“Vivimos tiempos difíciles”
Los ridículos deberían ser pasajeros, lo mismo que las derrotas y que todos esos momentos en los que no te queda más remedio que confiar en la suerte para que pase la mala racha cuanto antes. Los éxitos, en cambio, sí tendrían que quedar a salvo de cualquier olvido. Si fuéramos capaces de ver el lado bueno de todas las cosas estaríamos esbozando una sonrisa de oreja a oreja todo el santo día; pero no veo yo que la gente sonría por la calle. Si acaso, durante las vacaciones, los ves un poco más relajados y con más predisposición al hedonismo. Al despertarnos cada mañana tendríamos que improvisar una fiesta diaria. No digo que nos pongamos a gritar como orates desnortados o como locos de atar, pero por lo menos no deberíamos pasar de largo cuando nos miramos en los espejos. Ese que tienes delante es un hombre afortunado porque está vivo y porque le puede cambiar la suerte en cualquier momento. Si no aprendes a mirarte, no apreciarás nunca nada de lo que te rodea.
En lugar de quedarnos con esos pequeños triunfos diarios que son los que realmente deberían importarnos, estamos pendientes de lo que haga un equipo de fútbol en el otro lado del planeta o unos cuantos mercachifles que improvisan reuniones presuntamente importantes para vendernos la moto de que están intentando sacarnos de la crisis. Y luego está la perseverancia en aquello que fallamos o que no hemos logrado. O en los ridículos, en esos supuestos grandes fracasos que nos detienen creyendo que los otros nos van a estar señalando con el dedo toda la vida. Realmente nos tendría que importar una higa lo que pensaran los otros, pero preferimos que el alud que va cercenando nuestro amor propio siga creciendo y que, además, vaya acumulando ridículos anteriores. Y claro, así estamos como estamos, casi siempre apesadumbrados y lastimeros, sin ser capaces de dar un paso adelante cada vez que aparece esa felicidad diaria ante la que solemos pasar de largo cada segundo de nuestra existencia. Ni somos tan grandiosos cuando ganamos, ni tenemos que sentirnos los más desgraciados del planeta cuando las cosas no salen bien. Lo que tenemos que aprender es a compensar los desastres y los éxitos y a hacer valer mucho más lo bueno que tenemos que lo malo que ha ido aconteciendo. Tampoco nos puede condicionar ese miedo a lo que está por venir que tanto nos detiene algunas veces. Vivimos tiempos difíciles, eso no se le escapa a nadie, pero serán los que sepan reinventarse cuantas veces sean necesarias quienes lograrán salir adelante. También los que aprendan a relativizar los dramas diarios y los que, aun viendo cómo se desmorona todo a su alrededor, no pierden nunca la esperanza de que de una forma o de otra terminarán saliendo adelante.
CICLOTIMIAS
No pierdas el tiempo. Al que ha sido capaz de hacer daño a sabiendas solo se le puede tener lástima.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.34