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El sueldo de los alcaldes

Martes, 26 de Julio de 2011
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Quiero empezar diciendo que todos los controles sobre la política, los políticos y las instituciones públicas son pocos. Que la ciudadanía y los medios de comunicación deben jugar un papel fundamental dado que no se puede dejar todo en manos de órganos fiscalizadores vigilados por los propios políticos. No puedo sino reconocer que del desapego y el desafecto sobre la política y los políticos es en buena parte culpable el funcionamiento, como una casta viciada, de buena parte de los representantes públicos entregados a los negocios. Se ha defraudado y decepcionado a una ciudadanía también, es verdad, muy poco implicada en el interés general, que ha hecho dejación de sus responsabilidades en muchos casos y que es así mismo cómplice, por acción –votando- o por omisión, de los gobiernos de turno. Pero las generalizaciones son perversas. Contribuyen a la crispación, al rechazo a la política y al desprecio de lo público, algo por otra parte que está perfectamente diseñado y estratégicamente orientado. Y el momento es muy peligroso. Desde luego que existe un exceso de funcionarios en algunas ramas de las administraciones pero en otras el déficit es tremendo. Es verdad que algunos funcionarios ganan mucho, pero en la mayoría de los casos los sueldos son muy bajos. No es justo cargar generalizadamente contra los funcionarios y abrir las puertas a lo que se pretende: que todo sea privatizado. Es cierto que muchos políticos no dan la talla y que sus salarios y privilegios deben ser disminuidos o eliminados. Pero no es la generalidad. No sucede así con la mayoría. Y no podemos meter a todo el mundo en el mismo saco. La demagogia y el populismo son armas peligrosísimas. Y nos impiden ver además que los grandes sueldos, que pagamos todos, porque está casi todo privatizado está en los directivos del IBEX (de la banca, de las eléctricas, de las telefónicas, etc). El rechazo a la política y a los políticos hará que se ocupen de lo colectivo aquellos a los que no les preocupa que los señalen. Cuando no los que tienen claro que es el momento para la tiranía. Y me parece que estamos en la antesala de todo ello. Y digo todo esto porque he visto en este periódico últimamente algunas publicaciones que me preocupan. Y porque jamás me han puesto cortapisas para hacerlo y porque las personas que firman los textos a los que me referiré son excelentes periodistas, son demócratas militantes con los que se puede debatir sobre ideas, me atrevo a poner sobre el papel esta opinión. El domingo 19 de diciembre de 2010 un reportaje de Rubén Acosta era titulado de esta manera: “El descontrol del gasto entrampa a los ayuntamientos”. Así, generalizando. Hace unos días, no encuentro la fecha, una noticia de agencias sobre el acuerdo del Consejo de Ministros para facilitar créditos del ICO a las corporaciones para facilitar el pago a los proveedores lo titulaba este periódico como “medidas para frenar el despilfarro de los ayuntamientos”. Así, generalizando y sin que lo que decía en el texto posterior se hiciera alusión a despilfarro alguno. Hace unos días también en la portada y en una doble página interior con gran alarde tipográfico, se nos decía que los concejales de Las Palmas de Gran Canaria costarían a los ciudadanos un millón de euros. ¿Y? Se trata de administrar y gestionar más de trescientos millones de euros. ¿Se hace eso sin políticos? ¿Acaso con políticos que no cobren? ¿Con políticos que cobren menos que en sus trabajos de origen? El pasado sábado 9 de julio, Juanjo Jiménez hablaba del país de los 8.116 alcaldes y de una “maquinaria monstruosa de funcionarios, personal y unos 170 asesores”, más consejeros insulares, concejales, alcaldes, más los políticos del Gobierno central y el autónomo. En fin la culpa de que milagrosamente “la proa aún no se haya estampado contra el marisco” es del exceso de cargos públicos y no del neoliberalismo, ni de la voracidad de los mercados, ni de las privatizaciones fraudulentas. Y ahora lo de este domingo. En portada: “Los alcaldes (así, todos, de manera genérica. No unos sí y otros no), gastan más en sus sueldos, pese al recorte general”. Luego dentro Jesús Montesdeoca suaviza y dice que “los alcaldes aumentan o mantienen los sueldos del anterior mandato pese a la crisis financiera”. En mi caso y en el de otros muchos, en el de la mayoría, el sueldo no se ha aumentado y es similar al de un cargo directivo de un instituto, ni siquiera como el del director, pero ese hecho no se destaca y miren que existen diferencias de responsabilidades y de dedicación. Lo granado es el titular demoledor y la generalización. La reacción brutal, anónima, revanchista y populista en el digital fue terrible y preocupante. Pero, insisto, no debemos dejar de denunciar las prácticas anómalas, los sueldos exagerados, faltaría más. Y cachanchanes hay en todos sitios, en la política también, desde luego. ¿Somos conscientes de lo que estamos haciendo –todos: políticos, periodistas, ciudadanos-, de lo que está pasando y de la que se nos puede venir encima? La política debe ser objeto en estos momentos de la mayor de las defensas. La sospecha sobre todo y todos, las generalizaciones que meten en el mismo saco a los corruptos y a los que no lo son, sólo benefician a los primeros. Estamos a tiempo de corregirlo. Simplemente para que lo valoremos.
Antonio Morales Méndez
Alcalde de Agüimes.
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