El pasado domingo ha vuelto a pasar: mucha de la ciudadanía de a pie ha participado en las múltiples manifestaciones convocadas por el movimiento 15-M, transformando sus enfados y frustraciones en indignación y esperanza. Superando, otra vez, las previsiones más halagüeñas, cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas han paseado las calles de las ciudades al poco de haber transcurrido un mes desde la primera manifestación de indignad@s. Han expresando, legítima y pacíficamente, su hartazgo por las políticas económicas y sociales que el gobierno central español y los delegados gubernamentales de los demás países en la Unión Europea vienen aplicando para -vulnerando nuestros deficientes regímenes democráticos y las garantías sociales y económicas constitucionales que los aseguran- darle preeminencia institucional a la rapiña de los poderes financieros globalizados.
Las manifestaciones del 15-M, las Acampadas en las plazas tras su celebración, las Asambleas ciudadanas, las comisiones y los talleres en la calle, las caceroladas, las palizas a los acampados en la Plaza de Cataluña, las Elecciones autonómicas y municipales, las visitas a las tomas de posesión, el 19-J… todo ello, en poco más de un mes. La conocida internacionalmente como “revolución española” es una incógnita que ya ha tomado vida propia, con una gran aceptación popular. Tras las primeras convocatorias en internet, y en torno a los y las llamados “perroflautas” -por lo más reaccionario de la opinión pública-, la sociedad civil nos encontramos inmersos en un proceso sin tutores institucionales, horizontal y participativo, a la búsqueda de la recuperación de nuestra dignidad democrática ciudadana y de nuestro poder solidario y soberano.
Frente al ninguneo y el maltrato de las clases poderosas y de sus representantes, el domingo pasado miles y miles de personas, de todas las edades, volvimos a expresar nuestro hartazgo con las condiciones de precarización política y económica a que se nos somete desde hace décadas y, muy en especial, desde el estallido de la última burbuja capitalista global. Específicamente, repudiamos las últimas componendas “neoliberales” de las oligarquías europeas en aras de esos antisociales e indignos abusos.
Pero también hemos aprovechado estas últimas manifestaciones para celebrar nuestra alegría y nuestro poder conjunto: coreando lemas y llevando pancartas ingeniosos, bailando y riéndonos, llenando las calles y paseándolas... Una colorida multitud de ciudadanos y ciudadanas perroflautas, activistas e indignados en pos de una convivencia social solidaria, justa y sostenible. Y enfrentados, pacífica y democráticamente, al viejo orden impuesto de forma tan ilegítima como inmoral, el cual, desde improntas autoritarias y con afán explotador, persevera en llevarnos al caos social y al colapso ecológico. El pasado domingo, los perroflautas y los demás, a pesar del cansancio en los pies, lo pasamos en grande. Y esto está lejos de haber dado todo lo que lleva dentro. Se han dado los primeros pasos a las asambleas de barrios y de pueblos y con ello se abren nuevas y más sustanciales posibilidades de protagonismo y de solidaridad ciudadanos. El devenir del proceso es incierto, pero sus fines son inclusivos y democráticos. Así que, ¡participa!.







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