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JOSÉ MANUEL SORIA

Una experiencia única

JOSÉ MANUEL SORIA Ver comentarios 2 Sábado, 24 de Septiembre de 2011 Tiempo de lectura:

En una universidad como Harvard, eso siempre está garantizado. Me refiero a uno de los aspectos que más me han llamado la atención. Es la humildad con la que estos sabios de la economía abordan sus clases

Durante la semana que ahora culmina he tenido una experiencia única: seguir en Harvard el III Programa de Economía Internacional para profesores y Técnicos Comerciales y Economistas del Estado. Organizado por la Asociación de TCEE, el objetivo de estos programas es consolidar un grupo de expertos en economía internacional en nuestro país. Un grupo de economistas que estén al tanto de las últimas investigaciones y avances en materias que van desde la economía del desarrollo, al crecimiento económico pasando por la economía de pobreza, el comercio internacional, las uniones monetarias, las políticas de demanda o el estudio de las depresiones y recesiones económicas desde una óptica histórica. Por tanto, una experiencia única.

El curso ha sido dirigido por un joven economista, Pol Antras, natural de Barcelona, con muchos años a caballo entre Harvard y el prestigioso MIT, y que hoy ejerce como catedrático de economía.

El curso se ha celebrado en el Real Colegio Complutense de Harvard, institución académica que trae académicos españoles y profesionales de ámbitos diversos para vivir temporalmente esta experiencia

Una experiencia que no solo se limita al contenido de las ponencias y al altísimo nivel de los ponentes. En una universidad como Harvard, eso siempre está garantizado. Me refiero a uno de los aspectos que más me han llamado la atención. Es la humildad con la que estos sabios de la economía abordan sus clases. Desde el primer momento ya te advierten que ninguna interrupción, en ningún momento les molesta. Que al contrario, que se les pregunte cuantas cosas creamos conveniente. Las sesiones son por tanto muy dinámicas. No es un monólogo del profesor. Y se pregunta mucho. Y algunas preguntas son comprometidas. El nivel de los alumnos es también alto. Muchos de ellos han terminado su oposición recientemente, apenas tienen entre treinta y cuarenta años. Algunos, incluso, más jóvenes. Tienen muy frescos los temas. Y trabajan en el día a día con cuestiones de las que se discuten. De verdad, da gusto.

Y a veces ocurre que el alumno plantea cosas al profesor para las que este no tiene respuesta. Y tras pensar dubitativo unos segundos acaba diciendo, con la humildad propia del sabio, "para eso no tengo respuesta" "no lo sé" o "en mi investigación no he llegado a conclusiones claras sobre lo que me plantea".

Hace pocos días, un colega del ministerio que lleva años investigando en el MIT me decía: “aquí el fracaso siempre se ve como una oportunidad. Cuando investigas algo, llevas tiempo, le has dedicado muchas horas, días meses y años… y al final no termina saliendo, nunca se contempla como tiempo perdido sino como una oportunidad nueva para intentarlo otra vez. El MIT es, quizás, el centro universitario más puntero del mundo. Del Tecnológico de Massachussets han salido setenta premios nobeles de disciplinas diversas. En el centro se forman las mentes más claras del mundo. Es caro, es verdad. Pero no se entra o no por dinero. Puedes ser rico pero si no das el nivel, no entras. Y si eres pobre y das el nivel, entonces entras.

El ambiente de estudio se respira en cada esquina de la ciudad. No importa que estés en un café, en el parque del campus, en la parada del autobús. Ahí cada cual con su PC, con su iPad , con sus apuntes o con sus libros está en lo que está. No digamos en las bibliotecas, más de setenta en Harvard, donde el silencio es sepulcral y el ambiente de estudio te invita a pasar horas y horas en ellas.

No sé cómo será la vida nocturna en Harvard aunque, como es normal, los fines de semana hay mucho ambiente en la calle. Los restaurantes están a tope, algunos con colas para entrar. Boston es de las ciudades donde menos se nota la crisis en USA. Me explican que se debe a que una gran parte de la economía de la ciudad se mueve en torno a la investigación y la innovación lo que genera mucho valor para los residentes. Algo que llama la atención es que desde primera hora de la mañana hasta la noche, no paras de ver a la gente corriendo por las calles, por los parques. Algo que no olvidare serán mis carreras matinales al borde del Charles River. Tampoco olvidare las lecciones de economía que aquí recibí. Ni el nivel académico y humano de los profesores. Y mis colegas, del ministerio y de diferentes universidades de España. Todos, en su conjunto, hicieron posible que estos días viviera en Boston una experiencia única.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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