestos a remitir en sus afanes de dominio y explotación, “urbi et orbe” y caiga quien caiga. Y, debido a la depresión y la disciplina presupuestaria impuestas por “los mercados” a las países occidentales, en las elecciones democráticas realizadas con posterioridad las urnas están castigando a los gestores de los gobiernos, tengan el color que tengan. Así, hoy los valedores políticos del neoliberalismo, tras vaciar la caja del Estado, se las tienes que ver dando la cara por sus señores -tan intransigentes como siempre- ante pueblos, aun soberanos, que para contestar las salidas insolidarias a la crisis están dispuestos a salir a la calle, un día sí y el otro, también.
La última vez que hubo gobierno “popular” en las Cortes españolas, fue en la fase expansiva de la burbuja del ladrillo. Y al PP le había venido muy bien que fuera el PSOE quien hasta ahora se las entendiera con la crisis. Quién sabe si ese notable silencio en la cúpula del Partido Popular tiene que ver con que, tras arrasar en las últimas elecciones, han caído en la cuenta de que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque lo puedes conseguir ¡cuando menos te conviene!.
Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.
http://bienvenidosapantopia.blogspot.com.
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