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Exaltación del insulto

Martes, 21 de Junio de 2011
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Que existe agresividad flotando en el ambiente no es nada nuevo. En la sociedad española se observa incluso en bastantes medios informativos. Algunos de ellos están especializados en el insulto, que es otra forma de agresividad. El insulto es agresión oral, y de ahí a la agresión física, sólo va un paso. Y la gente está furiosa. No se sabe si es debido a ese calentamiento global y a la aceleración del tiempo y de los acontecimientos, o derivado de las injusticias sociales que se expanden por nuestro planeta, generadas por seres ambiciosos y sin conciencia. La situación de buena parte de la población puede entenderse como una vía de escape ante tanta frustración. Unos lo hacen porque no encuentran trabajo; otros porque han sido injustos con ellos; otros porque se ven manipulados por esa clase política y privilegiada que de forma efectiva no sufre ninguna clase de crisis, al menos económica. Otros porque su futuro lo ven muy oscuro, o porque los buitres de las financieras y de los bancos, les han engatusado para que soliciten créditos y después los han dejado colgados y expoliados. Y, en el caso de los españoles, porque ven que , esta democracia que ahora “disfrutamos” es sólo una pantomima, una caricatura del sistema ideal por el que habían luchado sus padres y sus abuelos. Estamos en un país en el que las palabras regeneración o reformas no existen. Preferimos vivir a estilo compradre, para afrontar nuestros problemas. Preferimos hacer nuestras propias componendas para subsistir. Preferimos improvisar antes que imaginar, planificar y organizar. Y como reacción, lo “anarco” y nihilista parece que se practica cada vez más. En el fondo es un deseo de que nazca “un hombre nuevo” (y mujeres, claro) y de que caiga de una vez el muro de la vergüenza. Sin embargo, en diversos países del mundo se propicia que venga el látigo de los absolutismos, de los totalitarismos. Hoy en día, con el desengaño existente con la política que se hace, tenemos ejemplares del “homo sapiens” que prefieren las cavernas de un pasado sangriento y tiránico que a buscar el remedio que nos ponga de nuevo en el camino correcto. Cuando la población no encuentra a líderes honestos, responsables, capaces de trabajar por el bien de su país, de su provincia, de su ciudad o de su pueblo, está dispuesta a lanzarse a la calle para exigir los cambios necesarios; está dispuesta a que oiga su voz y sus reivindicaciones en los foros que legalmente le marca la ley. Por eso hemos tenido el 15-M, esa masa de “indignados” que han tomado plazas y lugares públicos como forma de protesta, para evitar que continúen insultándoles o les tomen el pelo. Si bien es cierto que muchos lo han hecho con buenas intenciones, para reivindicar una democracia auténtica, otros han aprovechado el río revuelto para realizar gamberradas, insultar a los políticos o exigir cambios por las bravas, con violencia. Es una incoherencia que no cuadra con el pacifismo de la mayoría de los concentrados en esos lugares. Tampoco ha gustado a comerciante y vecindario que viven en las cercanías de tales plazas la instalación de campamentos durante días y días, alegando que han ocupado espacios públicos ilegalmente, o que han influido negativamente en sus negocios. Tienen razón, por lo que habrá que cambiar de táctica para que se siga oyendo las voces de quienes no aceptan esta democracia descafeinada y mal planteada. Pero no a todos parece afectar el desmadre de la democracia española. Es más, a pesar de todo, han sido capaces de dar mayorías a partidos que no destacan precisamente por sus políticas sociales, o que llevaban en sus listas a numerosos imputados. ¿En qué quedamos? ¿Es ignorancia, o es complicidad pura y dura? Y también tenemos ciudadanos que pasan de todo y se vuelcan en mitificar otras cuestiones que nada tienen que ver con la cultura, con la política, con su propia evolución positiva como seres humanos. Por otro lado, a mí me da cierta grima ver como aquellos que han contribuido a hundir el sector primario en Canarias (principalmente la agricultura y la ganadería) y me refiero a los políticos que tienen poder para legislar, se visten después de magos, de mauros, en las fiestas patronales y folclóricas, imitando lo que es propio de la idiosincrasia campesina. Para mí esto constituye otro insulto más, al pueblo, a la inteligencia. En televisiones privadas de España se insulta a mansalva. Se atenta contra el honor de las personas; se calumnia, se desprestigia. Difama que algo queda. Lo mismo ocurre en periódicos de papel y digitales, o en emisoras de radio. Algunos personalizarlos y algún que otro infame periodista, que además cuentan con una maplia audiencia, asumen diariamente ese papel de insultadores profesionales. Son una auténtica basura. No voy a mencionarlos porque supongo que todo el mundo los conoce, y además, no quiero hacerles publicidad. Pero si queremos ampliar la ubicación del insulto, lo encontramos también en la justicia española, no sólo por algunas sentencias o privilegios que se concede a criminales y ladrones, sino también por su falta de medios humanos y materiales; por la permisividad hacia ciertos delitos, especialmente en los que están imputados determinados políticos; por lo que se dilatan en el tiempo los juicios, que a veces, ni eso, porque se archivan. Tendríamos todos que oponernos a estos insultos que sufrimos a diario desde casi todos los frentes de la vida pública española. Tendríamos que exigir a los políticos de nuevo cuño, o a los que ya son repetidores (incluso de sus propios errores, que se ocupen de desarrollar programas que tengan en cuenta las reivindicaciones populares. ¿Cuantos en sus campañas políticas han hablado de reformar el sistema electoral? ¿Cuántos han dicho algo sobre la reforma de la Justicia, de su independencia de los otros poderes? ¿Cuántos han mencionado la palabra austeridad, de reducción de privilegios y prebendas de los políticos, de la limitación de sus mandatos, de las responsabilidad penal por sus acciones ilegales o disparatadas? ¿Cuántos han dicho que cumplirán la Constitución, o que se reformarán algunos de sus artículos para actualizarlos? ¿Cuántos se han ofrecido para trabajar por el pueblo, por su bienestar, por las recuperación de su estado de bienestar, por la consecución de puestos de trabajo? Posiblemente habrán oído a alguno, pero me temo que ha sido como ver un oasis en medio del desierto. Si, el insulto es como una epidemia que afecta a niños, jóvenes y mayores. Sentarse a hablar tranquilamente, argumentar, razonar, se ha convertido en un lujo, frente al vulgar griterío, o sea una desmedida agresión verbal, que es el método con el que algunos creen que pueden imponer su razón y su verdad . Preocupa también la carencia de “cultura” democrática de este país. La escuela, la universidad, las organizaciones políticas y sociales tienen ahí una gran tarea que realizar.
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