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La guayabera del don

Jueves, 28 de Julio de 2011
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Soria tiene un berrinche. Desde que se dio cuenta de que no iba a tocar poder en el Gobierno autónomo anda con la retahíla de la reducción de consejerías. Ahora hay ocho pero él quiere seis. Si hubiera seis, querría cuatro, y si fueran dos reivindicaría que el Gobierno estuviese formado solo por el presidente. Cuando el PP gobernaba con CC y él era vicepresidente, las consejerías del Gobierno eran diez. Cuando unos meses antes de las elecciones su partido decidió abandonar el pacto por otro berrinche, después de que CC diera oxígeno al PSOE en Madrid, Paulino Rivero redujo el Gobierno monocolor a ocho consejerías, las mismas que hay hoy. Al líder popular le ha dado ahora por ahorrar, aunque tampoco es nuevo porque ya le dio hace unos años, cuando era presidente del Cabildo de Gran Canaria, aceptando una invitación de un empresario noruego para hacer la ruta del salmón en Escandinavia. Cuando hasta hace apenas un año era vicepresidente del Gobierno y consejero de Economía y Hacienda, Soria no era tan reivindicativo con el ahorro. De hecho su departamento contaba con ingentes sumas de dinero para la propaganda y el boato. Él y sus correligionarios piden dejar el coche oficial y suprimir cargos de confianza, pero lo hacen ahora que están en la oposición. Cuando gobernaban no dieron ejemplo ni fueron consecuentes con sus prédicas. Jamás he visto a Soria reduciendo asesores de su departamento ni yendo en guagua por la ciudad. Todo lo contrario. Es de esa clase de políticos a los que les cuesta dejar el coche oficial. Cuando fue alcalde de la ciudad incluso aumentó la gama de los vehículos que adquirió. Por abundar en el oscurantismo, ni siquiera es partidario de publicar sus bienes y los de otros compañeros de su partido que están en cargos públicos. Eso sí, últimamente le ha dado por dejar la corbata, como el ministro Sebastián, para ahorrar unos grados de energía en el aire acondicionado. Como Mortadelo, se ha embutido en su disfraz de ecologista para hacer frente al cambio climático que Aznar niega. No sé si lo hace por convicción o por llevar la contraria a Bono, pero lo cierto es que las guayaberas cubanas le sientan muy bien.
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