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Semejanzas

Lunes, 11 de Julio de 2011
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"No somos tan distintos" Se parecen los paisajes y las ciudades, los animales, las canciones y hasta nuestros propios sueños. Cuando viajas por el mundo descubres en otros a quienes ya conocías en tu entorno cercano. Siempre hay un apocado y un valiente, uno que lo ve todo negro y otro que se empeña en seguir confiando ciegamente en todos los horizontes, y también está el pisaverde y el vivalavirgen, el lenguaraz y el discreto, y hasta tú mismo te reconoces en otro cuando te miras desde lejos y con una cierta distancia. No somos tan distintos como pensamos. Al fin y al cabo a todos nos une un destino común y unos objetivos similares. La búsqueda de la felicidad, por ejemplo, nos hermana con cualquier otro ser humano del planeta, sobre todo ahora que están empeñados en convertirnos nuevamente en esclavos, en mano de obra fungible, barata y cada día con menos derechos, para que produzcamos como autómatas hasta que no nos queden fuerzas ni para levantarnos de la cama. Pero esos parecidos los encuentras principalmente en el paisaje, en semejanzas de ciudades o costas distantes que uno confunde luego en la memoria. Hay calles de Vegueta que te colocan sobre la marcha en San Juan de Puerto de Rico, y vías del Puerto que podrían atravesar las grandes avenidas de Nueva York llamándose calle Catorce o Treinta y cuatro. Son igual de mestizas y de caóticas, y hasta parece orearlas la misma brisa. Pero yo hoy quería hermanar las costas de Arinaga y de Agaete. En la primera escribo algunos de estos artículos y en la segunda tracé mis primeros versos y viví muchos de mis mejores recuerdos. En ambas orillas sopla el viento violentamente en los mismos meses del año. El ventanero del verano no cesa hasta mediados de agosto, y septiembre y octubre son siempre los meses más sosegados. Pero también las rocas adquieren una luminosidad parecida, unas inaugurando el sol y las otras viéndolo morir cada tarde en los contornos del Teide. No tendrían por qué asemejarse la una con la otra, y sin embargo parecen atravesadas de lado a lado de la isla por unos vientos que casi logran que las brisas tengan olores a algas y a mariscos casi idénticos. En ambas costas, además, hay viejos pescadores con las caras cuarteadas por la sal y por el sol que miran con los mismos ojos nostálgicos la mar que ya no faenan cargados de nasas y de sueños. A una y a otra sí las ha terminado diferenciando la mano del hombre. Agaete perdió su playa y parte de su horizonte por un muelle que pudo haber mirado hacia otra parte. Arinaga, en cambio, ha logrado, a pesar del puerto y de las construcciones, mantener a salvo cada metro cuadrado de su costa. Siguen siendo los mismos vientos; pero ya no están las mismas rocas que soportaron los embates de las olas muchos años antes de que llegáramos nosotros. CICLOTIMIAS También las nubes dibujan formas que luego arrastra el viento hacia el olvido.
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