Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Hasta que dejó de ser de los nuestros

Lunes, 16 de Mayo de 2011
Tiempo de lectura:
Uno siempre ha tenido la curiosidad de saber quién y por qué ponen los nombres que ponen a las operaciones policiales o bélicas. No sé si son escogidos poco menos que al azar y sin relación alguna con la operación de marras o, por el contrario, son elegidos a conciencia y con un concreto fin por parte de sus planificadores. Si el caso fuera este último, no sé bien cómo interpretar el nombre de la operación que concluyó con el asesinato, -sí, digo bien asesinato, a juzgar por los datos que se conocen hasta el momento, del abyecto terrorista Osama Bin Laden, quien se hallaba desarmado y sin oponer resistencia en el momento de muerte. Amén de que su captura se produjo como consecuencia –según reconoce la propia Casa Blanca sin cortarse un pelo- de las informaciones obtenidas bajo tortura de algunos presos que los norteamericanos tienen confinados en Guantánamo, en una especie de limbo jurídico. Supongo que la “Operación Gerónimo” tiene que ver con el Gerónimo (1823-1909), o Gooyalé en su propio idioma, Jefe Indio de la tribu de los Chiricaua, quien hubo de sufrir en sus propias causas las consecuencias de la lacra terrorista. Entre otras, la infligida, allá a mediados del siglo XIX, por las tropas del gobernador militar de Sonora, quienes asesinaron a su mujer, a toda su prole y a su madre. Como respuesta, Gerónimo junto con la tribu de los apaches, atacó Sonora, ocasionando la muerte en combate de numerosos soldados enemigos, ataques que repitió posteriormente contra distintas ciudades mexicanas. Hasta que en 1876, el gobierno de la incipiente nación de los Estados Unidos le obligó a ingresar en una reserva india. Gerónimo se opone a esta medida y, tras varias fugas, durante las que exhorta a su pueblo a no aceptar el confinamiento en las reservas viviendo como prisioneros, las autoridades norteamericanas dan la orden de su búsqueda y captura, enviando para ello a más de cinco mil soldados (lo que significa más de un tercio de los efectivos militares estadounidenses de la época), así como la oferta de una recompensa de dos mil dólares a quien lo capturase. Finalmente, Gerónimo es encontrado en la Sierra Madre y decide entregarse, en unión de una treintena de apaches que le acompañaban. Si ello es así, no sé qué es más incendiario: si la publicación de las fotos del cadáver de Bin Laden –a quien al parecer le volaron los sesos-, o el nombre de la operación. Porque comparar a Bin Laden con Gerónimo es tanto como exaltar los crímenes del saudí, es convertir sus matanzas en hazañas, es hacer de Bin Laden un héroe, pues eso y no otra cosa fue el Jefe de los Chiricaua. ¿O es que los descendientes de la escoria humana que siglos atrás arribara a las costas norteamericanas a bordo del Mayflower tienen al Gran Jerónimo por un terrorista, consideran terrorista a alguien cuyo único delito fue luchar contra quienes le arrebataron a su pueblo su tierra y su libertad?. Además, me llama poderosamente la atención comprobar cómo tanto la derechona como la progresía españolas justifican este asesinato. Tanto Zapatero como Rajoy que, al fín y a la postre, son unos declarados hooligans respectivos de los Obama y de los Bush de turno. Cabe la posibilidad de que al luminado que puso nombre a la operación le traicionase el subconsciente y estuviese pensando no en el Bin Laden actual, en el autor intelectual de los atentados de las Torres Gemelas, entre otros crímenes execrables, sino en el Bin Laden que, con el apoyo económico, logístico y armamentístico combatió a los rusos en la guerra de ocupación de éstos en Afganistán, a principios de los ochenta del reciente pasado siglo. En ese entonces, los yanquis no quisieron ver el hecho de que estaban alimentando a un monstruo que, a la postre, intentaría devorarlos. No quisieron verlo porque en aquellos tiempos Bin Laden era considerado un instrumento válido y necesario para sus intereses en la zona. Otro tanto sucedió con Sadam Husein, a quien apoyaron en su guerra contra el Irán de los ayatolás, hasta que se les reviró y le hicieron lo que le hicieron. O el caso de Noriega, en Panamá. Esta ceguera de la administración norteamericana –tanto de los demócratas como de los republicanos- no es nueva. Es una enfermedad endémica y crónica que les aqueja desde siempre, o al menos ya desde la época de la presidencia de Franklin Délano Roosevelt en uno de sus cuatro mandatos, cuando unos periodistas, refiriéndose a Anastasio Somoza, el tristemente célebre dictador de Nicaragua, le reprocharon el que recibiera a un hijo de puta, a lo que Roosevelt respondió: “Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Esta célebre frase define a la perfección la política internacional estadounidense de antes, de ahora y de siempre. La historia, sobre todo en Latinoamérica y otras partes del mundo como África y los países del Oriente productores de petróleo, está jalonada de ejemplos de cómo se las gastan los yanquis. Se jactan de hablar y actuar en nombre de la democracia, de la justicia, de los derechos humanos y de otras tantas sarandajas, pero eso no es más que una burda excusa para intentar enmascarar sus fines, que no son otros más que la defensa a ultranza de sus sacrosantos intereses económicos y geoestratégicos, mediante