Las demencias del autoritarismo
En 1887 Lord Acton expresó: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Al menos desde la aparición, en los inicios del devenir “histórico”, de los Estados primigenios las sociedades humanas han estado sometidas a sistemas clasistas y violentos a el beneficio de sus clases dirigentes. Desde entonces se han venido sucediendo distintos imperios de rapiña y depredación y extendiéndose la explotación y el exterminio entre los seres humanos por toda la Tierra.
Afortunadamente, desde la Edad Moderna, en Occidente se empezaron a desarrollar –no sin grandes sobresaltos y contradicciones- vías eficaces de neutralización de esos dominios autoritarios. A través de la instauración de regímenes políticos progresivamente más democráticos y de la subordinación de la autoridad estatal al aseguramiento legal de las dignidades ciudadanas. Con todo, tras los últimos tiempos de globalización neoliberal, el autoritarismo está volviendo a campar por sus respetos, precipitando un escoramiento mundial hacia la insolidaridad, la injusticia y la barbarie.
En 1887 Lord Acton expresó: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Vista la coyuntura nacional e internacional actual de los poderes, esta reflexión sigue estando de plena vigencia. Pues el autoritarismo, la pretensión de un grupo de someter a los demás, cuando se consolida estatalmente siempre provoca la corrupción general y el menosprecio de las dignidades ciudadanas.
La imposición autoritaria, además de violentar profundamente la vida de las gentes que la sufren y causarles padecimientos infinitos, da lugar también, en su dimensión más personal, a actitudes demenciales y a ciclos adictivos en quienes la ejercen. El ex político británico y neurólogo David Owen define como “síndrome de Hubris” a un trastorno sociopático común entre los gobernantes que llevan tiempo en el poder. Son algunos de sus síntomas una exagerada confianza en sí mismos, el desprecio por los consejos de quienes les rodean y el alejamiento progresivo de la realidad ¿Les suena?
Ya en la Grecia clásica se utilizaba la palabra “hubris” para definir la actitud de quiénes habiendo logrado la gloria, “ebrios” de éxito se comportaban como si fueran capaces de cualquier cosa. Owen llega a poner como ejemplo de sentirse llamado por el destino a grandes hazañas, a la decisión tomada por los presidentes Bush, Blair y Aznar de declarar la guerra contra Irak que terminó con su injustificable invasión.
Las entidades de estructuración autoritaria están sostenidas por subordinados. Y la servidumbre que determina esta jerarquía facilita la adulación y, con ella, la presunción en los que detentan la autoridad de tener méritos propios para ocupar su status. Sostenida en el tiempo, esta dinámica puede propiciar ideaciones megalomaníacas, como el considerarse insustituible e infalible. También, puede abocar a desarrollos paranoides, por los que todo cuestionamiento u oposición al cargo o a sus ideas son tomados como enemistades personales o envidias.
Para colmo -está contrastado- las altas prebendas y el amplio dominio que conlleva estar en la parte alta del escalafón crea auténticas conductas de adicción al poder, tanto para los que lo detentan como para los que se benefician del mismo. Sea en el sector privado, en el sector público o en el tercer sector, los diseños autoritarios retroalimentan estas dinámicas decididamente inhumanas, altamente ineficientes y marcadamente psicóticas.
Así que ¿para cuándo el definitivo descarte de sus maneras y sus validadores? Porque además de ser unos abusadores y unos chapuceros ¡están como cabras!.
Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.http://bienvenidosapantopia.blogspot.com
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MASPALOMAS LO MEJOR | Viernes, 23 de Septiembre de 2011 a las 11:12:52 horas
USTED EN ESTE ESCRITO HA DICHO NUMEROSAS Y GRANDES VERDADES, QUE HOY EN DIA SON PALPABLES ENTRE QUIENES NOS GOBIERNAN.
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