Ante la democracia representativa, donde cada cuatro años elegimos a nuestros “representantes”, que cada día nos representan menos, tenemos que implantar una democracia participativa.
Entendemos por democracia participativa el sistema político donde los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas.
Para ello es necesario facilitar a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas, por medio de consulta que los ciudadanos presenten a los representantes, al mismo tiempo, en las decisiones esenciales para el gobierno local, insular y del territorio histórico del Archipiélago Canario.
Sin negar que todo sistema democrático eventualmente descanse en decisiones mayoritarias, los mecanismos o instituciones de participación tienen el propósito de hacer hincapié en el pleno respeto a las minorías, sus opiniones y su amplia manifestación a través de un mecanismo participativo e institucionalizado.
Los pueblos del actual Estado Español han expresado su rechazo a la democracia representativa, “que no nos representa”. La reforma de la Ley Electoral debe respetar el gobierno del partido más votado y el sistema participativo.
Todos los canarios y canarias afectados por una decisión deben tener la oportunidad de participar en el proceso de tomar esa decisión, ya sea en forma directa o mediante representantes electos, “que nos representen”, que no alteren el programa electoral votado, con bodas o amancebamientos con partidos de distinto calado ideológico, que la ley electoral actual permite.
La democracia participativa, facilitadas por las nuevas tecnologías, con las firmas electrónicas, con las urnas de toda la vida para los que tengan problemas con internet. Ofrece al ciudadano una capacidad de participar en decisiones orientadas a desarrollar una economía socialmente justa y humanista. Esto promueve un ambiente de cooperación porque se aprecian directamente las consecuencias de tales decisiones para todos y cada uno de los miembros de la sociedad.
¿Quién nos preguntó sobre los 300.000 euros de la bandera de la Avenida Marítima? ¿Sobre el Palacio de la Cultura de Telde? ¿Ahora qué? ¿Tiramos lo invertido? ¿Quién nos preguntó sobre el despilfarro de las instituciones nacionales, insulares y locales? ¿Quién nos pregunto sobre Tindaya?¿Sobre el tren de Gran Canaria? ¿Sobre la paralización del tren de Gran Canaria?, después de 15 millones de euros invertidos. NO NOS SENTIMOS REPRESENTADOS.
La democracia participativa auténtica hace énfasis muy especial en dar voz a los individuos y a las comunidades, cuyas opiniones, anhelos y aspiraciones rara vez hallan eco o atención en los mecanismos tradicionales de la democracia representativa.








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