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Democracia secuestrada

ROMÁN RODRÍGUEZ Sábado, 19 de Noviembre de 2011 Tiempo de lectura:

Continuamos metidos en un sinuoso y oscuro túnel en el que la salida parece aún lejana, como confirman el escaso crecimiento de la economía canaria y española en lo que va de año y las predicciones para 2012

Estamos en medio de una profunda y prolongada crisis económica, causada por la avaricia y la absoluta desregulación financiera; agravada, en nuestro caso, el del Estado español y el de Canarias, por el estallido de la burbuja inmobiliaria, por caminar por la senda de un modelo de desarrollo escasamente sostenible. Continuamos metidos en un sinuoso y oscuro túnel en el que la salida parece aún lejana, como confirman el escaso crecimiento de la economía canaria y española en lo que va de año y las predicciones para 2012. Y en donde persiste, e incluso se agrava, el sufrimiento de millones de personas cuya calidad de vida ha caído en picado en los últimos años, perdiendo su trabajo, sus ingresos e, incluso, sus viviendas.

Pero nos encontramos, al mismo tiempo, inmersos en una crisis política de enormes dimensiones, que está poniendo en cuestión los elementos básicos de la democracia, sustituyendo la soberanía popular por la soberanía de los mercados; y generando una cultura que sirve de cultivo para el crecimiento de posiciones autoritarias y ultraconservadoras. Es verdad que en el último período también han surgido movimientos de descontento y protesta social, como el de los indignados, que reclaman una democracia de mayor calidad, y una economía puesta al servicio de la mayoría social.

Como señalaba, la democracia está siendo cercenada. Lo estamos viendo estos días en que presidentes legítimamente elegidos, al margen de las simpatías o antipatías que nos puedan generar su quehacer político e institucional, y en algunos casos hasta empresarial y personal, como Berlusconi o Papandreu, son derribados, no por una legítima moción de censura de los grupos de la oposición, no por el voto ciudadano en las urnas, no por una inmensa movilización popular contra los errores de su gestión, sino por imperativo de los mercados.

Tecnócratas

Y en su lugar se coloca al frente de los gobiernos de Italia y de Grecia, también por expreso deseo de los mercados, a tecnócratas, Mario Monti y Lucas Papademos, que no se presentaron a unas elecciones, que no han sido votados por los ciudadanos y ciudadanas, en lo que supone una completa burla a las más elementales reglas democráticas. Tecnócratas que, como  bien destaca Joaquín Estefanía no son en modo alguno neutrales, “tienen su ideología y llegan al poder para aplicar una determinada política económica: la que ha ordenado la señora Merkel con el apoyo acrítico de Sarkozy, que consiste en grandes dosis de austeridad para los países del sur a cambio de salvar la eurozona, que es el glacis en el que se desarrolla y negocia su economía en condiciones más favorables”.

Y que tienen un curriculum de cuidado. Monti, tras ser comisario de la UE, fue nombrado en 2005 consejero internacional de Goldman Sachs (banco estadounidense que tiene mucho que ver con las hipotecas basura y con la actual crisis económica mundial). Papademos fue gobernador del Banco Central griego (1994-2002) y jugó un papel muy activo, junto a Golmand Sachs, en el maquillaje de las cuentas de su país para lograr la entrada en la Zona Euro.  A ellos se suma, Mario Draghi, flamante presidente del Banco Central Europeo, que fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs (2002-2006).

¿Ante quién van a responder de su gestión política estos impuestos presidentes? ¿Ante quién van a rendir cuentas de las decisiones de enorme trascendencia que tomen al frente de los ejecutivos de sus respectivos estados y que van a afectar a la calidad de vida de sus ciudadanos? ¿Ante la ciudadanía que no les votó porque no formaron parte de lista electoral alguna, ante la soberanía popular que consagran las distintas constituciones democráticas y convertida en papel mojado? ¿O, siendo consecuentes con su designación, con su fórmula de acceso al presidencial puesto, responderán en exclusiva ante el poder omnímodo y sin el menor control que ejercen los mercados?

SIn capacidad

Lo que se ha producido estos días es un paso más de una gravísima perversión antidemocrática, iniciada desde el momento en que los estados y los gobernantes elegidos en las urnas por los distintos pueblos europeos carecen de capacidad alguna para tomar decisiones con las que afrontar la crisis económica que padecemos.

Son simples rehenes. Rehenes que aceptan que se les imponga, desde el exterior, recetas económicas dirigidas exclusivamente al control del gasto y del déficit público; recetas que, como se ha podido demostrar fehacientemente, deterioran los servicios públicos, perjudican a la mayoría social, contraen la economía y, en consecuencia, generan más desempleo y nos hacen cada día más pobres.

Por supuesto que intentan que no haya, siquiera, lugar para reflexionar sobre lo equivocadas que están resultando esas políticas. Ni para plantear que hay otras salidas: interviniendo contra el fraude fiscal, planteando políticas fiscales progresivas que hagan pagar más a los que más tienen, controlando la acción de los bancos y estableciendo tasas a sus transacciones internacionales, combatiendo el fraude fiscal, estimulando la economía desde el sector público, facilitando el crédito a familias y empresas…

En definitiva, el dogma es que para salir de la crisis solo valen los sacrificios de los que menos tienen, la renuncia a derechos sociales y la degradación de la educación y la sanidad; acompañado semejante menú con la ácida salsa de una democracia rebajada en la que, por este camino, terminarán por sobrar las propias consultas electorales.

Acierta Enrique Gil Calvo cuando señala cuatro características del actual período: “la primera, el hecho de que los mercados financieros se han apoderado de la voluntad de los gobiernos democráticos; la segunda, el fin del principio soberano de la no injerencia, política de austeridad sustituido por la hegemonía alemana, capaz de imponer a todos una contraproducente  política de austeridad fiscal, que ha estrangulado el potencial de crecimiento de los demás países para condenarles a la insolvencia, al desempleo y al empobrecimiento; la tercera, una creciente desconfianza mutua entre las cada vez más desautorizadas e impotentes autoridades y los cada vez más defraudados e indignados ciudadanos”; y, en cuarto y último lugar, el hecho de que “una nueva hegemonía liberal-conservadora va a sustituir al largo predominio socialdemócrata y cristiano social que hasta ahora venía gobernando en Europa occidental”.

Al contrario de lo que está sucediendo, creo que es la hora de la política, no de los tecnócratas que también hacen políticas, pero de sesgo ultraliberal; de una política puesta al servicio de  la ciudadanía y el interés general, nunca rendida a los mercados y sus minoritarios intereses. Es la hora de más y mejor democracia. Es la hora de una economía que genere riqueza y empleo. Es la hora de una auténtica fiscalidad progresiva, de unos consolidados servicios públicos y de la protección de los que peor lo pasan.

Román Rodríguez es diputado en el Parlamento canario y presidente de Nueva Canarias.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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