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La revolución de las redes sociales

Miércoles, 18 de Mayo de 2011
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El poder de convocatoria de las llamadas redes sociales, producto de este moderno invento que se llama Internet (para bien o para mal, dependiendo de la conciencia cada cual) ha tenido mucho éxito en los últimos tiempos. Por un lado, en los países árabes y musulmanes, esclavizados por ideas religiosas que se creen con derecho a intervenir en la conciencia y libertad de cada cual, bajo pena de castigo divino y represión humana, se ha extendido esa llama a la libertad en naciones que eran auténticas dictaduras y tiranías (curiosamente toleradas por los países llamados demócratas, que al mismo tiempo eran los más poderosos) y han conseguido, por el momento, que desaparezcan los gobierno totalitarios de Túnez y de Egipto, aunque todavía se lucha el Libia, en Siria y en otras naciones de la península arábica para acabar con sus tiranos. El aviso ha llegado también a la monarquía alauí, nuestros vecinos, cuyo intento de darle una pátina de democracia no ha servido para nada. La represión, la pobreza y a falta de libertad (de expresión, de conciencia, de derechos fundamentales) continúan vigentes, mientras las clases ligadas a la realeza y a la oligarquía mantienen sus privilegios y sus riquezas Pero es que, además, esta monarquía tiene sobre si el agravante de la invasión y sometimiento del territorio de la antigua colonia y posterior provincia española del Sahara, y el maltrato a sus habitantes, probándose incluso, que ha habido intento de genocidio total. Todo ello, pese a las resoluciones de la ONU para que se celebre un referéndum. En España, donde ya afortunadamente no existe ni fascismo, ni dictaduras y ni siquiera una monarquía absoluta, sino una democracia, al menos en teoría, miles de personas, la mayoría jóvenes, se ha n concentrado en diversas ciudades, entre ellas Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma para pedir, nada menos “que una democracia real”. O sea, que no teníamos el problema de los citados países árabes, ni pedían, por tanto, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión, libertad de conciencia, etc. Sino que, simplemente, se reforme una democracia que, al poco tiempo de nacer (que treinta años no son nada), está dando muestra de deterioro y necesita regeneración. Ocurre, pues, que determinados dirigentes que figuran en puestos de responsabilidad, en Cabildos, Diputaciones, Autonomías, gobierno central, y hasta en la administración de justicia, no se han enterado aún de lo que es la verdadera democracia, que de existe una carta magna que nos ampara, de que los gobernantes demócratas están para servir a los ciudadanos, no para servirse de ellos. Los ciudadanos, y muy especialmente aquellos en los que se ha cebado la crisis, tienen derecho a que se busquen los medios para paliar las carencias que padecemos; para que se creen puestos de trabajo, para que se acabe con los abusos de la banca, de las grandes financieras, para que no sean siempre los más débiles los que sufran los efectos de esa crisis; para que funcione bien la ley de dependencia, la atención a todos los mayores de este país; para que los niños tengan posibilidad de educarse... Opino que una sociedad debe estar muy enferma cuando observamos que no se presta la atención debida a nuestros ancianos, que, que la mayoría, lo han dado todo por nosotros, o a los niños, que son el futuro de la nación.. En definitiva, todos esos estudiantes, o desempleados, o jóvenes que no ven su futuro muy claro desean una democracia más efectiva; unos políticos más comprometidos, más éticos, más responsables, unas leyes más adecuadas a nuestros tiempos; una justicia rápida y eficaz, que cumpla su cometido y no esté sujeta a caprichos o a interpretaciones sesgadas. Y demandan, también, que se tengan en cuenta las iniciativas populares, sus inquietudes y sus deseos de obtener mayor participación. Y también acabar con la partitocracia. Tal vez en esta convocatoria, que al parecer no tiene detrás a ningún partido político, ni dirigentes sindicales o de cualquier otro signo, ha habido consignas que se contradicen bastante con lo que reivindican. Me refiero a la petición de que no se vaya a votar en las próximas elecciones. Me parece un error, a no ser que detrás de todo este tinglado, se encuentre la extrema derecha de este país, o defensores de regímenes totalitarios, que vulneran, como todos sabemos, los derechos humanos. Con respecto a la recomendación de que no se vote en estas elecciones, creo que es ir contra uno de los derechos que nos da la democracia (lo cual resulta una contradicción) No podemos cercenar ese derecho que es el que nos permite elegir a quien consideremos más idóneo para gobernarnos. De ahí la importancia de conocer bien a los candidatos, de si posee o no valores éticos, prestigios, formación y comprobada responsabilidad.. Nos podrán engañar una vez, pero seremos masoquistas silos votamos de nuevo, e incluso, arropamos a los que han demostrado que no tienen escrúpulos. De ahí la importancia también de que se cambie el actual sistema electoral, de que se hagan listas abiertas y no cerradas, de que se conozcan el patrimonio y los bienes de cada aspirante y del consecuente castigo que tendrá, si se le ocurre entrar en la dinámica de ilegalidades, prevaricaciones, etc. para conseguir fines espurios. Estamos seguros de que si elegimos a personas rectas, honradas y con afán de servicios al pueblo podremos obtener todas las reformas necesarias para vivir en una democracia real. Nuestra forma de castigo, la que tenemos por el momento, es votar, votar contra todos aquellos que creemos que no merecen nuestra confianza, o que han sido cómplices de malos gobiernos. Por eso mismo aquí en Canarias y ahora con esta crisis y carencias democráticas que nos ofrecen, nuestro voto debe ser reflexivo, y no dejarse engañar con los cantos de sirenas de algunos de nuestros políticos, que durante muchos años nos han mal gobernado y en horas críticas no han sido capaces de resolver nuestros más acuciantes problemas. Y ojalá volvamos a tener en adelante más concentraciones para exigir pacíficamente una democracia real.
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