la rapiña, el robo y el saqueo de los recursos naturales y de las riquezas de los países del tercer mundo. Y les importa un pito los medios para conseguirlos. Así promovieron y apoyaron dictaduras como las del mentado Somoza en Nicaragua, Castello Branco en Brasil, Leónidas Trujillo en la República Dominicana, Barrientos en Bolivia, Stroessner en Paraguay, Videla en Argentina, Pinochet en Chile, así como también han estado (y están) connivencia y apoyo a jeques y reyezuelos árabes de países con regímenes medievales para repartirse el botín del petroleo, tales como Kuwait, Qatar, Arabia Saudí…. mientras sus habitantes mueren de hambre y carecen de libertades y de los más básicos derechos humanos. Y en otros países en que éste método no resultaba, pues acuden al hostigamiento contínuo y a la asfixia económica: bloqueo a Cuba, invasión de la Isla de Granada, de Irak, de Afganistán, suministro de armas a la contra nicaragüense, asesinatos varios.... Actualmente, con las revueltas y las manifestaciones en distintos paises árabes, (Siria, Túnez, Libia, Yemen), que demandan más democracia y libertad, parece que Estados Unidos y la servil Europa muestran su apoyo a tales revueltas, como si les pesasen su mala conciencia. Pero no nos engañemos. Nada ha cambiado. Nada ha cambiado en cuanto a los fines del imperialismo norteamericano y el capitalismo salvaje. Sólo cambia el método. Sucede que estamos en la era de la globalización, globalización que alcanza también a la sociedad de la información, Internet, redes sociales…… Y es a través de esta información cómo que en todos los rincones del planeta, incluídos los países árabes, comienza a calar una especie de conciencia universal que nos lleva a abrazar la causa de los valores democráticos, de la libertad, de la igual, de la dignidad humanas….. Esto es una realidad imparable. Pero a lo que íbamos, como las represiones de los dictadores a su propia población son actos que repugnan cada vez más a la conciencia de los pueblos que la padecen, éstos se rebelan y a medida que esto sucede, Estados Unidos, atento a la jugada, prestan su apoyo a las revueltas, pero lo prestan cuando éstas ya están bastante avanzadas y con grandes probabilidades de triunfar. Es decir, apuesta a caballo ganador, pero no prestan su apoyo por razones humanitarias ni por solidaridad. Pretenden, simplemente, colocarse en una posición privilegiada respecto a esos países para continuar esquilmándolos, a cambio de la venta de armas o la concesión de préstamos leoninos. De otro lado, Estados Unidos y sus siervos europeos no se meten con quienes quieren, si no con quienes pueden, verbigracia, China, vulneradora de un sin fin de derechos humanos, o Israel, que masacra al pueblo palestino mientras el gendarme planetario mira para otro lado. En fin, retomando el tema que nos ocupa, me reafirmo en la idea de que la muerte de Bin Laden fue un asesinato en toda regla y no una operación militar legítima, Además tal como ha denunciado el gobierno pakistaní, no se le informó de la misma y en ningún momento aquel país prestó su consentimiento, lo que constituye una clara y flagrante violación de su soberanía nacional. Otra cosa distinta hubiese sido si la operación se hubiese desarrollado con estricta sujeción a las normas del derecho internacional y que tras un juicio justo y con todas las garantías procesales, se le condenara a muerte y se le ejecutara, por muy en contra que uno esté de la pena de muerte. En definitiva, el terrorismo, toda clase de terrorismo, es rotundamente abominable. Lo es el terrorismo internacional de Al Qaeda, el de ETA, el del IRA o el de Hamás. Pero también lo es el terrosismo que practican o han practicado algunos paises, como éste de Estados Unidos contra Bin Laden, los israelíes con el pueblo palestino,los rusos contra los chechenos, Inglaterra contra miembros del IRA ( tres terroristas desarmados fueron acribillados a balazos y rematados en el suelo en 1988 en Gibraltar por el M 16, servicio de inteligencia inglés), Alemania contra tres componentes de la Fracción del Ejército Rojo o banda de Baader Meinhof, que los suicidaron en una cárcel de máxima seguridad en el año 1997. O el terrorismo de estado de España, por la que ha sido condenada al menos en dos ocasiones: En el caso de los GAL y cuando el intento de asesinato a Antonio Cubillo en Argel por elementos de la policía española en 1978, con UCD en el Gobierno y Martín Villa al frente del Ministerio de Gobernación (hoy Ministerio del Interior). No hay terrorismo bueno y justificable y terrorismo malo, dependiendo de quien lo lleve a cabo. Todo terrorismo es malo, condenable e injustificable. De lo contrario, corremos el riesgo de no saber distinguir dónde está la frontera que separa el terrorismo de la paz y de la democracia, la justicia de la venganza, la civilización de la barbarie. Entonces, quedaría gravemente mermada la fuerza moral que la gente de bien, los amantes de la paz, de la libertad, de los derechos y de la dignidad de los hombres y mujeres, de todos los hombres y mujeres del planeta, tenemos sobre los terroristas, sobre toda clase de terroristas.
Fdo.: Ernesto N. Álvarez Viñoly, ciudadano del mundo y vecino de Telde.
Tu comentario
Tu comentario

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.166

.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.