Golpe de Estado financiero
El acoso a un país tras otro es el pan nuestro de cada día. Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia, Inglaterra, Rumanía, Grecia (le acaban de pedir el despido de 20.000 funcionarios, cierre de empresas públicas…) son los primeros en probar sus mieles y en ponerse de rodillas
Con la complicidad de los gobiernos,
los bancos reguladores y los sistemas de vigilancia económica, los mercados
financieros han ido tomando el control de los estados y por tanto sometiendo a
la democracia a una situación de vacío y descrédito que pone en cuestión y
riesgo su esencia y abre paso a tiranías y totalitarismos peligrosísimos.
Frente a la afirmación de Sarkozy de
que habría que refundar el capitalismo, este ha cogido el toro por los cuernos
y se ha propuesto refundar una democracia de mínimos tutelada por “los
banqueros”, que tienen una avaricia sin fondo. Pero si bien en EEUU Barack Obama ha plantado cara
al sistema en algunas ocasiones presentando demandas contra los bancos,
reconociendo que se está más ante una crisis política que financiera, gravando
a los ricos en los últimos días o aumentando la inversión pública frente a la
imposición del recorte del déficit, lo cierto es que en Europa el entreguismo
es total y humillante.
No contenta con haber empleado hasta
ahora 1,35 billones de euros para salvar a la banca –nada más y nada menos que
el 11% de su PIB- y después de que el Banco Mundial afirmara que la UE pone en
peligro la economía mundial y de que los cinco grandes bancos centrales del
mundo y el FMI decidieran que la banca
europea necesitaba apoyos para evitar su asfixia, Europa ha decidido en estos
días inyectar más dinero a sus bancos para afrontar la crisis. Mientras, se nos pide a
todos que nos apretemos el cinturón. Mientras, los recortes sociales son
brutales y se debilita lo público hasta límites insospechados. Al tiempo que se señala a los ciudadanos e
instituciones públicas como derrochadores sin límites –ya está bien de sanidad
y de educación gratuita y universal, ya está bien de servicios sociales
potentes y de infraestructuras públicas eficaces que garanticen el bienestar,
la igualdad y la calidad de vida- el sistema bancario no tiene ningún pudor en
retirar los créditos a las pymes y a las familias (de Canarias acaban de llevarse 3.522 millones que estaban destinados
a financiar préstamos). Y menos en mostrarnos cómo los mayores banqueros del
mundo se han subido el sueldo en un 36% y cómo las retribuciones de sus
directivos rondan los 10,1 millones de
euros al año cada uno, más sus pluses
correspondientes, que, desvergonzadamente, se han asignado los tres dirigentes
más importantes de Bankia. Sí, ese mismo banco
que preside Rodrigo Rato y que se creó a expensas de
nuestra caja y otras, porque no tenían sentido sus existencias
derrochadoras controladas por cargos públicos.
Sin embargo la cosa no queda ahí. El acoso a un país tras otro es el pan nuestro de cada día. Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia, Inglaterra, Rumanía, Grecia (le acaban de pedir el despido de 20.000 funcionarios, cierre de empresas públicas…) son los primeros en probar sus mieles y en ponerse de rodillas, mandando mensajitos continuos a los amos en forma de recortes de derechos y reducción de los servicios públicos. Un día sí y otro también se suceden las presiones sin medida a cargo de tres empresas privadas calificadoras de riesgos (Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch) que conforman un oligopolio que auspicia con sus informes el movimiento continuo de los especuladores; que ataca directamente a la línea de flotación de la credibilidad y estabilidad de las economías y que mantiene una estrecha vinculación con fondos de inversión opacos que se benefician de sus predicciones. Para colmo, en un paso más para decidir sobre la política y los estados, en estos días se han atrevido incluso a calificar y cuestionar la legitimidad del Gobierno italiano que, aunque está presidido por un impresentable de tomo y lomo, ha sido elegido democráticamente por sus ciudadanos. Y otra vez Europa tragando y callando sin atreverse a crear su propia agencia de calificación.
Aquella globalización que nos iba a
llevar al paraíso nos ha impuesto de sopetón un neoliberalismo –aquí lo hemos
grabado hasta en la Constitución- que cuestiona y ata de manos a la democracia,
a las democracias del mundo. Hemos pasado de ser ciudadanos con derechos a deudores. Todo se
programa y se legisla para contentar a nuestros acreedores. Pasamos de
democracia a deutocracia como afirmaban recientemente los juristas Gerardo Pisarello y Jaume Asens
en Público. Se hace una llamada a la austeridad a los que menos tienen y se ha
legitimado el empobrecimiento de la sociedad para beneficiar a los grandes
poderes económicos. Se ha permitido que se destruya la idea de sociedad (Alain
Touraine), que se siembre el miedo y la incertidumbre. El Estado
ha hecho dejación de sus obligaciones de controlar y regular al sistema
financiero y por tanto también de su defensa de la democracia. Ha
propiciado el rechazo y el desprecio a la política y a los políticos.
Fernando Vallespín citaba hace unos días en El País a Charles Moore, conservador británico y biógrafo de Margaret Thatcher, quien afirmaba en un artículo que titulaba “Estoy empezando a pensar que la izquierda en realidad tiene razón”, que “la política democrática, dirigida al progreso de la mayoría, está realmente a merced de esos banqueros, barones mediáticos y otros magnates que dirigen y poseen todos".
Se ha consentido
la creación de un monstruo al que ahora no se puede controlar. Michael Hudson
lo define como un golpe de Estado financiero contra el Estado Democrático y Social
de Derecho en Europa. Ahora más que nunca se necesitan instituciones fuertes,
políticos fuertes y sensatos y ciudadanos organizados e implicados. Es la falta
de autoridad y de firmeza, la falta de medidas ejemplarizantes, lo que ha
permitido abrir esta veda a la especulación y al gobierno de los inversores, a
que los mercados contemplen a los gobernantes como sus servidores. Se está
atentando directamente contra los derechos humanos y los derechos sociales. Se
ha frustrado la confianza ciudadana y el prestigio y la credibilidad de la política. Y esto no se combate sino con más democracia y
con el reforzamiento de las instituciones públicas que debe comprender, entre
otras cosas, la creación de una banca pública.
Antonio Morales Méndez, alcalde de Agüimes
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.91